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Fuga de talentos profesionales

Fernando Saúl Bascopé Revuelta

 

Codificación es formar un cuerpo de leyes metódico y sistemático por entendidos en la materia, en este caso por abogados jurisconsultos con vasta experiencia, no es meterle nomás, así reza el dicho: “zapatero a tus zapatos”. Un Código Penal en todas partes del globo terráqueo es simplemente el cuerpo de leyes que establece, en forma general, los delitos y las penas que se debe aplicar a los autores transgresores para, ulteriormente, ser juzgados de acuerdo con el trámite procedimental.

Por otro lado, el ser humano desde que nace es político por excelencia, en todo momento hacemos política social, política religiosa, política económica, política partidaria y otros; no hay apolíticos, sólo hay apartidistas. En este conflicto con el sector médico el apoyo del pueblo es general, se puede ver a moros y cristianos. Cualquier ser humano puede apoyar y solidarizarse con reivindicaciones sociales, este es un derecho internacional. No se puede silenciar la voz del pueblo y la protesta del sector de salud por lo que ellos consideran que son disposiciones legales injustas, vejatorias y violatorias de la Constitución Política del Estado. La solución sin condiciones está únicamente en la voluntad del gobierno.

En la ley universal del derecho, jamás puede existir doble sanción por un mismo delito, peor aún triple sanción, esto es una aberración jurídica, que se contrapone en forma flagrante con los artículos 46 y 117 de nuestra Carta Magna, además confundiendo y entremezclando la figura del resarcimiento del daño civil.

Lamentablemente, los artículos 204 y 205 de la Ley 1.005, del mentado Código del Sistema Penal son un insulto a la inteligencia hasta del más lego de los ciudadanos y con mayor razón para los profesionales del derecho. Cómo es posible que un Código Penal, que tiene que ser general, penalice el trabajo de todos los profesionales y, en particular, de los profesionales médicos y ramas anexas de la salud, al convertir las faltas y contravenciones de denegación de auxilio y la mala praxis en delitos penales. Esto es inconcebible. Estas contravenciones deben ser tratadas en un reglamento o en una ley integral de salud.

Qué profesional médico o su análogo podría actuar con temeridad criminal. Por el juramento hipocrático, ellos están llamados a salvar vidas. Así llegue a sus manos su enemigo más acérrimo, tienen la obligación de salvar la vida de éste. Los que cometen asesinatos, homicidios y otros delitos con temeridad y alevosía, lo hacen por causas planificadas, y en muchos de los casos creen que serán beneficiados con el deceso del occiso; mientras que en otros casos son involuntarios, por accidentes, generalmente de tránsito o por emoción violenta, pero todos ellos caen en el campo penal y son juzgados penalmente.

La palabra de un jefe de Estado, cualquiera que sea la forma en que se produzca, tiene suma importancia y autoridad para considerarla según la trascendencia de sus conceptos. No se puede lastimar los derechos e intereses del sector de salud, ni de ningún otro sector. Es oportuno enmendar con inteligencia estos errores.

Por la paz social de Bolivia, deben ser modificados en su contenido íntegro los artículos 204 y 205 del Código del Sistema Penal y abrogado el Decreto Supremo 3.385, el cual es atentatorio y mella la dignidad de los profesionales, tanto del sector público como privado, de los entes gestores de la Seguridad social.

Quién no ha sido atendido alguna vez en su vida por un galeno, quién no ha perdido algún familiar por circunstancias de la vida, ya sea porque el organismo del paciente colapsó o porque el hospital o la clínica no tiene el equipamiento adecuado y moderno, acorde con la cibernética para alargar o salvar las vidas de los pacientes. Todo eso debe ser analizado y no al calor de las circunstancias echar la culpa al cirujano. La profesión del médico es noble y sacrificada. Los galenos jamás pueden obrar con dolo; es decir con mentiras, engaños o simulación; tampoco pueden a propósito actuar con culpa, con el deseo o la intención de inferir daño a sus pacientes. Existe, en casos aislados, impericia, imprudencia, descuido o negligencia; solo son humanos no dioses. Qué hogar boliviano no tiene familiares o amigos médicos o trabajadores del sector salud. Por la falta de seguridad y presión en su trabajo y por estar mellada su dignidad profesional, quieren irse al exterior y abandonarnos. Evitemos la fuga de talentos profesionales, escuchemos la voz del pueblo, dejemos de lado la terquedad y los caprichos, aún es tiempo.

Todo profesional merece respeto por el solo hecho de haber estudiado en libros grandes y letras pequeñas. Son académicos graduados de las universidades y merecen consideración, en caso contrario… Dios salve a Bolivia.

El autor es abogado DAEN.

 
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