En busca de una identidad de bolivianidad
Julio César Ríos Arrueta
El tema que se propone en el epígrafe, desde hace mucho tiempo ya ha sido preocupación no de pocos pensadores, sociólogos y políticos bolivianos, los cuales, en última instancia, han hecho especial énfasis en el carácter sociológico del asunto en razón a que el término “identidad” es una categoría básicamente sociológica.
En el contexto internacional, autores como el profesor español Manuel Castells en “La Era de la Información: Economía, Sociedad y Cultura”, obra que está constituida de tres volúmenes (I. La Sociedad Red, II El Poder de la Identidad y III Fin de Milenio) nos habla sobre la identidad y al respecto nos dice: “Por identidad (...) entiendo el proceso de construcción de una identificación simbólica que realiza un actor social atendiendo a un atributo cultural, o un conjunto relacionado de atributos culturales al que se da prioridad sobre el resto de las fuentes de sentido”. Así, muchos otros autores en el concierto internacional se ocupan del problema de la identidad como categoría sociológica y, en ese sentido, también podemos mencionar a Alberto Parasi y su obra “Nuevos Sujetos Sociales: Identidad y Cultura”.
Pero ya centrando nuestra atención en la coyuntura boliviana, reparamos en que el tema de la identidad vuelve a cobrar vigencia de forma vigorosa toda vez que evidenciamos el surgimiento singular de una diversidad de identidades, como ser: las sociales, étnicas, culturales y las regionales, las mismas que juegan un papel importante en el comportamiento político generando una polarización peligrosa en la vida social, política y económica del país, más aún si tomamos en cuenta que dichas identidades apuntan a un criterio exclusivista, cerrado, susceptible de llevarnos, inclusive, hacia una visión nihilista de la categoría Estado.
Ahora bien, se señala que el origen de la construcción de identidades comúnmente está ligada al reivindicacionismo, pues sólo con él o a través de él se puede hablar de una construcción de identidad legitimada. Sin embargo, cabe hacer notar que cuando se generan muchas identidades en un Estado determinado, se puede llegar a la fragmentación del mismo, con criterios individualistas o egoístas de cada fragmento de identidad definida y esto hace posible que el Estado implícitamente desaparezca o corra el riesgo de desaparecer, pues, en última instancia, no habrá una identidad prima que integre la fragmentación, como bien podría ser la construcción de una identidad nacional sólida.
Entonces de lo que se trataría es de buscar dar primacía a una identidad nacional como puede ser la de bolivianidad a efectos de frenar una fragmentación o división del Estado boliviano. Porque lo que vemos en la actualidad es que, contrariamente, las identidades étnicas, de movimientos sociales, o las identidades de región o regionales están generando gran divergencia entre todos los bolivianos a partir de concebir objetivos disímiles cuando se debiera partir primero de un objetivo común, cual es el de cohesionar o unir a todo el pueblo boliviano en torno a un destino primordial único, como bien puede ser, entre muchas otras cosas, lograr un desarrollo económico sostenible.
No es que estemos en contra de la construcción de identidades diversas en Bolivia, pero sí estamos en contra de que se antepongan dichas identidades a una identidad principal, cual debiera ser la identidad de bolivianidad por encima de cualquier otra identidad reconocida y admitida por el Estado. Porque, no cabe duda, la convergencia y no la divergencia de los esfuerzos es la única garantía sólida para alcanzar el éxito en cualquier emprendimiento.
La situación de construcción de nuevas identidades en Bolivia se dirige a una diversificación de las mismas, al parecer, apuntando siempre a la divergencia y disgregación del sentido de bolivianidad que debiera existir. Por eso, ante esa situación de alerta tan delicada y para terminar, creemos oportuno recordar los criterios de Stuart Hall, uno de los grandes teóricos de los estudios culturales, quien en la parte introductoria de su libro “Cuestiones de Identidad Cultural” se pregunta: ¿Quién necesita “identidad”? A lo que él mismo responde que: “actualmente, en el marco de la globalización de mercados y los intercambios, y el desdibujamiento de las fronteras, la cultura es un elemento importante en la definición identitaria”. Así, manifiesta que “la ‘crisis de la identidad’, o sea la declinación de las identidades distintivas de género, sexualidad, etnicidad, raza y clase, que fragmenta al individuo moderno como sujeto unificado, se relaciona con los cambios más generales que afectan a las sociedades de nuestros días y los vínculos que los individuos mantienen entre sí, con las instituciones y consigo mismos”.