Bolivia, 28 de agosto de 2008
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¿Existen soluciones para un mundo mejor?

Angel Las Navas Pagán

Podríamos contestar a esta pregunta del encabezamiento, diciendo que depende de nosotros. Todo será lo que queramos. Pues esas soluciones exigen planteamientos desde distintos campos, abarcando una acción de conjunto. Toda una estrategia para ganar la batalla del hambre, de la pobreza, del atraso, de las enfermedades, de la insolidaridad... en el mundo. Examinemos brevemente los distintos capítulos.

La Economía es primordial para resolver los grandes problemas de la Humanidad en el aspecto material. Estamos viviendo una época de muchos cambios y transformaciones en un principio de siglo revuelto y confuso. A pesar de esta rápida evolución y hasta revolución de ideas, conceptos y cosas, con sus correspondientes convulsiones y crisis, con nuevos enfoques y mentalidades, la Economía, en sus fundamentos y axiomas, sigue siendo una ciencia necesaria, irrevocable e inexorable, que no se la puede olvidar ni posponer. En algunas facetas necesitará de una renovación o adaptación a las circunstancias de cada región o país, dado que se dan muchos casos, según los sitios (países muy desarrollados, menos prósperos y del tercer mundo, cada uno con sus complejidades). Se podrá prescindir de una buena parte de su retórica, pero es incuestionable que la ciencia económica, en lo fundamental, contiene gran sabiduría por su larguísima experiencia y una extensa serie de verdades contrastadas, de las que se derivan valiosas conclusiones con provechosas enseñanzas.

Concedamos especial importancia a la Ecología. Conservemos y cuidemos a la Naturaleza. Suspendamos ese terrible proceso suicida de destrucción, que, por diferentes motivos, estamos realizando contra ella. Hay que evitar –en lo posible- la contaminación en general. En ello nos va la vida y el bienestar. De seguir así, dentro de cien años, las condiciones de existencia en la Tierra serán bastante difíciles.

Hay que erradicar las guerras, revoluciones, guerrillas, graves conflictos sociales, huelgas, carreras armamentistas... Aprendamos las lecciones de la Historia. Ojalá que las Naciones Unidas tengan eficiencia y sean capaces de imponer la paz. Y que la diplomacia y los acuerdos sustituyan a los cañones. De lo contrario vamos a estar condenados a vivir muy mal.

La sociedad organizada, esto es el Estado en su concepto jurídico y político, puede hacer mucho por sus respectivos pueblos, estimulando y dirigiendo amplios programas de expansión económica (en todas sus manifestaciones), sanitaria, cultural, obras públicas, etc. Es necesario un modelo de Estado austero y ejemplar, con reducción drástica de gastos inútiles, superfluos y de lujo. El dinero de los contribuyentes no se lo puede despilfarrar.

Los países poderosos deben ayudar suficientemente a los pueblos del Tercer Mundo, porque éstos, sin esta ayuda, nunca podrán salir de su precaria situación.

Pero el bienestar social no sólo vendrá de afortunadas medidas económicas y de una política de paz y orden, sino muy principalmente también con la educación completa e íntegra de las masas y la práctica de las virtudes naturales, cívicas, sociales, morales... No olvidemos que los pueblos sin Etica no se hunden, irremediablemente, en un mar de corrupción. Ahí está la Historia para confirmarlo. Tampoco podemos olvidar que el porvenir pertenece a los pueblos cultos. Por tanto, la formación profesional en todos los niveles, los cursos de especialización, el auge de las Ciencias y las Artes, la investigación científica... deberán figurar en destacado lugar en todos los planes de desarrollo.

Pero no basta con lo hasta aquí reseñado para conseguir un mundo mejor y más amable. Si queremos que haya una paz sólida y estable, tendremos que acudir a las dos grandes virtudes sociales del cristianismo: la caridad y la justicia. Por eso, la doctrina social de la Iglesia es tan necesaria para que haya una sociedad venturosa y en armonía, sin tensiones ni rivalidades.

En última instancia, ante el actual desolador panorama de tantas crisis y calamidades que asolan al mundo y que hipotecan muy desfavorablemente el futuro, si somos creyentes, tendremos la puerta abierta a la esperanza con la oración a Dios, fabulosa e inagotable fuente de bienes y beneficios, que pueden resolver estupendamente todas nuestras angustias y temores.

 



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