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[Severo Cruz]

Germán Busch y el regionalismo


 

Con un discurso de contenido integrador asumió el Poder, en la década del 30, del siglo pasado, Germán Busch, uno de los héroes de la Guerra del Chaco.

“Basta a la politiquería y al regionalismo. Para los bolivianos, en adelante, sólo debe existir Bolivia, la Patria grande, la nación unificada y fuerte del futuro”, afirmó, categóricamente, el joven dignatario de Estado (1).

El presidente Busch menciona dos temas: politiquería y regionalismo. Pero cuando habla de una “Bolivia, la Patria grande, la nación unificada y fuerte del futuro”, se refiere, obviamente, al regionalismo, que ha confrontado siempre a los bolivianos.

Estuvo persuadido de que el regionalismo, malsano e incongruente, fue la fuerza interna que quebrantó la unidad del país, desde que Bolivia ingresó a la comunidad de las naciones libres, independientes y soberanas, de la región y del mundo, en 1825.

El regionalismo fue el síndrome que envenenó el alma de algunas regiones bolivianas. En este marco jamás hubo ni habrá armonía ni tolerancia para alcanzar “el progreso de la Patria”, tal como anhelaba el presidente Busch. Es que regionalismo significa divisionismo, intolerancia, confrontación y retroceso.

El regionalismo es una manifestación localista que no condice con el espíritu de unidad nacional. Una manifestación disociadora aún no superada pese que se han registrado grandes y profundos cambios en la vida política nacional. Particularmente en aquellas zonas geográficas con población de tez blanca, por un lado, y de tez morena, por otro. Es en estos lugares donde se advierte el regionalismo a ultranza. Por consiguiente: desbarata la posibilidad de aunar fuerzas y esfuerzos por el bien común.

Busch soñaba con un país integrado y unificado en la búsqueda de un futuro con desarrollo humano. Es decir con menos pobreza y mayor prosperidad, con mejores condiciones de vida y empleo digno. Y que ello significaría la dignificación de los bolivianos y la desaparición de privilegios que ostentaban pequeños grupos.

Es que algunas regiones no se complementaban ni aún se complementan, en desmedro de los supremos intereses nacionales. Existe una marcada suspicacia que aleja los objetivos tendentes a la construcción de una sociedad más justa, sin privilegiados ni marginados, sin discriminados ni maltratados.

El regionalismo le había motejado al presidente Busch como “el camba”. Por la sencilla razón de que él provenía del oriente. Por lo visto él había sufrido, en carne propia, el menosprecio del regionalismo.

En suma: los bolivianos estamos conminados a preservar la unidad nacional, sobre todas las diferencias regionales, por el bien común. En caso contrario, nuestra suerte será sumamente adversa.

(1) “La trágica caída de una dictadura – El suicidio de Germán Busch”. EL DIARIO, La Paz-Bolivia, 6 de agosto de 1975.

 
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