Cómo derivó en Guerra Civil la rebelión paceña de 1899
Luis Antezana Ergueta
Al contrario de la opinión de algunos sectores partidarios, el pueblo boliviano tiene extraordinaria madurez política, la misma que, sin embargo, no es producto de casualidades, sino de la práctica en las luchas sociales que se registraron en el país desde tiempos de la fundación de la Nación. Uno de esos episodios fue el gran levantamiento del pueblo paceño del 12 de diciembre de 1898, el mismo que derivó en una guerra civil que duró cuatro meses y culminó con la victoria paceña sobre el ejército conservador de Sucre, en la célebre batalla del Segundo Crucero de Paria, el 10 de abril de 1899. En todo caso, es notable observar cómo esa rebelión se convirtió en Guerra Civil.
Dictada por el presidente Severo Fernández Alonso la Ley de Radicatoria de la Capital en Sucre, el pueblo paceño se insurreccionó y estableció un Gobierno provisional revolucionario. Pero, enseguida, este Gobierno estuvo a punto de desintegrarse ante la aproximación del ejército conservador que llegaba cerca de La Paz con 3.000 efectivos y dispuesto a bombardear la ciudad hasta no dejar de ella piedra sobre piedra.
Ante esa realidad, la junta revolucionaria procedió de inmediato a formar con toda la juventud un nuevo ejército, al cual se plegaron grupos militares del Gobierno. Es más, las nuevas autoridades compraron de inmediato 1.200 fusiles y munición en Perú y formaron un Ejército regular con unos dos mil hombres, a los que se sumaron grupos armados que llegaban de todas las provincias. Esta nueva fuerza regular paceña se organizó al mando del coronel José Manuel Pando y numerosa oficialidad y, de inmediato, procedió a levantar barricadas para defensa de la ciudad y, en su caso, avanzar al altiplano para combatir a la fuerza “invasora”.
Ante la inminente amenaza de bombardeo a la ciudad, parte del flamante ejército salió al altiplano y se dirigió hacia Viacha, donde estaba acantonado el ejército conservador, el cual sufrió dos derrotas, provocando el pánico en las filas oficialistas que, además (enero de 1899), decidieron retirarse hacia Oruro, no sin antes haber sufrido otro gran fracaso en la batalla del Primer Crucero de Ayoayo (Cosmini). Entonces, el ejército paceño empezó a perseguir al de Sucre, ofensiva que no se detuvo hasta derrotarlo de manera total en la batalla del Segundo Crucero de Paria el 10 de abril de 1899.
La rebelión paceña se convirtió en Guerra Civil desde el momento en que el Gobierno conservador de Fernández Alonso decidió poner sobre La Paz 3.000 hombres, una vez bombardeada la ciudad y reducido el Gobierno provisional. Por su parte, la decisión paceña no se dejó esperar y formó su propio Ejército que, levantado por una causa justa, se enfrentaba a una fuerza que proclamaba una causa obsoleta y, por tanto, destinada a derrota segura. De nada valía a los conservadores del sur, disponer de una fuerza experimentada, disciplinada, organizada y con gran cantidad de armas modernas, pero sin causa, frente a un pequeño Ejército recién nacido, con poco armamento, casi sin organización ni experiencia, pero pertrechado de una causa progresista y, por consiguiente, destinado a una victoria inevitable.
Para entonces, los diálogos, acuerdos, consensos, etc. habían fracasado uno tras otro, porque las contradicciones (que se arregla pacíficamente) se habían convertido en un verdadero antagonismo que sólo se resuelve por la violencia y la fuerza de las armas. En ese sentido, el conflicto se convirtió en guerra civil e inclusive como un enfrentamiento sometido a las leyes internacionales de la guerra. Los intentos de conciliación de las fuerzas encontradas no tuvieron resultado ni con la intervención de la Iglesia ni de organismos internacionales y entonces se planteó la solución revolucionaria, corta, menos dolorosa y que resuelve la crisis, que la solución reformista, que se prolonga por años, es de grandes padecimientos y finalmente nada resuelve.
Finalmente, la fuerza débil, pero provista de la poderosa causa nacional y democrática, que miraba al futuro y repudiaba al pasado, obtuvo el triunfo sobre la conservadora colonial y feudal, la caduca fuerza del sur que nada tenía que defender, excepto sus tendencias económicas y políticas que añoraban al pasado. No fue, pues, la fuerza de las armas, ni siquiera el asunto de la Capital, la que se impuso en la guerra civil de 1899, sino triunfó la Causa nueva sobre la vieja, por más que ésta última hubiese sido más fuerte en armas que la primera. Ese fue el proceso que convirtió a la rebelión paceña de 1898 en guerra civil y esos fueron los resultados de ese proceso histórico.