[Mario Alfonso Ibañez]

La Revolución del 9 de Abril de 1952


 

La Paz, cuna de la libertad, con un pueblo paciente, pero que a la corta o a la larga no permite la instauración de sistemas autocráticos por ningún título, en abril de 1952 fue escenario de tres días de combate, calle por calle, para liquidar el sistema colonialista, el racismo, la discriminación, el abuso de la “gran minería” con la defraudación de tributos fiscales y la humillación de los indígenas por parte de los señores feudales.

Desde el Comando instalado en la Universidad Mayor de San Andrés y la dirección de Hernán Siles Zuazo, trabajadores fabriles, ferroviarios en Villa Victoria, mineros de Milluni y revolucionarios de clase media en Sopocachi, Miraflores y otras zonas de la ciudad, poniendo en juego sus vidas, enfrentaron a fuerzas pretorianas que pretendían imponer su autoridad con la fuerza de las armas.

La Revolución de 9 de Abril de 1952 superó las fronteras nacionales para constituirse en un acontecimiento de trascendencia histórica en América y el mundo, porque ahí estuvo el coraje de un pueblo para ofrendar sus vidas en duros combates y establecer en los hechos los postulados de justicia social y liberación económica y no esgrimir retóricas ofertas ultristas en sólo discursos y papeles.

El 21 de julio de 1952 se decretó el Voto Universal porque millones de indígenas y mujeres estaban excluidos de su calidad de ciudadanos.

El 31 de octubre de 1952 se dictó la Nacionalización de Minas para recuperar los bienes y las utilidades que “los barones del estaño” detentaban para su exclusivo beneficio y frenar también el abuso a los trabajadores en los socavones de angustia.

El 2 de agosto de 1953 se firmó la Reforma Agraria para suprimir el pongueaje de miles de indígenas y establecer el derecho propietario de sus tierras.

El 20 de enero de 1955 se decretó la Reforma Educativa para cancelar una educación de castas y establecer una educación de masas gratuita y obligatoria.

Ya en el ejercicio del Poder fueron diseñados lineamientos generales para gestiones públicas bajo el cauce del Nacionalismo Revolucionario y el patrón de una izquierda democrática donde se estableció el liderazgo de la alianza de clases entre obreros, campesinos, clase media y empresarios progresistas.

De esta manera debía darse prioridad al desarrollo humano con tareas concretas dirigidas al mejoramiento de la producción y el vivir bien en el agro con el apoyo de cooperativas indígena-campesinas.

Coordinación de políticas a favor de la minería privada y estatal con disposiciones para normar medidas impositivas y de capitalización que garanticen las reinversiones.

Se debería dar las bases para garantizar la inversión privada nacional y extranjera con sujeción a normas legales, inclusive la creación de empresas mixtas entre el Estado y los inversores.

Todo esto complementado con el fortalecimiento de organizaciones sindicales para garantizar el respeto a sus derechos laborales.

Si bien posteriormente no se cumplieron estos postulados, es responsabilidad de quienes traicionaron su trayectoria transformadora, cuando les tocó hacer uso del Poder, unas veces al servicio de sus intereses personales o la presencia de neo-revolucionarios que ayer como hoy se constituyen en sepultureros de la izquierda democrática y que repiten los mismos errores del pasado, poniendo además en ejercicio un confuso socialismo, entre aquél que ha sido superado por la dialéctica de la historia y ese socialismo del Siglo XXI digitado por el chavismo venezolano.

El matutino EL DIARIO, siempre rememorando aquellos acontecimientos relacionados con los superiores destinos de Bolivia, en fecha 7/8/2010 señalaba que la Revolución de Abril se había gestado “con un profundo contenido económico democrático de tipo capitalista popular que respondía a la realidad y lejos de cualquier utopía ideológica con careta de izquierda, que finalmente estaba más al servicio del pasado que del futuro. No fue un mero golpe de Estado o un cambio de guardia en el Palacio Quemado sino fue la llegada al gobierno, mediante la alianza de clases de todo el pueblo… El viejo Estado Feudal – Colonial fue hecho añicos por el pueblo insurrecto durante 3 días de combate”.

Es de esperar que en breve plazo, se haga presente una corriente política que recupere las banderas de Abril y se concreten las aspiraciones de una Bolivia con paz, concordia, trabajo y un pueblo con libertades democráticas sin muertos, heridos ni perseguidos políticos y sindicales.

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