Nueva asonada contra la Iglesia Católica
Samuel Mendoza
Diría yo que casi todos los bolivianos, gobernantes y gobernados, izquierdistas, derechistas (si los hay) y centristas, así como los indiferentes y libres de ataduras políticas como somos la mayoría de los periodistas, estuvimos convencidos de que en las tres horas que el presidente Evo Morales Aima estuvo con el cardenal Julio Terrazas en su residencia de Santa Cruz hace apenas unas dos o tres semanas, el Presidente habría escuchado contrito los consejos, las recomendaciones, las advertencias y las llamadas de atención que seguramente le planteó muy paternalmente el Cardenal. No pocos pensaron que Evo se había reconciliado con Dios, con la Iglesia y con la religión católica confesando sus culpas, que son muchas, durante tres horas para luego cumplir la penitencia correspondiente y, así, emprender un nuevo camino que permita pacificar el país y dar tranquilidad moral, espiritual y económica a sus habitantes.
Pero, lamentablemente, parece que todos estuvimos equivocados por cuanto el señor Morales Aima ha vuelto al ruedo del inconformismo para estrellarse, una vez más, contra la religión, contra la Iglesia y, particularmente, contra el mismísimo cardenal Terrazas, a quien acusó de haberlo “engañado y traicionado” porque, con mucha razón, sólo quería pruebas para apoyar una suerte de denuncia en sentido de que en algún lugar de Bolivia hay terratenientes que supuestamente esclavizan a campesinos. Parece que el Presidente pensó que el Cardenal se colocaría al lado de sus huestes masistas para arremeter contra los agricultores y ganaderos cruceños y arrebatarles sus tierras y ganados como se hizo allá por los años 50 cuando el nefasto régimen del MNR decretó una falsa “reforma agraria” que terminó empobreciendo aún más a los indígenas, convirtiéndolos de pongos de agricultores en pongos de políticos del MNR. ¿Será que ahora se quiere hacer lo mismo o algo peor? Es probable.
El cardenal Terrazas, con la serenidad y la sabiduría que le caracterizan, dijo el domingo pasado, 20 de abril, que es muy importante vivir el mensaje de Jesús (“... No pierdan la calma – dijo a sus apóstoles - ; ustedes confían en Dios, pues confíen también en mí”) con optimismo y con entusiasmo, sin perder la calma; no importa si nos dan bofetadas de un lado, presentemos la otra mejilla, pues no podemos separarnos de ese estilo de decir la verdad y de trabajar siempre por ella”. El Cardenal expresó que era necesario hacer alusión a las declaraciones del Presidente, “no porque estemos ofendidos, sino porque nos parece que no se le han informado total y correctamente al señor Presidente lo que ha significado la presencia de la Iglesia cuando buscamos el diálogo. La palabra que ha dicho (el Presidente) puede ser fruto de una mala información de quienes estaban a su lado o del entusiasmo que a veces viene cuando hay mucha gente que lo aplaude. Ese entusiasmo hace que uno diga más de lo que tiene que decir”.
Con frecuencia los gobiernos de los últimos tiempos han apelado a la Iglesia Católica para solucionar problemas con sectores obreros, cocaleros, campesinos e incluso empresariales en el curso de sus gestiones gubernamentales. A algunos les dio buen resultado, como fue el caso del que fuera presidente Hugo Banzer, pero a otros no les ayudó mucho, como fue el caso del que fuera presidente Gonzalo Sánchez de Lozada o de Carlos Mesa que se vieron obligados a renunciar ante la presión de grupos de agitadores. Lo que sí es cierto es que a Evo Morales, como dirigente cocalero, siempre le dio buen resultado la intervención de la Iglesia Católica toda vez que fue necesario arreglar entuertos con los gobiernos de turno. Ahora resulta que ese mismo Evo Morales, Presidente de la República, acude a confesarse (políticamente) con el Cardenal en demanda de su apoyo, pero luego reniega del Cardenal y la Iglesia cuando piden pruebas sobre el caso de la supuesta esclavitud de indígenas en haciendas ganaderas orientales. A eso don Evo le llama “engaño” y “traición” en sus discursos. “Engaño” y “traición” que le han impulsado a pedir auxilio a la comunidad internacional para que ésta apoye sus denuncias sobre esclavitud o servidumbre y pueda, así, autorizar el asalto a la propiedad privada agropecuaria.
Saliéndose, una vez más, de la agenda prevista, el presidente Morales acaba de demandar la ayuda internacional en la conferencia del Foro Permanente de los Pueblos Indígenas de la Organización de las Naciones Unidas, en Nueva York, a tiempo que sugería, ya no, esta vez, el traslado de la sede de la ONU a otro país, sino la creación de una ONU paralela de pueblos indígenas. Por cierto que su propuesta, como la anterior, no mereció el apoyo de la concurrencia a sabiendas de que sería dividir a los pueblos y a las naciones.
Volviendo al tema inicial, la Iglesia Católica, a través de su Cardenal y de sus Obispos, aún ofrece su concurso para hacer posible el diálogo entre gobernantes y prefectos, pero esta vez será después del 4 de mayo, fecha del referéndum autonómico de Santa Cruz y siempre que los partidarios del Movimiento Al Socialismo (MAS) no provoquen derramamiento de sangre, muerte, dolor y luto en el país.