[Raúl Pino-Ichazo]

CARTA DEL EDITOR

Docencia, filosofia y creatividad.


 

La filosofía es un proceso y una aptitud anímica que se origina en la vivencia peculiar de asombrarse, maravillarse con la realidad, a la cual ya no enfrenta como un hombre ingenuo ni acepta las cosas como algo natural, pues, aquellas se convierten en problema, produciéndose el nacimiento del filósofo a quien se le puede caracterizar por su pasión que se manifiesta sintiendo filosóficamente el problema.

El filósofo se maravilla del hecho de existir, que no es algo que se comprenda per se. El hecho que uno exista precisamente en este mundo y que la realidad sea como es y lo que sucede en ella según las leyes actuales y no otras, no es tampoco algo de fácil comprensión ¿Porque es precisamente así? ¿Porque existe algo? también podría no existir. Así como el espíritu es algo comprensible por sí mismo para el hombre ingenuo, aparece con trascendencia enigmática, como maravilla y misterio para el filósofo nacido de la aptitud emotiva. Esta maravilla del ser es el fondo que penetra en nuestra conciencia, en la vivencia de maravillarse por lo que a uno le circunda.

En la docencia cuyo recipiente es el estudiante o educando, el maravillarse, el asombrarse desempeña un papel muy importante, sino el mas, en la investigación científica; así cuando el docente hace vivir sus clases a los estudiantes produce en estos el asombro ante la existencia o cualidad de algo, por ejemplo la existencia de un postulado jurídico o científico y su necesaria interpretación que lleva inherente la creatividad, también la cualidad de una materia, substancia o elemento que requiere indagación practica relativa a su composición generando en los estudiantes una completa comprensión para iniciar la creación de algo nuevo que no será definitivo pues habrán siempre investigaciones o disquisiciones más profundas.

De esta forma se desecha y entierra definitivamente la enseñanza de memoria que, en la generalidad, ha causado irreparables limitaciones a la capacidad de comprensión en la juventud. Se deduce que hay una diferencia entre el filósofo y el investigador creativo; en el filósofo nace el asombro y el maravillarse de la totalidad del ser; en el investigador nace la irrefrenable actitud de la investigación de los hechos, postulados, existencia o cualidad de algo; obteniendo como resultado excepcional la creatividad y este proceso es el que debe transferir el docente a los estudiantes para que todos los conocimientos que reciba pasivamente los indague y cuestione hasta la máxima profundidad posible, hasta lo último; así se moldea una mente creativa y un futuro profesional equipado de los instrumentos necesarios y válidos para producir más propuestas, tesis, interpretaciones e inventos, dentro del ámbito de su especialización que hará evolucionar la profesión o el oficio que desempeña.

La emoción de maravillarse y asombrarse conduce natural e inequívocamente al problema y sigue el indagar y preguntar. La pregunta es el gesto y la figura del filósofo, así como son los ademanes para el artista, y los estudiantes creativos motivados por la transferencia del proceso descrito por el docente, problematizan los acontecimientos raros y desconocidos por la ciencia que consiste en la indagación y examen críticos de los supuestos objetivos y formales del conocimiento científico.

Cierro este artículo con la contundente censura del incuestionable y sabio filósofo W. Goethe a los docentes estáticos y apegados a la rutina escolástica:

Tenéis las partes en la mano

Pero ¡ay! falta el lazo espiritual

Y ese lazo indisoluble debemos establecer todos los docentes con los estudiantes.

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