La representatividad indígena en el gobierno del cambio

Nicómedes Sejas T.

 

¿Qué importancia tiene la re-reelección de Evo Morales para el movimiento indígena anticolonial y para el MAS? Para el movimiento indígena anticolonial muy poca, en cuanto lo conseguido hasta hoy no es atribuible al Gobierno, políticamente hablando; por el contrario, el acceso al poder de Evo Morales ya es parte de sus logros: la consecuencia de la emergencia indígena. Por otra parte, las consecuencias por los que hay que juzgar los actos del partido de gobierno sólo pueden ser valoradas no como hechos conclusos, sino como anticipaciones permitidas por la lupa de la experiencia, sin que por ello sean estériles. Lo notable es que el Gobierno esté empeñado en su propósito continuista, como la ciega obediencia al impulso de una necesidad subjetiva de un grupo constituido en torno al poder, que halla en su continuismo la forma de satisfacer su necesidad de mandar, desde luego, mientras exista una comunidad dispuesta a otorgarle su mandato.

Durante los ocho años precedentes, el Gobierno ha pasado por diversas facetas y su inédito apoyo electoral mayoritario, si bien ha clarificado qué partido debe ejercer el poder, con ello no ha resuelto la representatividad indígena de tal poder ni los alcances de su contribución al proceso de descolonización, que ha sido la demanda histórica del movimiento indígena.

La mayoría electoral que sustentó dos triunfos electorales del MAS es innegablemente indígena. ¿Se puede concluir de aquel hecho que el MAS está legitimado por su representatividad indígena? ¿Es el MAS en el gobierno una genuina representación del movimiento indígena? Hay que recordar que el movimiento indígena tiene una tradición de lucha anticolonial y el gobierno se ha autodefinido como un proyecto revolucionario denominado “socialismo comunitario”. Esta primera diferencia no ha modificado la preferencia del elector mayoritario para ratificar al partido de gobierno por un segundo mandato, con posibilidad de una tercera elección, según las encuestas recientes. Sin duda, aún estamos en el horizonte de solución que el movimiento indígena-popular ha perfilado durante la crisis del año 2003: el rechazo de los partidos tradicionales y su sistema de liderazgo criollo y patrimonialista. El elector parece aún dispuesto a apoyar un candidato y un partido diferente de los partidos tradicionales y de sus líderes. ¿Hay una afinidad o empatía entre el elector mayoritariamente indígena con el partido de gobierno, aunque éste se haya distanciado de la tradición anticolonial de las luchas indígenas kataristas?

En tanto no exista un rechazo abierto con posibilidades efectivas de renovación, al Gobierno le basta la presunción de su representatividad indígena-popular, e instrumentalizar este supuesto para alentar sus aspiraciones continuistas, aun a costa de la racionalidad procedimental de la democracia y de respeto de la alternabilidad de los mandatarios, como una necesidad de renovación creativa del mismo sistema político. Tal parece que la representatividad indígena-popular del Gobierno ha quedado subsumido en los efectos de un factor ajeno a ambos, el mismo que ha generado una aparente estabilidad y una representación más fortalecida: el megaciclo de los altos precios de los hidrocarburos y los minerales en el mercado internacional, de donde fluyen abundantes recursos frescos y con él la disponibilidad de medios para sostener una política asistencialista, que sin ser justa, por no ser equitativa ni racional económicamente, por no ser sostenible a largo plazo, muestra una apariencia más humana del Gobierno en forma de bonos, pequeños paliativos que son mejor que nada, pero que encubren la falta de una política social sustentada en la generación de empleos formales e ingresos más reales, que sólo es posible en la realización de una política de crecimiento de largo plazo.

El MAS, si bien se ha fortalecido en el seno del movimiento indígena, tiene un desarraigo cultural y político que sólo puede ser tolerado como la solución transitoria a la crisis política de 2003. Pero como reivindicación cultural demandada por el movimiento indígena en su estrategia de descolonización, no puede ser diferida indefinidamente sin generar una colisión con los resabios homogeneizadores occidentales incrustados en el partido de gobierno, propios del colonialismo interno. Los objetivos políticos del movimiento indígena también se hacen inviables en tanto exista un gobierno reducido a su rostro indígena, a su forma exterior, en tanto es hegemonizado internamente por la nueva élite autodefinida por su confuso “socialismo comunitario”.

Se podría señalar que el MAS en el Gobierno implica enormes riesgos para la transición anticolonial, debido a dos factores: la nueva élite que ejerce el poder real pretende realizar una utopía anacrónica que bloquea un programa viable en el contexto de la globalización, y porque ha confinado a los verdaderos líderes del movimiento indígena que han propugnado la descolonización efectiva de la sociedad boliviana.

Referencias más amplias en: “KATARISMO Y DESCOLONIZACIÓN”, de Nicómedes Sejas. 2014.

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