II

¿No estrechar la mano ofrecida para ello constituye delito?

José Luis Paredes Oblitas

 

Prosigue el penalista argentino Ricardo Núñez: “Aceptar la posibilidad de una injuria por violación del deber jurídico, consuetudinario o social de no omitir una determinada conducta respecto de la víctima, no importa constituir en obligación jurídica ‘honrar’ a los terceros, sino sólo la obligación de no abstenerse en una forma que afecte la honra o el crédito ajeno de ciertos actos de observancia debida. Por lo demás, la posibilidad de injuriar mediante omisiones ha sido admitida por la ciencia y por la doctrina extranjera”.

La jurisprudencia boliviana considera que no es justificativo del actuar injurioso la motivación que impulsó el comportamiento, siempre que el acto en sí haya estado destinado a mellar la reputación o auto estima de su víctima, porque lo que se sanciona precisamente el acto de atacar aquellos derechos. En ese sentido se ha expedido el Tribunal Supremo de Justicia en el Auto Supremo Nº 126 de 28 de febrero de 2011, en los siguientes términos: “Los imputados han mellado su dignidad de seres humanos, han herido su decoro o dignidad y menoscabaron la honra de los ahora querellantes, constituyendo esas aseveraciones características fundamentales de ataque al honor de las personas, que constituyen una expresión reñida con el buen comportamiento, donde en este tipo de delitos, el agente puede operar tanto con dolo directo como con dolo eventual (así ocurre cuando admite la lesión del honor del otro), aunque la motivación principal de su actuar resida en una finalidad distinta; esta voluntad se puede entender como una intención específica de injuriar, el llamado “animus injuriandi”. Es más, se debe tener en cuenta que en el fondo, la injuria no es más que una incitación al rechazo social de una persona o un desprecio o vejación de la misma, lo que sólo puede realizarse intencionalmente, tal como ocurrió en el caso de autos”.

Entonces no es una causa de justificación del acto injurioso alegar que se lo ejecutó para defender el propio honor, cuando la ofensa al honor del agredido no es un medio idóneo ni útil para defender el del agresor; ejemplo, dejo deliberadamente ante el público con la mano extendida a una persona y justifico tal acto porque esa persona en el pasado me había causado daño o perjuicios, tal acto no puede justificar la injuria, porque no está aceptado legalmente ni socialmente como medio de defensa útil la venganza o la retribución del mal con el mal.

Quien asiste a un evento social, sabiendo que el protocolo principal programado le conducirá a subir a una tarima y estrechar la mano de varios anfitriones antes de recibir un presente para luego bajar de ella y regresar al lugar de donde partió, y aun así, inicia el recorrido, sube a la tarima, frente a todos estrecha la mano de algunos anfitriones, y desprecia ostensiblemente la extendida por otros, indudablemente consuma el delito de injuria contra éstos en modo flagrante, constituyendo en sus víctimas a los que deja con la mano lista para el apretón.

No es necesario para configurar este delito que la víctima ostente cierta calidad, puesto que todo ser humano, cualquiera sea su función o posición en la sociedad, tiene el derecho a no recibir trato humillante. El trato humillante se traduce en la ofensa directa a la honra, porque genera en la víctima un sentimiento de pesadumbre directo sobre su psique. Nadie que se considere con honra, dejará de sentir una malestar anímico y sufrimiento, aún sea fugaz, por verse con la mano extendida sin que se produzca el apretón de manos, así esté solo frente a su ofensor, y más agudo e intenso será el malestar, la mortificación, el carácter penoso, la vergüenza, si ello ocurre frente a un público masivo, como tampoco nadie se atreverá a negar que aquello visto por varias personas, genera a estas opiniones que menoscaban la dignidad de la víctima poniéndola en ridículo inmerecido, porque nadie debe ser sometido a la sorna pública por un acto injurioso injustificado.

El autor es abogado.

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Reinició sus ediciones el primero de septiembre de 1971.

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