[Mauricio Mamani]

La coca: de lo sagrado a la folklorización


 

La población boliviana sabe que la hoja de coca en el pasado era sagrada, por la misma razón muchos de los cientistas sociales que estudiaron el tema la denominaron “hoja sagrada de los Incas” y otros mama coca, Inal mama y archi tónico del reino vegetal. Desde tiempos inmemoriales hubo defensores y detractores de esta planta, hasta nuestros días.

En primeros estudios sobre este tema hemos mencionado la existencia de la hoja de coca desde hace 3.000 años antes de Cristo. Aún no está definido el origen. Pero otros autores al respecto dijeron que la coca existió 5.000 años antes de Cristo. “La planta de coca más antigua de este periodo está conservada en el Museo del Campo de Chicago”. (J.C. García Hoyos 2007:188).

Sorprende que en el Incario hubiera muchas restricciones sobre los cultivos y el consumo de la hoja de coca; posiblemente se referían a las variedades, la calidad para la elite y la que sigue para el pueblo. Había solo dos variedades bien definidas: la tupa kuka y mumus kuka. Sin embargo, estudios de botánica revelaron 250 plantas de la familia de los Eritroxiláceos, de los cuales hoy se conoce 36 especies del género Erythroxylon, como las domesticadas y distribuidas en diferentes aéreas geográficas de Sudamérica. ¿Cuántas variedades de coca existen en Bolivia? Al respecto, desde las autoridades gubernamentales hasta los mismos cocaleros del Chapare de Cochabamba y de los de Yungas de La Paz no las conocen. Los pocos cocacultores del pasado sabían, pero al morir no dejaron su sabiduría a sus descendientes. Los actuales son colonizadores altiplánicos, expertos en el cultivo de la papa y manejo de sus variedades e ignoran totalmente el cultivo técnico de coca.

La coca era sagrada porque formaba parte de la religión andina. El pijchu o acullico en su inicio lo compartían con sus dioses tutelares por intermedio del kuka-k´intu y se concluía con el manejo cuidadoso del Xach´u, no se lo botaba en cualquier lugar, se lo enterraba en la tierra o se lo dejaba en sitios especiales. Algunos indigentes lo guardaban con mucho cuidado para hacerlo secar y luego repetir el acullico en otra oportunidad.

Se cuidaba la coca en prendas especiales, como wallqipu y kukatari y jamás la usaban de guirnalda en actos festivos. Amontonaban la coca a la vista del público, utilizaban el walqipu para llevar coca en sus viajes, oculta dentro de sus prendas y no la colgaban en el pecho en vez de corbata, como lo hacen hoy. No hay el protocolo del acullico, que en el pasado tenía sus propias normas. Todas esas falsas demostraciones en público son una folklorización de lo sagrado, con vías a lo profano.

La hoja de coca se encuentra prisionera en la lista 1 de la Convención Única de 1961 de las Naciones Unidas, por culpa de políticos ignorantes que tenían en mente falsos conceptos sobre la coca. Por todos los males de los pueblos indígenas de esa época se culpó a la coca. Y por desgracia los investigadores científicos también cometieron el error metodológico por no conocer la cultura del acullico. Por falsos resultados fue acusada de estupefaciente. La coca es prisionera por culpa de la ignorancia y la mentira.

En la actualidad, los que se autodenominan defensores de la coca se taquean hojas en la boca en cualquier momento; como las ovejas con alfalfa. Y las hojas mascadas son arrojadas en cualquier sitio. Esas falsas demostraciones ocurren en las ciudades y en el área rural ha disminuido su consumo. Las actividades agropecuarias en el pasado exigían mucha mano de obra y el acullico era muy importante; hoy por el avance tecnológico ha cambiado el sistema, es poco el trabajo manual. Además todos conocen que los cocacultores para combatir las enfermedades de este vegetal utilizan agroquímicos. En los Yungas sus productos preferidos ahora son: Tamaron, Murelle, Estermin, Caporal, Roundop y Glifosato, comercialmente conocido como Roundop. En Chapare, los agroquímicos de moda son: Redimil, Explosive, Tocoron y Chagras. Y otros mantienen en secreto, pero hablan algo de Caporal.

Los andinos siempre fuimos geófagos, consumíamos la Phasa (arcilla comestible-sulfato de aluminio), hoy casi han dejado de consumirla, considerándolo producto de ignorancia. En el futuro eso ocurrirá con la coca porque está contaminada sin control con agroquímicos, solamente servirá como materia prima para la “agroindustria” ilícita.

Últimamente la Ley 1008 fue sustituida con la Ley 906 que amplía los cultivos de 12.000 a 22.000 ha; para los Yungas de La Paz 14.300 y 7.700 hectáreas para el trópico de Cochabamba. Todo exceso siempre es malo. El 17 de marzo del presente Benigno Pérez Fernández, embajador de Cuba en Bolivia, informó sobre una solicitud del gobierno boliviano. Los científicos cubanos investigaron durante dos años las cualidades de la hoja de coca en sus laboratorios “Labio Fam” y afirmaron que se iniciará la segunda etapa con fines de industrialización. Pensar que los cubanos serían una salvación para solucionar la problemática de la coca es un gran error. Los cubanos nada nuevo encontraran y será un gran fracaso. La coca está súper estudiada, por 473 autores, entre ellos científicos de fama mundial.

La industrialización de la coca está en vías de un total fracaso. Desde hace años se pensó en la industrialización de la coca en Chapare y una infraestructura edificada para ese propósito hoy está en completo abandono, es un elefante blanco. Sin embargo, los políticos demagogos fácilmente lanzan sus discursos para engañar al pueblo.

Si queremos defender de verdad a la hoja de coca, forzosamente tenemos que ir por el camino técnico-científico y se debe de enseñar a los cocaleros las técnicas de cultivo, cuidado de las variedades para obtener un producto de alta calidad, evitando mezclar las variedades y el manejo de biopesticidas para combatir las enfermedades de la coca. La supuesta defensa de la hoja de coca con absurdos discursos políticos, movilización de masas, demostraciones de consumo masivo en público y con grandes mentiras ante la realidad, nunca logrará éxito. Hojas al viento y nada en obra. Los que mienten al pueblo son los peores enemigos de la coca.

El autor es antropólogo.

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