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[Armando Mariaca]

Luego de 12 años del MAS en el gobierno, ¿qué se espera?


 

Ha transcurrido mucho tiempo desde enero de 2006, cuando llegó al gobierno el partido Movimiento al Socialismo (MAS) encabezado por el Presidente de la República y, además, presidente de seis federaciones de cocaleros del Chapare. Un tiempo en que tuvo la oportunidad de ser muy constructivo, realizador de obras y aglutinador de todo el pueblo; pero, será por la inexperiencia, por no saber cuál es la realidad, por ignorar cuánto de constructivo se necesitaba y no saber ni entender cómo y cuál debió ser el manejo económico-financiero del país, que esos doce años sean, simplemente, paso de los años con poco positivo y mucho negativo.

El gobierno, como ninguno en la historia del país, ha tenido la buena fortuna de disponer de medios financieros que, debidamente administrados, podían convertirnos en uno de los principales países de América Latina; se podía, en todo caso, luchar decidida y decisivamente contra los extremos de pobreza; pero, se convirtió ese tiempo en medio para sacar de la pobreza a muy pocos en detrimento de los que más padecen todo tipo de necesidades, empezando por salud, educación, vivienda, buena alimentación y, sobre todo, trabajo digno y honesto que permita solventar las necesidades y el crecimiento de las familias.

Lamentablemente, todo lo que podía ser no fue y ahora, lamentarse no tiene ningún valor; al contrario, todo lo pasado, los gastos de dinero que fueron fastuosos, las malas inversiones y el fracaso de muchas empresas creadas sólo al calor del populismo y la demagogia, han seguido los caminos del fracaso; analizar todo ello implicaría mucho tiempo y espacio en cualquier medio.

En los años pasados, anteriores al régimen actual, la característica de todo gobierno -dictatorial o constitucional- fue la excesiva pobreza del “Tesoro Público”; las exportaciones eran mínimas y los precios internacionales del petróleo, gas y minerales eran bajos; los gobiernos para sostenerse y cubrir necesidades del país tenían que conseguir préstamos de muy difícil trámite y pocos resultados. Todo ello, muchas veces aderezado por la ineficiencia y hasta corrupción no permitió dar pasos positivos.

Lo que se ha logrado en esos gobiernos del pasado fue asegurar que la comunidad internacional a la que debíamos mucho dinero, decida condonar o perdonarnos buena parte de esas deudas, que fue el comienzo para tonificar la economía del actual régimen; luego, esos gobiernos lograron que Brasil y Argentina firmen contratos para venderles gas con altos precios que, igualmente, facilitaron grandemente al actual régimen contar con un “colchón” muy grande de riqueza financiera; las materias primas como minerales y otros producidos por el país tenían cotizaciones altas y el auge que se empezó a vivir comenzó también con la elevación de precios de muchas materias primas.

Consecuentemente, el gobierno tuvo, casi durante diez años, auge financiero o disponibilidad de mucho dinero; pero le faltó institucionalidad con miras a planificar todo lo que debía hacerse, empezando por la administración económica, pero no tuvo la respuesta adecuada por parte de sus propios partidarios. No tuvo la precaución de contratar a los mejores profesionales y prefirió recurrir a quienes “debían aprender qué podía hacerse” y la mayoría de ellos fracasó en los intentos. Por otro lado, hizo lo que no debió, permitir que los odios y rencores, plenos de complejos, surjan para tomar revanchas de lo negativo que fueron tiempos muy pasados; se impuso, de algún modo, una división de clases con calificativos indebidos a quienes no compartían las políticas y pensamientos del gobierno y su partido; hubo dispendio de gastos y surgieron construcciones faraónicas sin ningún motivo ni justificación; se obró con sentido de partido único y sin mayor control porque, de algún modo, primó el complejo de que “nadie era más que el régimen y nadie podía interferir en lo que haga”; de este modo, los poderes que debían actuar independientemente, se anexaron para ser dependencia del gobierno; en fin, relatar todo lo ocurrido sería largo y, tal vez, inútil.

Ahora, luego de 12 años de gobierno, ¿qué hacer? ¿Qué espera el pueblo? Rectificar o corregir todo lo mal hecho, planificar la economía y los programas de trabajo del gobierno, combatir abiertamente a la corrupción, al narcotráfico y al contrabando; no mostrar condescendencias y exceso de comprensión con funcionarios que le hacen mal al Estado y al gobierno; dar garantías a la inversión foránea y a la nacional; suspender definitivamente las amenazas de nacionalizaciones, estatizaciones y otros que, como “espada de Damocles” penden sobre las cabezas de quienes querrían trabajar en el país, pero previas las garantías jurídicas que se respeten. El gobierno y su partido deberán trabajar tomando conciencia de país y vocación de servicio que, en 12 años, ha tenido mucho de negativo para el Estado. Finalmente, tener un mínimo de humildad y caridad consigo mismo y con quienes no piensan ni sienten igual que el MAS, pero que, en todo sentido, son hijos de la misma patria que no es patrimonio de pocos sino de todos los bolivianos. Todo sería posible con un mínimo de renunciamiento a la egolatría, la ambición de tener más poder, de entender que no siempre se puede vivir en los campos del error y menos del odio y la discriminación. Al gobierno y su partido le podría ir muy positivamente si quiere; de otro modo, seguir en las mismas sendas negativas por las que transitó durante doce años sería funesto. Finalmente, que Dios permita renunciamientos en pro del bien común y que la armonía, paz y acciones constructivas sean la característica de este tiempo.

 
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