[Jaime Martínez]

La guerra y el hombre


 

El 28 de julio de 1914 el gobierno austrohúngaro declara la guerra a Serbia, en represalia por el asesinato del heredero de la corona de ese imperio; en seguida Rusia interviene para defender a Serbia; Alemania entra en guerra con el Zar y Francia; en pocos días el conflicto se extiende a gran parte de Europa, que considera que ha de durar poco tiempo; sin embargo se inicia la llamada guerra de las trincheras, con la muerte de 10 millones de personas, muchísimos heridos, grandes pérdidas materiales, y el desencanto humano producido por la llamada gran guerra.

Cuando finalizó, en 1918, muchos creyeron que con esa pelea se acabarían las guerras, pues el uso de gases tóxicos y los adelantos tecnológicos de la época amedrentarían a la humanidad, y la vacunarían para no volver a tomar las armas; por eso se organizó la Liga de las Naciones. Vano sueño.

La guerra es un tremendo flagelo que desequilibra al ser humano porque lo coloca en crisis existencial, lo llena de angustia, le despierta las más bajas pasiones, endurece al ser humano y lo deshumaniza, convirtiéndolo en un lobo que pelea con otro lobo, y no tiene piedad por los corderos. Eso lo hemos visto a lo largo de la historia, y se hace patente en las actitudes de los mercenarios, capaces de cualquier atrocidad por una paga.

La guerra pone al hombre en manos de las circunstancias que le pueden quitar la vida o destruir sus bienes, y por eso le hace pensar en la venganza en nombre de la justicia, o lo inclina a mirar la vida como un absurdo; se siente invadido en su propio ser, más que en su territorio; siente que, en cierto modo, está en manos del otro y que la vida nada vale; por eso se llena de rencor y de impotencia; fuerzas negativas que lo llevarán a producir nuevos conflictos, en un ciclo inacabable de muerte y violencia.

¿Quién provoca las guerras? La causa fundamental es el egoísmo; el sentimiento del yo lleno de orgullo que le hace sentirse omnipotente y capaz de controlar la suerte, el destino y las vidas de los demás con tal de satisfacer sus intereses. Este tóxico espiritual que los hombres llevamos dentro de nuestra naturaleza, y que nos descontrola si no lo dominamos, nos empuja al interés de dominio y de ganancia de bienes materiales, con los cuales creemos aumentar el tamaño de nuestro ser, y nos mueve a actuar desmesuradamente, con toda la fuerza de que somos capaces para controlar, o por lo menos influir, en las decisiones de los gobiernos y llevar a nuestros países a la matanza con tal de saciar nuestro apetito de poder.

Esto se ha producido una y mil veces en el mundo; en la actualidad, son algunos grupos de personas incrustadas en círculos de poder de algunos países; son algunas transnacionales que buscan áreas de mercado exclusivo para sus productos, o algunos países con deseos de expansión geográfica. Los conflictos de los últimos años, después del fin de la guerra fría, se están produciendo por un resurgimiento del poder dual o multipolar, que frena acciones de EEUU en determinado lugar, porque otras potencias, como Rusia o la China continental se sienten afectadas en sus intereses. También está el deseo de algunos gobiernos por recuperar sus antiguas áreas de influencia; no otra cosa sucede en el campo de la ex Unión Soviética, y por eso Rusia defiende sus antiguas zonas político económicas, y crea conflictos en otros lugares; occidente, dominado por los EEUU pone sanciones económicas a Rusia, ésta se abre campo en Latinoamérica, etc.

Hace pocos meses los líderes de Israel y Palestina aceptaron la invitación de Papa para rezar los tres juntos por la paz; hoy vemos con dolor que esas oraciones no han sido dichas de corazón, pues el conflicto de Gaza así nos lo muestra. Esa guerra está colocando al pueblo palestino en situación de jugarse su destino histórico, y lo empuja a decisiones desesperadas; en tanto Israel se siente acorralado por sus colonos que le exigen mayor territorio, y se lanza a la destrucción de sus vecinos para satisfacer esos pedidos. Total, un panorama de dolor y muerte. ¿Algún día tendremos paz relativamente duradera?

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