EDITORIAL    

Necesaria cordura preeleccionaria



En pocos días, la etapa preelectoral que vivimos nos muestra algo duro de reconocer, pero ineludible decirlo: la inmadurez de los partidos políticos y de los precandidatos. Parece que no aprendemos con las malas experiencias que concluyeron el 10 de noviembre, con un régimen improvisado y falto de preparación que devino en una deficiente administración del Estado, junto a su obsesión política. Al contrario, la gobernanza y la gestión técnica de un Estado no es cosa sencilla, sino más bien compleja.

No se puede se usar la dirigencia sindical ni cívica como trampolín de candidaturas y del gobierno de un país. Tampoco es confiable aprovechar el entusiasmo popular despertado por una actuación cívica esforzada o meritoria, como la desempeñada por los líderes cívicos Fernando Camacho y Marco Antonio Pumari en el logro de la liberación ante una dictadura, tal como lo reconoce la población. Si bien las poblaciones urbanas grandes y medianas por su persistencia y fe democrática fueron las verdaderas protagonistas. De estas coyunturas se puede extraer lecciones para asumir posiciones a favor de lo que demanda la población, un gobierno acertado y transparente.

Al mismo tiempo es necesario reflexionar sobre que la ciudadanía electora puede cambiar sus preferencias de voto ya expresadas en los comicios del 20 de octubre, aunque hubieran sido desbaratadas por un fraude monstruoso. Y es que pueden presentarse nuevos candidatos y, más que todo, planes de gobierno. Creemos que los nombrados líderes cumplieron fielmente con el mandato cívico encomendado por sus regiones, pero ese cabal cometido no implica necesariamente que sea canjeado por el supremo mando que confiere la Nación, sin desestimar su derecho de aspirar al mismo.

Tampoco se ve favorable el manifiesto prurito de anteponer los intereses regionales que no siempre han dejado saldos positivos para el conjunto de la nacionalidad. En las circunstancias políticas actuales, ha sonado la hora de reconstituir la unidad nacional y superar cualquier factor de suspicacias sociales, lo que no significa negar las diversas reivindicaciones regionales. Por ejemplo, manifestar que el señor Pumari debe ir sí o sí y solamente a la presidencia del Estado es incitar a la fragmentación. Y se puede decir algo semejante en relación con su potencial compañero electoral.

También es hora de ponderar la imagen del país hacia el consenso internacional y no dar más pábulo a extremos que nos hagan ver como sociedad de impulsos ligeros, carentes de meditación. ¿No nos basta el bochornoso fraude descubierto por una institución internacional, que, sin importar su autoría, coloca al país en situación crítica y vulnerable?