Se alistan nuevos zepelines como plataforma científica



Los globos dirigibles, también conocidos como zepelines por la labor del pionero alemán Ferdinand von Zeppelin, tuvieron una fugaz pero espectacular época de gloria a principios del siglo XX. Estas aeronaves, cuyos motores las permitían maniobrar a diferencia de los globos simples, llegaron a ser de tamaños enormes (mucho mayores que un avión de pasajeros Boeing 747), lograron importantes récords aeronáuticos, rivalizaron con los también nacientes aviones, y durante un tiempo se creyó que representaban el futuro del transporte aéreo. La peligrosidad de los que usaban hidrógeno, y otras desventajas, los acabaron arrinconando al papel de pequeños vehículos minoritarios y esencialmente recreativos que hoy tienen.

 

Ha habido varios intentos de crear una nueva generación de grandes dirigibles, que aprovechen el potencial de este tipo de vehículos y se sirvan de la tecnología moderna para solventar las desventajas sufridas por muchos zepelines de principios del siglo XX. Ahora, la NASA también muestra interés por la cuestión.

 

La idea que muchos científicos de la NASA y otras instituciones tienen en mente sería disponer de grandes dirigibles capaces de permanecer durante un largo periodo de tiempo en el aire y a gran altura, sirviendo como plataforma destinada a experimentos científicos. Estos dirigibles tendrían algunas ventajas sobre los aviones y los cohetes sonda. Y serían más baratos que una nave espacial.

 

Por ejemplo, un dirigible podría tener instalado un telescopio con el que obtener imágenes de alta resolución de estrellas y otros objetos celestes.

 

Los científicos que estudian la Tierra podrían beneficiarse de los datos recogidos por zepelines a gran altitud para investigar el cambio climático y el tiempo. Sería factible hacer un seguimiento minucioso de los patrones meteorológicos, e incluso situar un dirigible justo sobre un huracán. Un satélite no puede hacer eso porque su órbita no puede ser cambiada con la suficiente flexibilidad y rapidez.

 

Existen también usos comerciales potenciales. Por ejemplo, las compañías de telecomunicaciones podrían utilizar estas aeronaves para proporcionar conexión inalámbrica a Internet en áreas remotas.

 

Jason Rhodes, astrofísico del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA en Pasadena, California, es uno de los principales impulsores de este interés dentro de la agencia espacial. Una investigación del Instituto Keck de Estudios Espaciales, con sede en la misma ciudad estadounidense, llevada a cabo en 2013 por un equipo que incluyó a Rhodes, ya mostró que existe un interés sustancial en el uso de zepelines para aplicaciones académicas y posiblemente industriales.

 
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