La adicción inconsciente
Ricardo Sanjinés A.
A medida que transcurre la vida, aumenta la inconsciencia sobre el grave problema de las adicciones y los daños colaterales. Son más las personas que consumen drogas, hay más facilidad para conseguirlas, la percepción del riesgo es muy baja, los consumidores pasan desapercibidos y siguen haciendo sus vidas en aparente normalidad.
En el ámbito legal, el ser humano usa cotidianamente una variedad de sustancias que afectan su cerebro. Pongamos el caso del profesional o el oficinista que consume cafeína con leche en el desayuno, nicotina a lo largo de la jornada, alcohol al anochecer en dosis que aumentan potencialmente los fines de semana, mientras la esposa apela a tranquilizantes o somníferos que le ha recetado el médico.
La gente se ha vuelto indiferente frente a las drogas, aumenta el número de jóvenes que las consumen y de niños tentados por amigos o la curiosidad, mientras los ‘dillers’ hacen su vil negocio en las cercanías de los colegios de La Paz, Santa Cruz o Cochabamba. Al parecer, los contenidos de las campañas de prevención han caducado, los padres de familia se muestran impotentes, los Estados se dispensan de hacer su parte y el alerta ha quedado bajo la buena voluntad del sector privado o las iglesias.
La adicción a las drogas es una enfermedad que tiene su origen en el cerebro, es crónica, progresiva y genera dependencia síquica. El que la padece siente una necesidad imperiosa de consumir droga o sufrir un colapso emocional. Genera problemas físicos, psicológicos, sociales y, desde luego, económicos. El adicto privilegia el consumo, modifica su comportamiento adecuándolo al impulso irreprimible de experimentar los efectos síquicos de la droga o evitar el malestar producido por la abstinencia.
Por lo general los adictos no son conscientes de la enfermedad que los aqueja. Si lo fueran e interrumpieran el consumo para desintoxicarse, el tratamiento consiguiente durará toda la vida, porque tras una pequeña caída, una mínima dosis los devolverá a la adicción. El adicto lo seguirá siendo mientras viva y si se rehabilita será un adicto en remisión. Por eso la prevención es fundamental, motivando a los jóvenes para decir NO A LAS DROGAS.
Prevenir informando que las drogas alteran el organismo al ejercer acción psíquica sobre el cerebro, produciendo dependencia y trastornos del sistema central que modifican el juicio, el comportamiento y el ánimo de las personas. Tranquilizantes, somníferos, alucinógenos y estimulantes están destruyendo las familias, células fundamentales de la sociedad.
Diversas encuestas realizadas en Bolivia y otros países de la región coinciden en calificar a las drogas como uno de los cinco problemas más acuciantes de la vida moderna. Hasta hace unos años la gente vinculaba su consumo con la marginalidad, la miseria y la delincuencia. En el país era un problema de hippies y “k’olos”, de policías y hampones como Techo de Paja o Barbaschocas.
Los datos disponibles ahora muestran otra realidad. Las drogas son parte de la cotidianidad, en un medio cada vez más permisivo. La gente quiere creer que no sucede nada si se las consume, que las campañas de prevención son una pérdida de tiempo y la interdicción una pérdida de dinero.
Pero el problema va en aumento, involucrando a menores de edad y a más mujeres de las que uno puede imaginar. Diversos estudios -el Centro Latinoamericano de Investigación Científica es referencia obligada-, detectan que la marihuana experimentó un crecimiento “explosivo” en Bolivia, cuya mayor incidencia está entre 18 y 24 años. Los inhalantes empiezan a preocupar porque su uso muestra tendencias acentuadas a partir de los 12 años.
El consumo de cocaína fue notable en los años 90, bajó levemente con el cambio de siglo y tuvo un repunte considerable en los últimos dos años. La mayor cantidad de consumidores de clorhidrato tiene entre 35 y 50 años, en tanto la pasta base es consumida preferentemente desde los 18 años, aunque se registran consumidores de ambas variedades de cocaína desde los 12 años.
El alcohol es la droga de mayor uso en Bolivia. Si los usuarios de cocaína se contabilizan en decenas de miles, los de alcohol suman millones, se comienza a beber a los 12 años, los adictos son varones y mujeres, los consumidores van en aumento y no hay indicios de que esa tendencia vaya a modificarse. En relación con el tabaco se mantenían índices altos de consumo (cerca al millón de usuarios), considerándose a esta droga de mayor tolerancia en el país y sobre la que no se ejerce ningún control ni tarea de prevención
En términos generales se estima que entre 10 a 15 de cada 100 personas en el mundo tienen problemas con alcohol, tabaco, fármacos prescritos por médicos y consumo de drogas ilegales. Los especialistas coinciden en señalar que el problema va a empeorar en la medida en que el consumo de drogas en el Siglo XXI es un problema que ya no genera alarma sino indiferencia, mientras la adicción se protege con un blindaje de inconsciencia.