¿Qué es la Bioarquitectura?
Cristian Garvía Araoz
Una de las necesidades básicas a las cuales la existencia del ser humano debe hacer frente es el problema de la vivienda. Aun cuando no se trate de una necesidad biológica como la alimentación o el sueño, es inimaginable concebir una sociedad humana sin alguna forma de albergue, sea éste transitorio o permanente. En efecto, un domicilio es tan vital para la constitución de un núcleo familiar como para el correcto funcionamiento de una sociedad, pues es en tal espacio físico que las personas pasarán en general el mayor tiempo de su vida.
Y actualmente, cuando las grandes aglomeraciones urbanas hacen de los espacios públicos un ambiente totalmente impersonal, con escasas prestaciones de recreación y relajamiento, se comprende, pues, por qué la vivienda viene a ser el natural contrapeso de tales carencias. Es así como se desarrolla a fines del siglo pasado la “Bioarquitectura”, una respuesta directa a los principales problemas que atraviesa el planeta: diversos tipos de contaminación, dependencia energética y alimenticia.
En general debemos entender el término como toda aquella manifestación o producción arquitectónica que reproduzca o se valga de principios biológicos o físicos para la edificación, así como toda construcción que utilice materias primas renovables, naturales o biodegradables. Entonces, más que los materiales con los que se haya construido una casa, son la concepción global del funcionamiento y de las prestaciones de la misma (principalmente autosuficiencia energética) las que harán de ella una casa “ecológica”. En sus versiones más “radicales”, los bioarquitectos llevan todavía más lejos el concepto de integración en el ambiente y se valen de elementos biológicos clásicos o de sus derivados (madera, paja, piedras o adobe), para la confección de las habitaciones, y eventualmente para la decoración de interiores, lo que además de reducir en general considerablemente los costos de construcción, logra un efecto paisajístico singular al conseguir una fusión con un ambiente natural.
Si bien este tipo de viviendas como perdidas en una apacible pradera de otro tiempo pudiera ser para muchos un ideal de estilo de vida, lo cierto es que en las actuales aglomeraciones sociales no es posible, al menos en el corto plazo, aspirar a sustituir los nuevos estilos ambientalistas por las grandes superficies de estilos urbanísticos funcionales pero poco ecológicos –y según la opinión de muchos hasta inhumanos. Pero si contar con una casa aislada del ambiente y disfrutar del paisaje que proporciona una vivienda enclavada en un medio natural es más bien un privilegio, al menos hoy en las grandes ciudades se podría disfrutar de otras ventajas, distintas a las del paisaje, que igualmente pueden hallarse en tales idílicos ambientes, como bajos niveles de contaminación acústica o polución atmosférica.
Sea con el empleo de aislantes sonoros como el adobe, la utilización de vidrios dobles, y en lo posible la correcta orientación de ventanas y puertas respecto de la irradiación solar en invierno, o la transformación de jardines ornamentales por pequeñas áreas de cultivo artesanal, son pequeñas estrategias que se puede colocar en marcha en los nuevos conjuntos habitacionales que se pudiera construir.
De hecho, actualmente en Europa existen en plenas zonas urbanas numerosas viviendas que, habiendo sido diseñadas y construidas bajo los cánones estándar del siglo pasado, se han convertido en habitaciones prácticamente “autosuficientes” en términos energéticos y de producción de alimentos para reducidos núcleos familiares, siendo el agua el único elemento vital del cual realmente no pueden premunirse de forma independiente.
Tal principio de autonomía consiste, pues, en producir alimentos variados (principalmente verduras), y sobre todo abandonando la electricidad proporcionada por el tendido público, y disminuyendo o directamente suprimiendo el consumo de hidrocarburos, llegando eventualmente a consumir leña para la preparación posterior de los alimentos a partir de los propios. Incluso existen intercambios de bienes y materiales ecológicos entre las diferentes viviendas, estableciéndose una red que permite suplir entre ellas determinadas carencias. La buena noticia es que existe conciencia de que las ventajas de la Bioarquitectura no son una expresión más de desgastados ecologismos radicales, sino una solución sencilla y factible para bien vivir sin abandonar las ventajas que nos proporciona la modernidad.