‘El lobo de Wall Street’, el cine en proyección:

Disfrutando del lujo: el diseño de producción

“Me llamo Jordan Belfort. El año que cumplí 26 gané 49 millones de dólares y me cabreé muchísimo, con tres más habría salido a un millón semanal”: Belfort.

 

El diseño de El lobo de Wall Street es tan colorido, excesivo e insolente como sus personajes. Es la segunda película en la que Martin Scorsese se inclina por el digital, y aquí sirve para subrayar el contraste entre la realidad y un efímero y estrafalario mundo basado en la fantasía.

Para crear el estilo de la película, el realizador recurrió al director de fotografía Rodrigo Prieto, que no hace mucho rodó Argo y es conocido por su trabajo con Alejandro González Iñárritu. “Rodrigo es un director de fotografía genial y ha sido una gran experiencia trabajar con él”, dice Martin Scorsese. “Es muy libre con la imagen, pero a la vez tiene un toque poético. Ha sido capaz de incluir personajes en los encuadres aunque pareciera una tarea imposible”.

El director pidió al galardonado Bob Shaw (Los Soprano) que se ocupara del diseño de producción, creando el mundo en que se movería un nuevo rico procedente de la clase media de Queens y que pudiera acceder a una vida de lujo sin límite en los años noventa.

De hecho, fue una época en la que Estados Unidos parecía ser más grande y más opulento a todos los niveles del diseño. “Fue un periodo de gran prosperidad y se podían comprar cosas que antes no estaban disponibles; empezaron a aparecer seudomansiones que apenas dejaban sitio para el césped”, explica el diseñador. “El tamaño medio de las casas se duplicó en muy poco tiempo, nada parecía ser bastante grande. Jordan simboliza ese momento”.

Bob Shaw recuerda que Martin Scorsese y él buscaron una casa enorme para el hogar escogido por Jordan para vivir con Naomi, su segunda esposa.

En cuanto a la decoración en el interior de la casa, el diseñador se centró en los toques que le habría dado Naomi. “Es una mujer del momento, sabe lo que está de moda. Al casarse, creo que Jordan empezó a tener el mismo gusto que ella. Su estética es muy al estilo Ralph Lauren, quiere dar la impresión de tener dinero desde hace generaciones, de pertenecer a una buena familia, y todo debe ser elegante, pero no parecer recién comprado”.

En cuanto a Stratton Oakmont, el diseñador hizo pasar la empresa por varios cambios muy definidos, desde sus comienzos en un garaje, hasta llegar a la oficina soñada. “Empieza como una oficina precaria, dedicada a la venta de acciones muy baratas, antes de pasar a la típica oficina de los años ochenta cuando no se había abandonado aún la decoración con teca, colores pastel y cromo. Y por fin llega a lo que Jordan siempre había deseado: un lugar que refleja el privilegiado nivel que ha alcanzado, casi una sátira de las oficinas de L.F. Rothschild, donde empezó a trabajar”, explica Bob Shaw.

SOBRE EL VESTUARIO

El vestuario de los personajes también cambia a medida que avanza la historia. La oscarizada diseñadora Sandy Powell, que ha colaborado con el director en películas como Pandillas de Nueva York, El aviador, Infiltrados, Shutter Island y La invención de Hugo, cuenta que empezó leyendo el libro que escribió Jordan Belfort.

Sabía desde el principio que el vestuario sería un auténtico reto. “No suelo aceptar este tipo de película”, reconoce, “pero he trabajado con Marty en cinco ocasiones y sabía que, pasase lo que pasase, sería interesante. Fue algo totalmente diferente porque los personajes son muy exagerados. El problema residía en conseguir que los personajes expresasen su comportamiento excesivo a través de la ropa”.

A continuación dividió el vestuario en tres estilos: “Empezamos en los ochenta con enormes hombreras, peinados llamativos y ropa ancha. Ya en los noventa, la ropa se hace más estilizada, hay menos color, hasta llegar a finales de esa década, antes de la caída de Jordan, cuando priman los grises oscuros y los negros”.

Sandy Powell explica que Jordan Belfort y sus compañeros no se preocupaban tanto por ir a la moda como por vestirse con lo más caro: “Los hombres intentaban copiar el estilo clásico de Savile Row en Londres, y la mayoría de los trajes eran muy conservadores. Me lo pasé mejor con las mujeres”.

LA HISTORIA

Basada en un hecho real, el filme cuenta el inverosímil auge y la continua caída al reino del placer de Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio, nominado en tres ocasiones por la Academia de Hollywood), el corredor de bolsa neoyorquino que, junto a sus alegres colegas, amasaron una descomunal fortuna estafando millones de dólares a inversores. La película sigue la alucinante transformación de Jordan Belfort, desde que era un hombre honrado recién llegado a Wall Street hasta convertirse en un auténtico forajido de las acciones. Después de amasar una enorme fortuna en un tiempo récord, Jordan se la gasta de la forma más absurda en mujeres, tranquilizantes, cocaína, coches, su esposa (una supermodelo) y un deseo ilimitado de poseerlo todo. Mientras su empresa, Stratton Oakmont, alcanza la cima y él se entrega a los placeres más hedonistas, la SEC (Comisión de Títulos y Bolsa) y el FBI se acercan a su imperio de excesos.

 
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