[Manfredo Kempff]

Cuando reluce la guillotina


 

Para no decir que la oposición está desarticulada y sin una visión clara de la realidad, habrá que admitir que, por lo menos, está vacilante hasta la desesperación en momentos en que el tiempo se acorta para la cita electoral del 12 de octubre. Por un lado está el gobernador cruceño y sus Demócratas empeñado en una larga negociación con sus antípodas ideológicos, los Sin Miedo de Juan del Granado. Por el otro lado anda Unidad Nacional con Doria Medina y algunos grupos dispersos -más personas que masas- a quien, gracias a Dios, se ha sumado últimamente la figura emblemática del batallador Leopoldo Fernández. Y por ahí asoman algunos otros candidatos que al no pesar seriamente deberían sumarse a un candidato único.

El panorama, a ojo de buen cubero, es que en una exitosa elección como están las cosas hasta hoy, los dos bloques de oposición que se perfilan se podrían repartir alrededor de un 30% de los sufragios, dejando un 5% para las candidaturas de orfanato, lo que sería desastroso. Si las elecciones no son exitosas por la dispersión, entonces el MAS podría aproximarse a la meta que ha fijado S.E., que está por encima del 70%.

En cualquiera de las dos circunstancias el triunfo masista sería abrumador, lograría nuevamente los dos tercios en la Asamblea, continuaría el carnaval administrativo y el derroche de los ingresos por el gas, y S.E. (que dijo que su máximo deseo era irse al Chapare a cuidar su campo que tanto le gusta) haría lo que Ortega y lo que hará Correa, es decir, modificar la Constitución y establecer la reelección indefinida. Eso no es tan grave una vez trascurridos tres períodos consecutivos de gobierno. El problema ya no sería una cuarta re-reelección de S.E., sino el final de la democracia boliviana, que ya está herida de muerte con la violación de la primera Disposición Transitoria de la Constitución.

¿Qué demonios hacer entonces? Es tan estúpida la pregunta como trillada la respuesta: ¡Unirse! ¿Y cómo? Que los presuntos candidatos se den cuenta que, por separado, uno a uno, los van a triturar sin clemencia, y que, tal vez, ni siquiera ellos mismos puedan quedarse a vivir tranquilos en Bolivia porque les harían la vida imposible. Eso además de que el país nunca les perdonará que no hayan tenido la capacidad de hacerle frente a una de las peores plagas que ha asolado la república. Aquellos que piensen que con una diputación o una senaduría estarán a salvo gracias a la inmunidad parlamentaria, que no estén tan seguros, porque con una mayoría de dos tercios el MAS podrá hacer otras modificaciones constitucionales más peligrosas aún.

Si de inmediato no se conforma una candidatura única sobre la base de Doria Medina y Costas, además del conocido Del Granado, y del joven líder Ernesto Suárez, y los que quieran sumarse, no queda nada que esperar. Por ahí andan diciendo algunos opositores que no se trata de hacer un frente contra Evo Morales. Que el asunto no es contra una persona, que S.E. no es el mayor problema. Dicen que se debe armar un bloque opositor con ideología y plan de gobierno consensuado. ¡Tonterías! Lo único que importa es derrotar a S.E. y nada más. ¿Cómo se van a homogenizar ideologías y planes de gobierno en cuatro meses si no se lo ha hecho en años? La Gran Alianza (con mayúsculas), si se constituye, es para cortarle el paso o cuando menos limitarle el poder al caudillo indígena. Dice hoy la oposición con una inocencia que enternece: “no se trata de que nos juntemos todos contra Evo”. ¡De eso se trata justamente! ¡Se trata de derrotarlo a él! ¿A quién más?

El tiempo que resta ya es muy escaso. Nada se ha hecho que no sea conversar y ni siquiera llegar a conclusiones alentadoras. Mientras tanto S.E. hace de su campaña un show hedonista permanente. Todos los días entrega obras y no existe canal de Tv que se pueda ver sin encontrarse con él. Aparece un día en las Fiji, otro en Costa Rica, otro en Argelia, pero la campaña interna continúa sin tregua. No paran de sonar los pinquillos y las bandas y S.E. baila y baila y le llenan la cabeza de mistura y el cogote de serpentinas en esta orgía electoral donde giran las polleras y no se habla de ideología. El G-77 será un acto político de enorme importancia política para S.E. que no lo desperdiciará. Ya aparecieron las primeras marchas de campañas adulando al líder aymara, justamente en Santa Cruz. Y cuatro meses antes de las elecciones comenzó el acarreo de masistas para que voten en localidades chúcaras del oriente (Santa Cruz es ahora el objetivo) mientras los opositores chillan al fósforo. Ni siquiera las acusaciones de separatismo contra los cruceños se han podido levantar aunque se sabe que todo fue fraguado.

Esperemos que los líderes de la oposición se den cuenta de que corremos al abismo. Aún es momento para disputarle votos a S.E. Digamos, por lo menos, emulando a Samuel Doria Medina: “¡Carajo, no nos pueden ganar así!”.

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