Bolivia, 17 de noviembre de 2007
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Homenaje al Departamento del Beni

El departamento del Beni fue creado por Decreto Supremo de 18 de noviembre de 1842, durante el gobierno del general José Ballivián, quien en los campos de Ingavi ha escrito con sangre la página más brillante de nuestra historia. La batalla de Ingavi es ejemplo de capacidad y de coraje, es plegaria que eleva el espíritu nacional con las luces de la fe y la esperanza. Después de aquella brillante victoria es cuando la gloria del vencedor comienza a irradiar vivos destellos que iluminan el glorioso pedestal de su inmortalidad.

Su fama legendaria, su reconocida audacia y los fecundos recursos de su ingenio, hicieron del romántico guerrero el verdadero paladín de la causa nacional, convirtiéndolo a la vez en la viva encarnación de las virtudes de un pueblo altivo.

Su nombre es una clarinada de civismo, su ejemplo estimula al sacrificio, es faro que iluminará por siempre los derroteros que deben seguir las juventudes del país, guiados además por el deber, la abnegación y el patriotismo.

Han transcurrido 165 años desde la gloriosa victoria y no obstante el eco de su valerosa proclama aún vibra con relieves de actualidad en la mente de sus compatriotas. Durante 165 años, por la veneración popular, el grandioso paladín sin estatuas ha llegado al bronce de la gratitud y permaneciendo en el espíritu del pueblo su imagen, vive ella como objetiva lección de nuestra historia.

Los nombres de Ballivián y del Beni están íntimamente ligados porque para el heroico General el Beni fue su “Bienamada” tierra, e hizo por ella todo cuanto pudo para sacarla de su estado de abandono, pues con la proclamación de la independencia, esa zona pasó a formar parte del Departamento de Santa Cruz, donde apenas constituía una región olvidada. El territorio de Moxos únicamente sonaba cuando en los días de agitación revolucionaria se acordaban de su existencia para alejar allí a los enemigos del régimen imperante. La desatención y el desamparo, las epidemias, la miseria, las enormes distancias y la falta de comunicaciones la habían convertido en tierra de leyenda y de honor.

Un día ese abandono con impaciencia el General reavivó su interés por el mejoramiento de esa región, iniciando su plan de acción con un decreto que aliviaba la suerte de los mojeños. Luego en la misma fecha en que se conmemoraba el primer aniversario de la victoria de Ingavi, el 18 de noviembre de 1842, erigió en departamento a la provincia de Moxos, a Caupolicán y Yuracares. Su capital debía ser la ciudad de Ballivián. Con la que había proyectado fundar el Alto Beni, cerca al pueblo de Reyes, con el correr de los años ha sufrido modificaciones. Hoy la capital es Trinidad, bella ciudad que debido exclusivamente al esfuerzo de sus hijos, aunque muy lentamente continúa por los caminos del adelanto. Quienes han tenido la suerte de vivir allí saben lo que es el sentimiento nacionalista del pueblo beniano, conocen sus inquietudes, su espíritu de trabajo, su abnegación, su valor y su patriotismo.

No podemos referirnos al Beni sin hacer mención especial a Riberalta, flor del jardín tropical situada en la confluencia de los ríos Beni y Madre de Dios, cuya belleza se agita con sus crepúsculos y las aguas de esos ríos se confunden con la tierra y las nubes, dando al paisaje una majestuosidad impresionante.

Como no sucede en otras latitudes, en el Beni se influye y se siente el misterioso embrujo de la selva, el hechizo que aprisiona y avasalla, convirtiendo al hombre en parte de ese mundo, en parte de esos bosques, de sus ríos y de estas praderas de virginal frescura. El beniano, como producto de ese medio, es de temperamento apacible, afectuoso, rudo para el trabajo, bonachón, de mucha simpatía. Sus mujeres tienen el encanto de su naturalidad sencilla, vivaz, llena de dulzura; son trabajadoras y hospitalarias. En fin, todos son alegres amantes de la misma, que no tiene la melancolía de los pueblos que aparecen vencidos y que viven desesperados, prendidos a su atavismo.

En una época en la que ya no se puede vivir de lirismos, es urgente y necesaria la preocupación por incorporar plenamente de una vez estas fértiles regiones a la Patria; vincular las extensas llanuras, serpenteadas por caudalosos ríos, con los centros urbanos más importantes del país.

Sus provincias, zonas tan productiva como Reyes, Santa Ana, Magdalena, San Joaquín, Baures, Guayaramerín y tantas otras, tienen gran capacidad para asentar allí millones de pobladores, en vastas y exuberantes llanuras, aptas para mantener ganadería en ingentes proporciones.

Para no permanecer en un marasmo agobiador y a fin de que el Beni alcance su verdadero desarrollo, es urgente y necesario que las autoridades del Gobierno continúen el trabajo hasta la terminación de la carretera La Paz – Beni – Pando, que será como la columna vertebral de un organismo humano, sirviendo para la definitiva integración nacional, que tanto anhela el pueblo de Bolivia.

Con las banderas desplegadas al viento y al son de los clarines (de Ingavi), que tantas veces celebraron el triunfo de las armas nacionales, en esta fecha de gloriosa recordación saludamos al diáfano sol de noviembre que ilumina la feliz alborada del 18, convertido en el día cívico de doble significado, por conmemorar en la misma fecha dos acontecimientos históricos de gran trascendencia: la Batalla de Ingavi y la fundación del hermano departamento del Beni.

Trinidad, su capital, cuenta con la Universidad Técnica del Beni, que alberga a muchos estudiantes del interior de país, con otras universidades como la Univalle, Udabol, e Instituto de aprendizaje a nivel nacional, asimismo la Normal Superior del Beni para sacar maestros a nivel profesional. Contamos además con buenas carreteras como la de Trinidad - Santa Cruz. Por último, que los gobernantes que hoy dirigen los destinos del país, inspirados en el genio y las virtudes ciudadanas del gran capitán, dicten medidas que favorezcan el adelanto de este jirón patrio, para que no siga indefinidamente olvidada y postergada.

Olny G. de Aguilera

Presidenta del Círculo Cultural

Femenino de Alto Obrajes

- Genoveva de Zambrana

 



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