Incremento de cocales
No se conoce con certeza el número de hectáreas de hoja de coca que existe en territorio boliviano, porque en tanto el Ejecutivo da una cifra, el Departamento de Estado de EEUU menciona otra cantidad que da cuenta del incremento de las plantaciones de la hoja. Lo cierto es que actualmente la Ley 1008 establece que 12 mil hectáreas de coca son legales, otras miles son consideradas excedentarias y otras sometidas a la erradicación forzosa, lo que generalmente no se cumple. Pero el Gobierno busca legalizar 8 mil hectáreas más, es decir llegar a 20 mil hectáreas, con la finalidad de beneficiar a los cocaleros del trópico cochabambino, porque la ampliación de los cultivos será en la zona del Chapare.
El pasado viernes el Departamento de Estado expresó su preocupación por el aumento de plantaciones de coca de Bolivia y Perú, a diferencia del Ecuador que sí esta llevando adelante una lucha frontal contra el narcotráfico. En nuestro caso, existiendo una norma legal que fija la cantidad de hectáreas de cultivos de coca, se tiene que evitar los que son excedentarios e ilegales, con sanciones a los infractores. De nada sirven programas y proyectos para erradicación de los cocales ilegales si en otras zonas aparecen nuevos. Si no son sancionadas todas aquellas personas que infringen la norma, será difícil alcanzar las metas establecidas en dicha tarea.
En cuanto a las tareas de interdicción contra el narcotráfico, en Bolivia están dando golpes muy fuertes a los narcotraficantes las fuerzas especiales de lucha contra esta lacra de la sociedad, pero se descuida la venta callejera de drogas ilícitas en las diferentes ciudades del país, porque sobre todo en las principales capitales de departamento existen mafias que venden al raleo y lo hacen en las inmediaciones de establecimientos educativos, con la finalidad de incluir a niños y adolescentes en el círculo de drogodependientes. De ahí que el consumo, tanto de cocaína como de marihuana, en los más jóvenes se está incrementando de manera alarmante, por falta de control riguroso, lo que está dando lugar al crecimiento de las zonas rojas, que es donde son comercializados estos productos todo el día.
Según informaciones oficiales la elaboración de cocaína y de clorhidrato ha mermado, sin embargo existe mayor cantidad y eso queda demostrado con las incautaciones que se realiza periódicamente. También se afirma que la droga prohibida procede del Perú, entonces se debería ampliar el control de esas sustancias en las fronteras, además de hacer un muestreo para conocer datos sobre el consumo de drogas prohibidas y el número de personas perjudicadas. Aquellos cultivos ilegales descubiertos no sólo deben ser destruidos sino buscar a los propietarios de los terrenos cultivados, así como a los que trafican drogas en las calles de los centros urbanos.
David T. Johnson, subsecretario de Estado para Narcóticos Internacionales de los Estados Unidos de Norteamérica, al referirse a los productores de coca de Bolivia, expresa que se están amparando en “una identidad cultural y orgullo nacional” para resistir los intentos de erradicación y están avanzando. Además dice que los “traficantes explotan el tema en beneficio propio”. Menciona específicamente al presidente Morales Aima como motivo de “preocupación por la forma en que ha articulado su política antidrogas, ya que puede incrementar el cultivo ilegal de coca”. Este criterio tiene que ser motivo de reflexión del Ejecutivo.
Dicho informe revela que Bolivia es el tercer país productor de coca en el mundo, con una producción de 115 toneladas métricas, después de Colombia y Perú. Ante esta realidad lo que corresponde a los gobernantes es radicalizar la lucha contra el narcotráfico, porque a mayor control a la producción y comercialización de coca, la elaboración, comercialización y consumo de cocaína será menor, lo mismo que con la marihuana, razón más que suficiente para endurecer la lucha contra este flagelo de la humanidad.
El tratar de incrementar el número de hectáreas de coca legal constituye una precipitación, porque no se puede anteponer a las necesidades de un país los beneficios de un grupo de agricultores afines al gobierno y al Movimiento Al Socialismo (MAS). En lugar de hacer esos estudios las autoridades deberían fortalecer la lucha contra dicho mal, porque peligrosamente la producción de coca aumenta, lo mismo que el consumo de cocaína, marihuana y otras drogas prohibidas.