El comandante quiere hacer la guerra
Samuel Mendoza
Aunque hay gente en el Gobierno que, ingenuamente, considera que las declaraciones del presidente venezolano Hugo Chávez no constituyen una injerencia en asuntos internos de Bolivia sino, tan sólo, “una expresión de solidaridad con el pueblo boliviano”, lo cierto es que lo que dijo ese mandatario en Santa Clara, Cuba, el domingo pasado, 15 de octubre, en ocasión del homenaje que allí se rendía al tristemente célebre guerrillero argentino-cubano Ernesto Guevara (alias “el Che”) a 40 años de su derrota y muerte por nuestras Fuerzas Armadas en Ñancahuazú, fue, en términos y en leguaje militar, nada más y nada menos que una virtual declaración de guerra en Bolivia. ¿Contra quién? No lo sabemos; quizás contra fantasmas “oligarcas” que él asevera estarían conspirando contra el presidente de Bolivia, Evo Morales Aima, para derrocarlo y asesinarlo. La opinión pública venezolana (restringida en su libertad de expresión y opinión), la boliviana, sin ninguna duda, y, en general, la internacional, está más convencida de que don Hugo Chávez está cada vez más deschavetado.
Es preciso afirmar que, pese a los múltiples errores que está cometiendo desde su ascenso al poder en enero del 2006, incluyendo los últimos, tanto en las Naciones Unidas como en Chapare, enemistándose cada vez más con EEUU y su Embajador en La Paz, el Presidente Morales Aima está más firme que nunca, por cuanto, como se ha dicho hace pocos días, nadie quiere volver a los tiempos de las dictaduras, sean éstas militares o civiles, como fue la del MNR (1952-64). Se afirma y reafirma que la democracia, con todos sus defectos, que en realidad son muchos, es la mejor forma de gobierno y la mejor forma de vida de los pueblos, siempre que no la conviertan en anarquía y la libertad en libertinaje.
Por cierto que eso no lo comprende el señor Chávez que, se quiera o no reconocer, ya es un dictador en potencia que, como Adolfo Hitler, que quiso adueñarse de Europa en los años 30 hasta el 45, quiere ser dueño de América del Sur y más. No olvidar que Hitler no sólo pretendió conquistar toda Europa, sino también extender sus dominios a América y mandó a sus agentes a Bolivia para que estudiaran el país como punto estratégico desde el cual extender el fascismo. Lo mismo hizo el “Che” Guevara con el castrocomunismo. Ambos fracasaron. Pero ésta es otra historia.
Veamos ahora en qué se basa y a dónde quiere llegar el dictador venezolano al amenazar con una guerra en Bolivia. Dice que está “informado” de que hay un complot en marcha contra su amigo, al que despectivamente llama “presidente indio” Evo Morales, pero que , dijo textualmente, “si la oligarquía boliviana logra derrocar o asesinar a Evo, el gobierno venezolano, los venezolanos, no nos vamos a quedar de brazos cruzados”. Amenazando con mandar a sus ejércitos, advirtió a los “oligarcas” bolivianos que “tengan mucho cuidado” porque, agregó textualmente, “ese no sería, a lo mejor, el Vietnam de las ideas, de la Constituyente; sería entonces, a lo mejor, Dios (?) no lo quiera, el Vietnam de las ametralladoras, de la guerra”. Como no podía ser de otra manera, no perdió la oportunidad para acusar frontalmente al “imperio” (EEUU) de dirigir la conspiración contra Evo, de quien dijo que es “incorruptible” y que “tampoco es bruto”. ¿Qué habrá querido decir con eso? Seguramente que recién se ha dado cuenta de que Evo es inteligente y que, por ello, sigue fielmente sus instrucciones en Bolivia.
Simultáneamente, se ha informado desde Moscú y Caracas, que Hugo Chávez compró ya a Rusia 100.000 fusiles AK-103 (Kalashnikov) que, según se afirma, es uno de los mejores fusiles automáticos del mundo y arma de reglamento de 55 ejércitos. También compró más de 50 helicópteros, 24 aviones caza Sukhoi-30 y, por supuesto, gran cantidad de munición. Es más, ahora el mismo Chávez informa desde Santa Clara, Cuba, como para asustar más a los “oligarcas bolivianos”, que Venezuela instalará en el futuro muy próximo, una fábrica de municiones y de fusiles AK-103, lógicamente con el asesoramiento científico y técnico de los rusos que, de un tiempo a esta parte, se han convertido en los más vendedores de armas en el mundo, generalmente a regímenes totalitarios. Es como entregar fusiles a niños o a dementes para que hagan la guerra.
Chávez, en sus cavilaciones o peroratas de “Aló Presidente”, declara que quiere hacer de Bolivia un Vietnam donde impere la metralla y la guerra. Lo ha dicho en Santa Clara. Aparentemente, el mandamás venezolano quiere probar en Bolivia las armas que compra a Rusia y aquellas que piensa fabricar en su país, haciéndoles la guerra a los “oligarcas”. No otra cosa se puede pensar de sus amenazas. Para ello, ya tiene incrustado en nuestro país un ejército en potencia formado por supuestos alfabetizadores, médicos, ingenieros, instructores militares, banqueros, agricultores, expertos en hidrocarburos, asesores gubernamentales, tripulantes del avión venezolano en que se desplaza el presidente Morales, con guardia personal venezolana... Es decir que los venezolanos, junto con los cubanos enviados por el régimen castrista como médicos, forman ya un ejército castrocomunista chavista incrustado en nuestro país. Es más: este ejército es pertrechado, según testigos, noche a noche mediante gigantescos aviones Hércules que aterrizan en el aeropuerto internacional de Viru Viru trayendo, no precisamente, centenares de cajones de medicamentos o material educativo, sino armas y municiones.
Pero el presidente Morales se hace el desentendido, a sabiendas de que su colega, amigo, mentor y comandante Hugo Chávez, quiere hacer una “guerra al estilo Vietnam” en Bolivia, supuestamente para evitar que sea derrocado y/o asesinado por la “oligarquía boliviana”. Sus amenazadoras declaraciones en Santa Clara, constituyen una evidencia de su instinto belicoso que quiere descargarlo en Bolivia. Esperemos que la experiencia del “Che”, que vino, mató y murió, le sirva de ejemplo y que nuestras Fuerzas Armadas reaccionen antes de que sea demasiado tarde. El chavismo demencial puede ser contagioso. En Bolivia no queremos más sangre, ni odio, ni muerte. Queremos paz, desarrollo y bienestar, en democracia, justicia y libertad, Dios mediante.