[Alberto Zuazo]

Riesgos en adicción a los celulares


 

De la aparición de los celulares no tengo la fecha, pero quizás pueda decir que no pasa de hace unos tres años. Ciertamente, es muy efectivo para acelerar las comunicaciones y más notable es que sea portátil, por su tamaño, lo que facilita portarlo en el bolsillo.

Empero, observo en las calles y en el transporte público que el uso del celular se ha tornado en una adicción y todo lo que llega a este extremo resulta imprudente. El uso racional de un invento tan maravilloso es plausible y, seguramente, en muchísimos casos útil para los negocios, para alguna información de urgencia del trabajo, de la familia o del grupo social al que se pertenece.

En cambio, cuando se hace tan frecuente caminar por las vías urbanas hablando por el celular, puede que personalmente resulte útil o de alguna necesidad, pero se expone a los asaltos e incluso a ser asesinado, como sucedió hace poco con un joven asaltado en la calle Potosí. Algo parecido ocurrió también con otra persona que acaba de salir de una discoteca céntrica. En este caso era perentorio que hable por el celular, porque lo hacía con su señora madre.

Pero de un apuro a que el uso del celular se torne en adicción es poner en peligro, no sólo la propiedad del aparato, sino que lo asalten, golpeen e incluso lo maten. A estos extremos de necesidad está llegando la delincuencia.

Entonces, lo apropiado es que todos cuiden ante todo su seguridad. Hablar por celular puede postergarse por unos minutos hasta llegar a los domicilios o lugares de trabajo, de ahí para adelante emplearlo sin límite alguno es cuestión de gusto o necesidad.

En concreto, el celular se ha inventado para atender situaciones de urgencia, en las que todos podemos estar involucrados. Pero sostener largas conversaciones cuando se está en la vía pública, incluso ocupando un transporte público o privado, es un exceso sobre el que todos tienen que tomar en cuenta, para luego no lamentar experiencias ingratas.

Con mucha razón el Servicio de Tránsito ha prohibido que los conductores de vehículos hablen por celular, mientras están conduciendo. En estas eventualidades, pueden ocasionar accidentes de distinta naturaleza, ya sea con choques, e incluso perder el control del vehículo y atropellar a inocentes transeúntes que circulan por las vías urbanas.

El teléfono celular, insisto, es un estupendo invento de este tiempo, pero hay que darle el uso adecuado, sin poner en contingencias que no sólo afecten al usuario, sino a otras personas o más todavía, crear situaciones de peligro propio o ajeno.

A los adictos al celular hay que hacerles ver que tienen que ser prudentes, no exponerse a riesgos en las vías urbanas. Pueden hacer buen uso del mismo en sus casas u oficinas, pero no incurrir en la ligereza de ponerse ante la posibilidad de sufrir un asalto o peor a ser víctimas de agresiones e incluso de atentados contra su seguridad personal.

Habrá que tener en cuenta que se facilita a los delincuentes a que le asalten y más aún, recibir agresiones físicas. Antes, esta gente que ha optado por vivir de lo ajeno, asaltaba en las calles o plazas para robar carteras, en especial a las damas, porque sabían que en su interior por lo general llevaban dinero, aunque sea para gastos menores. Empero, ahora se les facilita su accionar con los celulares.

No se trata del valor para enfrentar un asalto, sino de exponer hasta la propia vida, por algo que, en última instancia, es accesible en su costo y tampoco es imprescindible disponer de él.

En el pasado, las sociedades de todo el mundo vivían sin celular y la pasaban bien. En cuanto a comunicaciones telefónicas de urgencia, los municipios colocaban líneas en lugares apropiados en las ciudades o pueblos, pero, en última instancia, muchas propietarias de tiendas de abarrotes, que estaban al paso, alquilaban sus teléfonos fijos, a cambio del pago por el tiempo que se los use.

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