La era del gas boliviano
Jorge Vergara Ascarrunz
Pese a su privilegiada posición geográfica y una envidiable reserva gasífera, Bolivia ve escapar de sus manos la posibilidad de convertirse en el corazón energético de la región. La era del gas boliviano ha llegado a su tope. La suspensión total de envíos de gas a la termoeléctrica de Cuibá (Brasil) y las dificultades para cumplir con los cupos de venta a la Argentina, han provocado que nuestro país sea considerado por nuestros compradores como un proveedor y socio energético poco fiable.
En el año 2002 se certificó que contaba con 54.9 trillones de pies cúbicos (TCF) de reservas de gas natural entre probadas y probables y por eso el país fue considerado como núcleo energético que abastecería al Cono Sur (Argentina, Chile, Paraguay), a Brasil y al sur de Perú.
De este proyecto han pasado varios años y hoy la realidad es diametralmente opuesta en Bolivia y en la región. Para reactivar el corazón energético boliviano (gasífero) se tendría que realizar una inversión, en los próximos tres años, del orden de los 3200 millones de dólares. En 2006 el Estado invirtió en exploración y producción 198.6 millones de dólares, cifra similar a la de 2007.
Estas inversiones sólo garantizan la actual producción de gas natural que llega a los 41 millones de metros cúbicos por día (MMm3d). Con las inversiones casi paralizadas en Bolivia y un nuevo escenario energético, Brasil y Argentina han apostado por diversificar su matriz energética para no depender sólo del gas boliviano.
Así tenemos que en la zona central (Quintero) de Chile se construye una planta industrial para suministrar, en el primer trimestre de 2009, LNG y reemplazar al gas natural argentino que importan. Ante esta situación, Perú aparece como un nuevo jugador energético. Apoyado en su campo gasífero Camisea, en 2007 invirtió en exploración y producción 847 millones de dólares, y en la industria petroquímica captó por cuatro años un financiamiento de 8300 millones de dólares.
El ser el corazón energético de la región en realidad no se mide sólo por las inversiones, porque son muy relativas en el tiempo. Ello se mide en términos cualitativos, es decir de confianza por una parte y por otra, lograr que dicha confianza sea traducida en contratos de largo plazo.
La falta de inversiones y escasos trabajos de exploración son las causas de nuestro problema, porque Bolivia ya no es una garantía de provisión gasífera.