Cuando se aprobó la disposición convocando a conformar la Asamblea Constituyente y, mucho más, conocidos los resultados sobre los elegidos para actuar como miembros de tan alto tribunal, surgieron los temores de hacer imposible cualquier resolución para culminar el trabajo encomendado que fue pensar, estudiar, redactar y proponer un nuevo texto constitucional; pero, también se pensó – dentro de todo lo positivo que debería esperarse cuando se trata de los intereses de la República – que la Constituyente podría convertirse en medio de unidad e integración, en un foro donde puedan debatirse todas las posiciones y que, finalmente, se concuerde en los procedimientos y en los resultados finales. Lamentablemente no fue así y, al contrario, se presentaron las posiciones más divergentes y los criterios más dispares tan sólo para aprobar un simple reglamento de debates que tardó algo más de siete meses en concretarse.
Como sostuvimos en anteriores artículos, la Asamblea Constituyente nació “envenenada” por las trampas adosadas antes de la convocatoria y durante el desarrollo de ésta. Terratenientes y sectores colonialistas de la sociedad boliviana que pretenden perpetuar la Bolivia dividida entre los detentadores del poder, y los sectores pobres...
“Viento del Sur, moreno, ardiente, llegas sobre mi carne.” Federico García Lorca.
El viento no calla nunca
“El aire es aire en el aire / y el viento, viento en el viento”, nos dice el poeta gaditano Miguel Martínez del Cerro, y con el donaire del poeta granadino Hurtado de Mendoza, podría decirse:
La Constitución Política del Estado en actual vigencia dice en su Art. 4 inc. I) “El pueblo delibera y gobierna por medio de sus representantes y mediante la Asamblea Constituyente...” y en su Art. 232 dispone que la Reforma total de la Constitución Política es potestad privativa de la Constituyente.