Gobierno cambia reivindicación marítima por mar sin soberanía
Mario Ojara Agreda
En la época de las invasiones de los bárbaros, éstos invadían, saqueaban y se iban. Los bárbaros que nos invadieron el 14 de febrero de 1879 se quedaron, y ocuparon nuestro Litoral marítimo. Chile nació pequeño y pobre, creció, se desarrolló y es hoy el país latinoamericano más competitivo gracias a nuestro territorio y a nuestros recursos naturales. Bolivia por falta de una costa propia y soberana lidera el grupo de los 18 países más pobres del mundo. La reivindicación marítima es la reivindicación de la dignidad nacional. El pueblo decidió en el referéndum vinculante del 12 de julio del 2004 no vender ni una molécula de gas a Chile.
Si el presidente Evo Morales Aima acepta la propuesta chilena de mar sin soberanía y gasifica al invasor, puede ser sometido a un juicio de responsabilidades por traición a la Patria. El desafío nacional es restituir nuestros derechos históricos de Estado condómino y ribereño del océano Pacífico.
Gonzalo Sánchez de Lozada asumió el compromiso de construir un gasoducto de Tarija a un puerto chileno y dijo que reclamaría el mar cuando el mar se seque. El canciller Choquehuanca afirma que Chile “nos devolverá mar con soberanía de manera gradual”, pero nadie le cree. El Congreso nacional tiene la obligación de interpelar a dicha autoridad.
La agenda con Chile es una estafa, el bilateralismo ha fracasado como medio de solución del conflicto marítimo y es preciso recurrir a los foros internacionales. Los diplomáticos “originarios” deberían plantear nuestra demanda marítima en la OEA y en la ONU, sin miedo, sin complejo de inferioridad. La OEA ha aprobado 12 resoluciones que obligan a Chile a devolvernos una salida soberana y útil al mar por territorio que Chile nos usurpó, sin compensación territorial. El Gobierno masista debe exigir que Chile acate estas resoluciones que interpretan la voluntad política de los pueblos y gobiernos del hemisferio.
Mar con soberanía o nada, el Tratado de 1904 nos concede mar sin soberanía. Tenemos corredores hacia Arica, Iquique y Antofagasta, sin soberanía. Chile ofrece más de lo mismo. La Convención de Naciones Unidas a favor de los países desprovistos del Litoral marítimo, firmada el año 1966 concede a los 15 países del mundo que nacieron sin mar zonas francas, enclaves en arriendo o comodato, puertos con todas sus instalaciones, balnearios y todas las facilidades portuarias y de tránsito desde y hacia el mar para que estos países operen flotas navieras mercantes propias. Bolivia nació con mar y exige mar con soberanía. La invasión más perversa y dañina de la historia universal nos enclaustró.
Mar sin soberanía nos concede Argentina en Rosario, Brasil en Santos, Paraguay un puerto en Asunción, Uruguay en Palmira. La República del Perú nos ha concedido un puerto propio y soberano en la costa de Ilo. Hay que canalizar nuestro comercio exterior por Ilo y los otros puertos peruanos. Esta salida soberana al mar es olvidada porque el presidente Morales es aliado de Chile y quiere potenciar al invasor.
Los “rotos” son pícaros, ofrecen un “paquete chileno”. La reivindicación marítima es la reivindicación del mar boliviano, no del mar, no la reivindicación del mar peruano. El Jefe de Estado debería plantear un corredor con soberanía desde Bolivia hacia la bahía de Mejillones. En esta bahía podemos construir un megapuerto para abrirnos al mundo en esta era de la globalización y la expansión industrial.
Las negociaciones con Chile deben ser públicas, de cara al pueblo, con absoluta transparencia. El Congreso Nacional debería alzar su voz de rechazo categórico a la propuesta chilena de mar sin soberanía, poniendo en evidencia un alto grado de sensibilidad ética y patriótica. Mar sin soberanía nos dio Chile después de la invasión de 1879, mar con soberanía ha decidido el pueblo en un referéndum vinculante. Cambiar la reivindicación máritima por mar sin soberanía y un maletín demostraría que Bolivia está en venta.