Rechazo a intenciones divisionistas de Bolivia
Remy Solares Angulo
Todo boliviano debe exteriorizar su profunda preocupación por el futuro y existencia de nuestro país. El mariscal Antonio José de Sucre intuía el destino trágico de Bolivia cuando pedía conservar la integridad de la Patria por encima de todos los peligros. Este mandato no lo hemos cumplido por nuestras disensiones internas. Están prevaleciendo la codicia y la inconducta de algunos dirigentes departamentales.
En el fondo de nuestra historia trágica se tiene a políticos, en algunas regiones, carentes de civismo y de moral. Parece que esta tierra ya no es de los bolivianos. Quieren apoderarse de ella quienes han usufructuado del país, cuando gobernaron y lo tomaron como botín de un asalto.
Por el camino de las derrotas internacionales, de la anarquía interna, alentada por núcleos sociales de la oligarquía y los partidos mimetizados en agrupaciones ciudadanas, surge la terrible duda de la procedencia y el destino que aguarda a la República. A través de la duda se está sembrando los gérmenes de la disolución de nuestra nacionalidad. Lo grave es que esa incertidumbre la abonan periódicamente algunas personas que ofician de dirigentes cívicos y prefectos de conducta antinacional.
Son quienes con soberbia manifiestan que los que no están de acuerdo con sus determinaciones divisionistas se vayan y nos atengamos a las consecuencias. Los bolivianos nacidos en esta tierra no podemos admitir que alguien haga estas proclamaciones. Es deplorable la condición de los que asumen aquellas poses con soberbia desmedida.
Debemos tener la voluntad de hombres que configuren esta República como un mandato de la naturaleza, un designio de Dios para que pueblos disímiles y que no conocen su rumbo se den la mano desde su más remoto origen, incluso sin conocerse y marchen como hermanos de una misma causa colonial y republicana.
Bolivia ha emergido en la esfera del equilibrio y la armonía para representar un porvenir común para todos sus habitantes y tiene un rol de trascendencia permanente en el concierto sudamericano de naciones. Ahí está su fuerza y su grandeza. Ahí está la razón suprema de su indestructibilidad nacional.
Estas reflexiones nos conducen a formular una pregunta: ¿de dónde viene nuestra Patria y a dónde va? Somos una entidad republicana con elementos propios de vida y con un destino singular en América ¿o, por el contrario, como algunos piensan, nuestro futuro es el de la vieja Polonia o el retorno a alguno de los antiguos virreinatos coloniales de América?
Considero que se debe pugnar, en esta hora crucial, para orientar al pueblo hacia el camino de su unidad como deber imperioso.