Polarización
Carlos Ardiles Moreno
Es necesario analizar el proceso de polarización social, política y de identidad que se da en nuestro país, con una profunda crisis de enfrentamientos y diferencias en cada una de las regiones, generando una polarización social basada en un tecnicismo recalcitrante; con una polarización política que pretende influir en las preferencias sobre la base de dos direcciones opuestas y mutuamente excluyentes, como son el centralismo y la autonomía regional y donde la polarización de identidad supone una nueva concepción de comprender la realidad por medio de un igualitarismo populista.
Es así que la polarización social se ha visto arraigada en cada una de las regiones del Oriente y Occidente, con un antagonismo y animadversión extrema, donde el sistema etnicista pretende imponer sus costumbres, tradiciones, e idiosincrasia por medio de la fuerza, generando una polarización social con tintes excluyentes y radicales, convirtiendo al ser social en antisocial, formando un ser individualista, con prejuicios, preconcebidos y estereotipados que enmarcan su conducta, a tal punto de generar una división social entre los bolivianos.
La polarización política no sólo se da por medio de un sistema radical entre las fuerzas políticas, sino que su actuar va más allá, con una división del poder en un eje centralista y un eje autonómico, donde la hegemonía política en las regiones se vea fortalecida y cohesionada, aplicándose la teoría de juegos, con base en la estrategia del ataque y la defensa. Es decir que la polarización política tiene como escenario nuevos conceptos que sirven de contexto a los métodos participativos de resolución de conflictos, como es la “panarquía”, es decir el gobierno de todos y de la mayoría, donde se hace necesario armonizar visiones diversas y adversas, con base en la convicción de que ya no se tiene el derecho ni los recursos suficientes para minimizar los conflictos de la mayoría, sino que el conflicto desemboca en una polarización política extrema, que da como resultado un quiebre en la representatividad de los que fueron elegidos, con una ausencia de credibilidad, debido a una explosión de demandas socio-políticas insatisfechas.
Por último, la polarización de identidad surge como consecuencia de ver la realidad en diversas formas y cosmovisiones como la Andina – Amazónica, donde lo propio para algunos es lo ajeno para otros, donde la complementariedad de opuestos no existe, sino que se da una nueva forma de identidad que consiste en resaltar ciertos atributos, rasgos, y características de carácter étnico, cultural e inclusive geográfico, que marcan las diferencias, dándose un geoetnocentrismo propio en las regiones, que es distinto y diferente a cualquier otro.