Más peleas, las consecuencias del IDH
Jorge Téllez Sasamoto
Desventurado es el destino que espera a nuestro país que continuamente es agredido, incluso desde su interior, por camarillas de politiqueros que, como en una “ruleta rusa”, se turnan para destruir y fagocitarse los escuálidos recursos que con tanto sacrificio genera una parte de su población, con el cruel añadido de la impunidad legalizada y la inconcebible amnesia ciudadana. A semejanza de un callejón de angustias sin salida y de un pesadilla de nunca acabar, la historia que le ha tocado vivir a un pueblo digno y sencillo, como la límpida agua que se escurre de nuestra cordillera, corresponde directa y cuantitativamente al deficiente comportamiento de sus hijos, que casi nunca ha estado al nivel de cualquier sociedad que se respete.
Ahora le tocó el turno de aprovecharse de los ciudadanos bolivianos a un heterogéneo grupo de cholos, “blancoides” e indios mestizados, que mezclados dicen representar a los excluidos originarios y en nombre de los cuales manifiestan su capacidad de aguante a 500 años de coloniaje, de los cuales un tercio (más de 180 años) representan la época republicana, por lo cual creen que es pertinente destruir la “extraña” República de Bolivia y todos sus símbolos, o por lo menos creer que corresponde “refundarla” con sus “wiphalas”, usos y costumbres, como uno de los originarios “suyos”.
Este minoritario grupo, engrosado por los aventajados “paracaidistas” de todo color, tamaño, raza o desvergüenza, maneja ahora el Estado Nacional con el autoconvencimiento de que es posible hacerlo sin excelencia y menos conocimientos, ignorando –entre otras cosas- que no todos los ciudadanos de este país son de su misma condición intelectual y que todavía les queda un trozo de dignidad como para hacer y socializar el correspondiente análisis critico de la ignorancia que casi se ha adueñado de todos los estamentos de la vida pública de Bolivia, con resultados proporcionales a la calidad y capacidad de sus ejecutivos y gestores.
Uno de estos resultados fue la victoria pírrica electoral que alcanzaron, gracias a la indecorosa apropiación de una consigna de lucha del pueblo boliviano, como fue la Nacionalización de los Hidrocarburos, la cual fue utilizada como un afiche preelectoral, concepto que nunca lo tuvieron como filosofía programática ni antes ni después de las elecciones, como tampoco la tuvieron los otros partidos neoliberales que pugnaron en esas elecciones. Pero todos se atragantaban ofreciendo varias y diversas nacionalizaciones, que variaban desde la “hecha a cómodas cuotas y a largo plazo” con la acción de oro; la “nacionalización de los recursos económicos que genera el gas”; e incluso la “nacionalización del gas bajo tierra”, que sólo sirvieron para engatusar al votante y principalmente abrir un paraguas de desorientación e impunidad para no cumplir, o en caso de llegar al Gobierno hacer lo que a su entender es nacionalización, como es el caso típico del actual Gobierno que repite la receta de lo que más critica, la capitalización de Gonzalo Sánchez de Lozada.
Esta venenosa receta que tardó el pueblo boliviano casi 8 años en percatarse – año 1996 cuando se dicta la Ley de Hidrocarburos 1689, hasta Octubre del 2003 cuando es expulsado Goni- fue básicamente la destrucción del Estado Unitario con la pignoración de YPFB a manos del capital trasnacional, que se benefició del excedente que generaba la estratégica empresa estatal, a cambio de dádivas y prebendas que recibían los jerarcas del Gobierno junto a la corruptela política, sindical e incluso cívica de algunos departamentos.
Seamos sinceros, hemos sabido desde siempre que en Bolivia la pelea entre los políticos que detentan algún tipo de poder y que por su angurria y mezquindad nunca fueron minimamente patriotas, ha sido siempre una pelea por el dinero. También confesemos que la única plata disponible en cantidades importantes que se genera en el país, en el corto y próximo futuro, son los dólares que provienen de los hidrocarburos y que se los rebautizó últimamente como IDH, que lastimosamente tienen un futuro de muy corto tiempo de sostenibilidad.
Este Impuesto Directo a los Hidrocarburos, interesadamente introducido el 2005 en la “neoliberal” Ley 3058 de Hidrocarburos, por politiqueros tradicionales en desbande (MNR, MIR, ADN y otros) en contubernio con los “neoliberales masistas” que estaban en preparativos preelectorales, está demostrando que el daño inferido por el “chauchitaje” afecta la sobrevivencia de la Nación Boliviana, siempre necesitada de recursos que debían ser destinados planificada y honestamente a multiplicar más recursos, a generar más y mejores fuentes de trabajo, salarios dignos, infraestructura básica, desarrollo industrial, bienestar de su población y la ahora incierta Seguridad Nacional.
El resultado concreto del chauchitaje ha sido la división del país en varios bandos y todos contra todos, que cual furiosa jauría de perros pelean por las migajas que caen de la mesa del banquete de los jerarcas del sector de hidrocarburos –de dentro y fuera del país- sin importarles el resultado fatal que puede tener para el futuro de nuestra Bolivia, y tampoco el sacrificio que le costará al país mejorar y recomponer lo mal que estábamos antes del desgobierno Evista de filosofía estalinista. Una breve conclusión pasa por la confirmación de que todo lo que se hace por la angurria del poder y el dinero, es una amplia apertura a los peores y más bajos instintos de esta especie humana por conseguirla. Esto parece ser lo único que este Gobierno está haciendo MAS o menos bien, demostrando que posee muchos expertos, pero solamente en la abusiva confrontación y en un odioso racismo, fruto de su inferioridad moral.