¿Un mundo feliz?
La caída del corredor de fondo
Ramón Grimalt
Jorge Quiroga, me consta, es un buen corredor de fondo. Como tal, el ex Presidente de la República debería saber que una carrera de largo recorrido se gana paso a paso, midiendo la distancia con inteligencia, sin desesperarse. Pero como suele suceder, la ansiedad lleva al deportista a cometer el error de precipitarse por alcanzar la meta. Entonces puede sobrevenir una caída o un vahído, sin descartar una descalificación por no ceñirse a las normas que reglamentan la competencia. Luego, cuando el atleta toma aire y reacciona quizás es demasiado tarde y las lamentaciones quedan para un muro atestado de plañideras que lloran sobre leche derramada.
Valga la analogía para explicar de algún modo el tropezón de Poder Democrático Social, un partido político que acogió a moros y cristianos provenientes en su mayoría de Acción Democrática Nacionalista y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, con la firme y sana propuesta de erigirse en una fuerza política capaz de plantar cara al emergente Movimiento Al Socialismo, y que después de las elecciones generales de 2005, pasó a convertirse en oposición más por geografía que por convicción para quedar relegada a un segundo o tercer plano por los prefectos del Consejo Nacional Democrático. Hoy, Podemos, que quiso y no pudo y probablemente haya muerto en el intento, representa con absoluta claridad el punto final de los llamados partidos políticos históricos y tradicionales que no han sabido reinventarse a sí mismos a partir de una reforma interna que garantice la paulatina eliminación de los vicios del pasado que provocaron su fractura.
Resulta que si nos atenemos al resultado del referendo revocatorio -asumiendo su justeza y transparencia- esta fractura del sistema político tradicional se manifiesta en el mayoritario respaldo del electorado al proyecto de cambio del MAS que, a pesar de sus imperfecciones y torpezas a la hora de aplicarlo desde la soberbia y autoritarismo imperante en Palacio Quemado, al menos plantea la posibilidad de un país diferente.
Podemos y su líder nacional Jorge Quiroga, en cambio, se empecinaron en oponerse al Gobierno recurriendo a terceros, el chavismo y la injerencia venezolana, y nunca supieron cómo encajar en el rompecabezas político donde prefectos y Gobierno se disputan la hegemonía nacional en un escenario que parte del desastre económico y la intolerancia. Otra cosa hubiera sido terciar entre los discordes, tender vías de diálogo y proponer en vez de destruir. Ahí radica el asunto. A Podemos le pudo, en definitiva, la ansiedad por recuperar su espacio minando al adversario político, que la necesidad de construir país y acabó cayendo en barrena víctima de una patente falta de estrategia y visión de futuro sin aparente posibilidad de optar a segunda instancia. Pero como Quiroga sabe, el corredor nunca se rinde y mide las veces que se levanta, nunca las que cae.