Bolivia, 24 de abril de 2008
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Educación para la paz

Marcelino Zabala Espejo

Debe tener carácter interdisciplinario, fomentando el diálogo, trabajo de grupos, juegos, cooperativos, relaciones afectivas entre profesores y alumnos en la escuela y padres e hijos en la familia, sin olvidar las actividades paralelas como Día, Semana o Jornada para la Paz, relaciones con otros centros, correspondencia escolar, etc., profundizando señalemos cuáles son los supuestos pedagógicos en los que debe basarse la educación para la paz:

En primer lugar qué tipo de hombre debemos considerar y hacia qué modelo de sociedad se aspira. Este marco referencial viene dado por una comprensión de la no-violencia como cosmovisión que entiende al ser humano como persona social.

En segundo lugar todos los sectores y subsectores y segmentos de la sociedad puede ayudar a los educadores a comunicar los conocimientos de paz en las aulas de modo transversal.

En tercer lugar, orientados por sus docentes, maestros, los niños y jóvenes también pueden convertirse en transmisores de los mensajes de paz en el ámbito de sus propias familias y comunidades.

En cuarto lugar los sindicatos y organizaciones pueden fomentar considerablemente en programas de jornadas de paz, en las reuniones en los centros de trabajo.

Hay que tener en cuenta que toda esta tarea educativa se lograría en el aula, luego pasaríamos a lograr un ambiente de paz en la propia escuela, luego en la familia y la comunidad.

Esto es lograr un comportamiento social que implique respeto y comprensión hacía los demás. Evitar comportamientos agresivos y polémicos innecesarios.

Educación para la democracia

Toda la problemática de una política educativa de un país se resume en el siguiente interrogante: ¿educación para la democracia o educación en la democracia? La necesidad de una educación del hombre para la democracia es en todo sentido evidente, en este enfoque la educación constituye un instrumento de cambio y control social.

Para profundizar, la democracia no puede sino crear las condiciones para que los miembros de la comunidad democrática se compenetren sobre sus características.

Pero un análisis más profundo del tópico permite comprender que el uso excesivo de la educación como transmisora conservadora puede llevar a convertirla en un mero “adoctrinamiento”, colocándola en contradicción con el significado final de la democracia, como clima propicio para el libre desarrollo de la personalidad humana, que en definitiva es una forma de vida en la comunidad. Concebida la educación como adoctrinamiento es un imponer soluciones, Dewey (1954; 254).

La vigencia de una forma de vida, en este caso la democracia, no se logra sólo por el conocimiento de sus elementos y sus perspectivas, sino en la praxis educativa es donde se plasma la democracia verdadera, esto es el libre ejercicio de sus capacidades creadoras del sujeto, la libre expresión de los individuos y el libre juego de los grupos. Como se ve, volvemos al punto de partida y a la validez del principio general de la educación para el cambio basado en el desenvolvimiento, este sentido que si bien ha de ser una educación para la democracia no alcanzará legitimidad plena y pleno sentido humano sino puede ser una educación en la democracia, lo que implica el accionar educativo democrático a partir de la familia, en la escuela y la comunidad.

Educación para la participación

La participación significa una contribución permanente e integral de cada individuo al trabajo social, el derecho de compartir las decisiones y el usufructo también permanente y proporcional en los productos alcanzados.

Este concepto se aproxima a una participación integral, o sea a una participación política y económica óptima, porque implica participación en el proceso de producción, en la gestión de la sociedad y en la repartición de los bienes y servicios.

Al participar, por ejemplo, en un proceso productivo tomamos parte en una actividad; al participar en la gestión de una sociedad, comunidad o grupo, formamos parte de una organización social; al recibir recompensas, tenemos parte del producto. Participar integralmente significa:

Tomar parte

Formar parte

Tener parte

Para que la participación sea plena las personas deben completar todo el ciclo:

- En los conocimientos participados, significa una conciencia colectiva del problema social en cuestión, a través de autodiagnósticos comunitarios.

- En las decisiones participadas, quiere decir un compromiso de todos con la resolución de las cuestiones, la consideración de todas las alternativas, y la selección de estrategias a través de un consenso o negociación.

- En las acciones participadas, implican un compromiso de todos con la implementación y la ejecución compartida de las tareas y las actividades necesarias para la consecución de los logros deseados; implican organización y disciplina, cooperación y corresponsabilidad.

- Sin embargo, en la práctica social, la participación no es siempre así plena e integral. Puede haber gran participación en el proceso productivo y poca participación en el usufructo de los productos. En otros casos puede haber mucha participación en la repartición de bienes, pero ninguna en toma de decisiones, estas situaciones van a configurar diferentes estructuras de participación social.

 



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