¿Cuánto vale el voto de un Cardenal?
Jorge Calderón P.
Entre la oración y el voto existen correspondencias interesantes:
- En la oración sacas tu verdad del corazón y la presentas a Dios. En el voto, sacas tu verdad del corazón y la presentas al pueblo.
- En la oración cierras la puerta para guardar intimidad con Dios. En el voto se guarda el secreto para evitar que las mayorías vapuleen a las minorías o que alguien señale con el dedo (a veces con un fusil) a quienes disienten.
- La oración es una síntesis de fe, esperanza, amor, compromiso y obediencia. El voto debería ser lo mismo, expresión de confianza en el sistema democrático, compromiso y consecuencia con los ideales, esperanza de que los mandatarios cumplan sus promesas y no traicionen el voto, sumisión a la voluntad popular.
- La oración nos acerca al reino de Dios, reino de amor, justicia, paz, felicidad plena. El voto nos acerca al imperio de la justicia, de la paz, libertad, democracia; nos acerca al bien común.
- En la oración la pregunta viene de Dios (a través de la Biblia) y el creyente responde. En un referéndum la pregunta viene del pueblo (que se expresa a través de la Constitución o de una Ley) y el ciudadano responde.
- La hipocresía no es compatible con la oración, tampoco con el voto. El pueblo no puede ser acarreado como ganado a votar por una consigna. El proceso democrático implica educación ciudadana, deliberación, debate, para que el ciudadano esté bien informado y se aproxime al conocimiento de los alcances y contenido del objeto del voto.
A modo de homilía, digamos:
“Favorezcamos la cultura democrática, demos vida a la democracia, no la fosilicemos, demos valor al voto ciudadano, valor legal, ético, civil.
Respetemos la institucionalidad democrática. En el marco de la ley, el resultado de una votación tiene que ser asumido con humildad; ganadores y perdedores deberían confundirse en una sola celebración, sin pompas que pueden herir a nuestros hermanos que están en situación de pobreza, sin insultos que hieren la dignidad de autoridades que un día fueron electas por la vía democrática”.
¿Cuánto vale el voto de un Cardenal?
En democracia existe la correspondencia: un ciudadano, un voto. Para el cómputo, el voto del Cardenal vale lo mismo que el voto de cualquier ciudadano. Pero la reflexión va más allá, el voto del Cardenal ha servido para discernir “lo que es del César al César y lo que es de Dios a Dios”.