Homenaje al periodista
Jorge R. Arce Vargas
En oportunidad de celebrarse el 10 de mayo el Día del profesional periodista, mis primeras palabras son de admiración, respeto y al mismo tiempo aprovecho la ocasión para felicitar a los trabajadores de prensa y expresarles con sentimiento sano este pequeño mensaje.
El periodista debe ser un hombre de acción y valor, con espíritu templado, intelecto y energía fortificada, que haya renunciado voluntariamente a comodidades y el descanso, para entregarse en pleno al servicio de la colectividad y la Patria; sin poner tasa ni medida a su sacrificio; haciendo ejercicio inalterable de la profesión y, más aún, resalta una virtud, es acaso el único en la sociedad contemporánea que actúa con el fin de construir un mundo mejor, sin incursionar al campo de la violencia, cuyos excesos los debe combatir permanentemente.
Tiene que hacer culto de los principios éticos, respetar la verdad y la objetividad, con la seriedad que le presta la imparcialidad de su profesión, enfocando los grandes problemas y orientando a la opinión pública, para que se forme un juicio cabal y haga conciencia sobre sus responsabilidades con la Patria y la humanidad.
La profesión del periodista ha pasado a constituirse en una actividad con bases científicas y académicas, no sólo por el hecho de que conlleva la gran responsabilidad de informar con veracidad e imparcialidad, orientar y educar en su caso a la opinión pública en general, sino porque se convierte en la excelsa tribuna de la defensa intransigente de los Derechos del Hombre. Lucha por el respeto y la dignidad de las personas y por el imperio de una sociedad solidaria, justa, responsable de su propio destino.
Esta desinteresada y silenciosa labor ha requerido y requiere de la consagración sin egoísmos de un aguerrido núcleo de intelectuales amantes de la veracidad, la libertad y la justicia, con el objetivo de establecer estructuras justas en defensa de los máximos valores de la humanidad en el tiempo y el espacio. El periodista con nivel académico, al igual que otros profesionales, no debe estar ausente de la realidad y los problemas de su país, por ende encontrar la superación de los valores materiales, morales, éticos y espirituales del hombre, para de este modo constituirse en factor importante hacia la perfección.
Para concluir, me permito recordar un pensamiento de José Ingenieros: “Cuando las miserias morales asolan un país, la culpa es de todos los que por falta de cultura y de ideales no han sabido amarla como Patria, de todos los que vivieron en ella, sin trabajar por ella”.
El hombre de prensa que trabaja en el anonimato es, para muchos, un desconocido, que no busca la fama ni la notoriedad con fines políticos o figurativos y en beneficio propio. Su función es fiscalizadora e informativa al servicio de la sociedad en general, porque prensa y periodismo constituyen la voz del pueblo, y la voz del pueblo es la voz de Dios.