Política, diplomacia y empresa
El Estado boliviano en crisis
Clovis Díaz de O. F.
Al desastre nacional generado por inundaciones debemos agregar la profunda crisis del Estado boliviano. Las inmisericordes riadas han cobrado vidas humanas, mientras que hatos de ganado bovino, caballar, porcino y otros animales, caseros y salvajes han perecido de hambre o ahogados ante la impotencia de la sociedad azotada por el fenómeno ecológico. Los sembradíos sepultados por el fango y las aguas quedaron inutilizados. No hay suficiente cosecha para alimentar a la gente que vive de la agricultura. Estamos a un paso de la hambruna y de otras necesidades perentorias que, la familia boliviana, no podrá solucionar aunque recurra a la solidaridad internacional.
Empero, el desastre natural es sólo la punta del gran iceberg. Aún sumergido en el océano de la confusión, flota cada vez menos, el colosal témpano en que se ha convertido Bolivia. Un Gobierno corroído por la ingobernabilidad; una oposición respondona sin metas ni visión nacional y una mayoría de frustrados que no comulga con ninguno de los dos bandos.
El Gobierno tipificado por moros y cristianos como una administración sin gestión, activa sólo el ala política de su gabinete. El resto, integrado por ministros del área económica y productiva, hace el papel de segundón. El sector de Hidrocarburos va de fracaso en fracaso. Instancias como YPFB son manejadas por operadores ineptos, desconocedores absolutos del oficio. El Ministerio de Relaciones Exteriores es eco casi exacto de la influencia chavista. Su artillería “ideológica” contra el Embajador de Estados Unidos es obsesiva, mientras comisiones oficiales y de la empresa privada buscan desesperadas un espacio para que Estados Unidos amplíe los favores arancelarios del ATPDEA indefinidamente. ¿Quién entiende esta puesta en escena?
En el área económica, sus ejecutores falsean cifras; despistan a la opinión pública sobre la inflación real y el posible desastre de la economía, sin aprovechar los excelentes precios de hidrocarburos y minerales. Para sostener todo este distorsionado andamiaje, el Gobierno impone movilización de masas en nombre de un hipotético cambio; cerca con ellas al Parlamento y a sus enemigos políticos. Amenaza utilizar las Fuerzas Armadas, como si éstas fueran un partido cogobernante y los militares el brazo armado del MAS. Sumemos a esta patética imagen un Poder Judicial arrinconado; un Poder Legislativo, bicéfalo con ópticas diferentes, antagónicas. Es decir, los tres poderes del Estado sin cumplir con la bolivianidad.
A la oposición no le va mejor. Carece de líderes y si los tiene, son regionales sin visión de país. Los partidos de oposición carecen de norte. Continúan bajo el influjo de su derrota como sistema y no despiertan a la nueva realidad. No podemos esperar mucho de ellos, como se constata en la actividad parlamentaria y regional.
Esta es a grandes rasgos la crisis del Estado boliviano ¿Cómo saldremos de ella? Bastaría reunir a los bandos en discordia; plantear una alianza que vaya más allá de los intereses políticos. En otras palabras, el Gobierno debería auscultar la posibilidad de un cogobierno con la oposición, bajo el único pendón que nos interesa: la unidad y el progreso de Bolivia. De lo contrario, la crisis del Estado acabará con lo poco que resta, incluido el actual Poder Ejecutivo. (www.hechosyrostros.com)