Bolivia, 11 de septiembre de 2007
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Visita a la Santísima Virgen de Guadalupe

Geraldine Gutiérrez

La ciudad más populosa del mundo, México - Distrito Federal, cuenta con infinidad de atractivos para visitar, tanto de tipo arquitectónico, como arqueológico y cultural. De todas maneras, uno de los primeros sitios en ser visitados por los turistas que acuden a esta ciudad, es la Villa de Guadalupe, donde se encuentra el famoso Santuario dedicado a la Virgen María en su advocación de Virgen de Guadalupe.

El origen de esta advocación se remonta al año 1531, cuando la Virgen de Guadalupe se le apareció a Juan Diego Cuauhtlatoatzin, un humilde indio mexicano, cuyo nombre en lengua náhuatl significa “el águila que habla”.

La primera aparición acaeció el sábado 9 de diciembre, muy temprano, cuando Juan Diego se dirigía a la misa sabatina. De improviso escuchó cantos de pájaros y voces que lo llamaban por su nombre, desde lo alto del cerro del Tepeyác. Una vez arriba, se encontró con una bellísima Señora, se arrodilló ante ella y escuchó lo que le decía en lengua náhuatl.

Ella se presentó como la Madre de Dios, pidiendo se levante un templo en ese lugar, para que a las personas que acudiesen pidiendo curaciones, remedio a sus tristezas, penas, miserias y dolores, ella los atendiera. Además, le pidió a Juan Diego fuera emisario de este mensaje ante el Obispo.

Cumpliendo el pedido, se dirigió a la casa de monseñor fray Juan de Zumarraga, y una vez frente a él le comunicó el mensaje que la dulce Señora le había dado, pero él asombrado por tan extraño mensaje pensó que sólo era imaginación del humilde indígena, despidiéndole cordialmente.

Ese mismo día por la tarde, cuando Juan Diego volvió al cerro, se encontró nuevamente con la bellísima Señora. Le explicó que el Obispo dudó de su testimonio y que sería mejor que escogiera otro mensajero, pero ella le pide que vaya nuevamente a ver al Obispo, para hacer conocer su voluntad de levantar un templo y que ella era la Virgen Santa María.

Al día siguiente, 10 de diciembre, Juan Diego vuelve a visitar al Obispo, quien le pide una señal para confirmar el mensaje, entonces se dirige otra vez al cerro para indicar a la Señora del Cielo lo que el Obispo le pedía. Ella lo cita al el día siguiente, para recibir la señal y ser portador del mensaje ante el Obispo.

El 11 de diciembre, día señalado por la Señora, Juan Diego no puede ir, ya que su tío Juan Bernardino, a quien quiere como a un padre, amanece gravemente enfermo.

La madrugada del 12 de diciembre, su tío viendo que le quedaba poco tiempo de vida, ruega a su sobrino que se dirija al Convento de Santiago Tlatelolco para llamar a un sacerdote que lo confiese antes de morir. Juan Diego sale rápidamente deseoso de cumplir con el pedido del tío.

Casi llegando al lugar donde aparecía la Señora, piensa que si se encuentra con ella se retrasaría, por lo que decide desviar por otro camino, pero la Virgen María sale a su encuentro y Juan Diego sin saber qué decir, se disculpa y le cuenta que estaba muy afligido por la enfermedad de su tío, a lo que la Madre de Dios le responde que no tema ni se aflija, que ella lo tenía bajo su amparo y su tío ya estaba sano.

En esos momentos, la bellísima Señora apareció ante su tío moribundo, dándole salud. La fe que demostró Juan Diego, al escuchar a la Virgen asegurando que su tío estaba completamente sano, hizo que él pidiera que le dé la señal para llevársela al Obispo y creyera en su mensaje.

María Santísima ordenó a Juan Diego a subir a la cumbre del cerro, para reunir y cortar variadas flores para llevarlas a su presencia. Ese lugar era árido, lleno de peñascos y tan frío que a veces hasta helaba, por lo que era difícil que allí pudiera encontrar un jardín con flores.

Cuando estuvo frente a la Señora del Cielo, ella tomó en sus manos las hermosas flores y las colocó en el hueco de la tilma de Juan Diego, indicándole que fuera a la casa del Obispo y no mostrara a nadie hasta llegar hasta la presencia de él.

Juan Diego una vez en la casa del Obispo Juan de Zumárraga, se hace anunciar pero los sirvientes lo hacen esperar mucho, no le comunican al prelado y curiosos desean ver lo que lleva en la tilma, pero sólo abre un poco y se logra ver bellas flores de las que emanan aromas maravillosos, al ver esto llaman al Obispo.

Juan Diego muestra la señal extendiendo la tilma, caen las hermosas flores y al mismo tiempo se ve admirablemente pintada la Imagen de María Santísima. Las personas presentes, el Obispo junto a su familia y la servidumbre quedaron emocionados, se arrodillaron, pidieron perdón prometiendo cumplir su voluntad.

El primer templo erigido fue una humilde ermita construida en tiempos del Obispo Zumárraga, que fueron mejorando los indios de Cuauhtitlan, quienes iban a sahumarla, barrerla con mucha devoción.

También por el enorme culto que recibía, tenía muchas limosnas y donaciones que ayudaban para su ampliación y mejoras, dando mayor espacio a la gran cantidad de peregrinos que acudían ante la milagrosa Virgen de Guadalupe.

Los templos que hoy se puede apreciar en la Villa de Guadalupe, son el Cerro del Tepeyac, otro donde vivió Juan Diego, el del Pocito, la Antigua y Nueva Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe. Esta última fue realizada en base circular con cien metros de diámetro, para que el mayor número de visitantes pueda participar de las celebraciones litúrgicas y apreciar la belleza del tejido de Juan Diego.

Casi en todas las calles de la ciudad de México D.F. podemos observar la imagen de la Virgen de Guadalupe, siendo venerada con flores o velas. De esta manera el pueblo mexicano demuestra la gran devoción que tiene hacia Nuestra Señora Santa María de Guadalupe, Patrona de México y las Américas.

 



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