[Flavio Machicado]

Calentamiento global: una amenaza que hay que recordar


 

A tiempo de concluir con el curso de Desarrollo Sostenible en la UPB, más de una alumna sugirió una actividad de manera que fuera un recordatorio permanente a nivel de sociedad en su conjunto, puesto que no basta solo alertar sobre este delicado tema, como pasa con las noticias que luego de un tiempo pasan de moda hasta que ocurre algún hecho que nos vuelve a la memoria.

En este caso, con consecuencias que pueden ser irreversibles o dar lugar a la pérdida de vidas humanas y destrucción de la propia naturaleza, que luego reportaría hechos tan graves como el descongelamiento de los glaciales o el rol de la Amazonía, en su calidad de pulmón del mundo, que efectivamente está en riesgo por los efectos del cambio climático.

Hace solo pocos años, nos enteramos de la existencia de un libro titulado “Future” (Futuro) escrito por el ex Vicepresidente americano Al Gore, que ha demostrado una creciente preocupación sobre este tema, donde cree que “si la naturaleza intrínseca humana no puede cambiar, ciertos aspectos sí son susceptibles de ser mejorados”, en coincidencia con la afirmación que hace el informe de la Comisión Brundlandt, encargada por las Naciones Unidas a la Primera Ministra de Noruega en 1987 para estudiar el fenómeno del calentamiento global del planeta.

En efecto, dicho informe, escrito hace 30 años, sostiene que los principales retos que plantea el desarrollo sostenible es “la incapacidad de la especie humana para vivir en armonía con el planeta, la gran interacción entre el hombre y el sistema natural, son los grandes problemas medioambientales de hoy. Hasta nuestros días, ninguna especie, excepto el hombre, ha conseguido modificar tan substancialmente, en tan poco tiempo, las características propias del planeta”.

La Amazonía continental abarca una enorme superficie, que alberga aproximadamente 300 mil millones de árboles y 15 mil diferentes especies, dando lugar a una impresionante biodiversidad que se debe precautelar de cualquier manera. Sin duda es un pulmón del mundo importante como productor de oxígeno, ayudando a frenar el ritmo del cambio climático gracias además a su capacidad de capturar carbono, ya que en años normales los bosques amazónicos ciclan 18 mil millones de toneladas de carbono, dos veces más carbono que las emisiones combinadas de todos los combustibles fósiles quemados en el mundo. No obstante, la Red Amazónica de Inventarios Forestales muestra que los bosques amazónicos están perdiendo su capacidad de capturar carbono en la atmósfera, debido al incremento de la tasa de mortalidad de los árboles y a la sequía que provocó la reducción del crecimiento, produciéndose además una disminución en la producción del oxígeno.

Sin embargo, según el profesor Phillips de la Universidad de Leeds “Los bosques nos hacen un favor enorme, pero no podemos depender de ellos para resolver el problema del cambio climático. Sera necesario reducir las emisiones de efecto invernadero para estabilizar nuestro clima”.

En otras palabras, tendremos que honrar el consenso de 195 países que en Francia acordaron varias medidas para lograr este difícil y complicado objetivo, comprometiéndose a evitar que la temperatura promedio del planeta aumente a 2 grados centígrados hasta finales de siglo, inclusive hacer el esfuerzo para que no llegue a 1.5 grados, especialmente a favor de los países insulares. En segundo lugar, las naciones se comprometieron a bajar drásticamente la emisión de gases de efecto invernadero, especialmente de dióxido de carbono, que emiten los automóviles y las plantas de generación de electricidad que funcionan a base de carbón o petróleo.

En tercer lugar, débilmente se aceptó la idea de que cada país ofrezca voluntariamente reducciones de estas emisiones, sin establecer claramente su mecanismo, especialmente en caso de aumentarlas, ya que si éstas se cumplieran, la temperatura aumentaría a 2.7 grados centígrados, lo que seguiría siendo preocupante. En cuarto lugar, si bien se establecería una supervisión cada cinco años, que al ser “voluntarias”, lo que sería otra debilidad más del acuerdo.

En quinto lugar, se decidió crear un Fondo de Ayuda, por 100 mil millones de dólares anuales que sería distribuido entre los países en vías de desarrollo, orientado a financiar el cambio hacia energías limpias, que requiere importantes recursos y traspaso de tecnologías y para compensar la baja estimada de crecimiento que se produciría durante esa transición.

Finalmente, se reconocen responsabilidades diferenciadas por lo cual no se obliga a China e India a reducir emisiones, emplazándolos solamente a mejorar sus esfuerzos contra el cambio climático en función de sus circunstancias nacionales, lo que representa una gentil transacción política ya que estos países son importantes contaminadores.

El Ing. Com. Flavio Machicado Saravia es Miembro de Número de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas.

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