[Boris Santos Gómez]

Lecciones energéticas de Noruega

II

 

Sólo por dar un par de ejemplos latinoamericanos: en Bolivia y en Venezuela se privilegia el gasto corriente, muy poca inversión y casi nada en sectores productivos (alimentos, desarrollo económico). Eso sí: muchas bonificaciones para todo tipo y “misiones” o gasto que a la larga -y cualquier economista sabe- no son rentables ni sostenibles.

Varios análisis independientes confirman que el Estado central boliviano no modernizó ni invirtió en el sector hidrocarburos (que es el generador del dinero boliviano) y tampoco se impulsa la diversificación económica alternativa al gas.

Lo mismo ocurre en Venezuela: no hubo inversión en modernizar su actual industria estatal y sus planes de exploración/explotación de la Faja Petrolífera del Orinoco (el domo petrolero más grande del hemisferio y quizá del mundo) sufrirán retrasos dado que no hay planes de inversión a escala en tecnología y en proyectos de largo plazo. Además de la inmensa deuda con China, en otros acreedores utilizando de garantía la producción petrolera. Ese esquema de negocios no funcionó ni funcionará.

De manera que la renta petrolera (gasífera, en el caso boliviano o petrolera en el caso venezolano) no está siendo bien direccionada, al contrario de Noruega, por ejemplo.

Ojalá que el futuro “pacto fiscal boliviano” redistribuya la porcentualidad y diversifique el destino de la renta de hidrocarburos, pero esta vez orientado no al gasto sino al desarrollo.

Lo mismo para Venezuela: urge una nueva política energética que haga cambios radicales en la producción, refino, comercialización, diversificación y, fundamentalmente, permita ingreso de capitales externos para modernizar ese sector.

Volviendo a Noruega: podría distribuir para cada uno de sus ciudadanos más de 150,000 dólares generados por la industria energética. Ello muestra que la industria del petróleo/gas, bien direccionada, es bendita y generadora de riqueza.

No vamos a detenernos en otros aspectos de Noruega: su alto desarrollo humano, su educación privilegiada y sus sistemas de salud y democrático que son la envidia de cualquiera; gran parte de los fondos utilizados para ello proviene de la industria del oro negro.

Contrariamente a Venezuela, que realmente liquidó 20 años de su industria energética (de su renta e ingresos) en un monto que –dicen algunos mejor informados- sería cercano a los 900 mil millones de dólares, en Noruega sí saben lo que se debe hacer con el dinero proveniente de recursos no-renovables.

Copio textualmente lo que en algún momento dijo el embajador de Noruega en México, Arne Aasheim, durante una entrevista: “No vendemos la patria, nunca lo hemos hecho. Sólo buscamos lo que nos asegure los máximos beneficios. Y no es importante si es una empresa noruega o no, sino que el dinero se quede aquí”.

Motivan la competencia entre su estatal petrolera y las otras compañías multinacionales, de manera que los técnicos y estamentos oficiales de ese país se mantienen siempre innovados. Si Statoil deja de ser competitiva, otras multinacionales copan el mercado.

Ahora están invirtiendo en gas natural: ¡bingo! Sus buenas políticas han colocado a Noruega como uno de los mayores exportadores de gas en el mundo.

La idea noruega es simplemente genial: poco gas, fuerte inversión en infraestructura y permanente modernización y principalmente proteger la economía noruega de los siempre fluctuantes precios de los commodities y asegurar que sus generaciones presentes y futuras vivan realmente bien.

Todo se centra en lo que hemos estado repitiendo hasta el cansancio: políticas públicas claras en energía, legislación actualizada y moderna, un superministerio de energía e hidrocarburos que al mismo tiempo dirija a las estatales de petróleo, gas, industrialización, electricidad y fundamentalmente re-inversión de la renta en proyectos energéticos de largo alcance: industrialización a escala del gas natural y petróleo en derivados.

El autor es consultor del sector privado.

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