[Flavio Machicado]

Lecciones en democracia: ¿hasta dónde llega el poder?


 

Generalmente, cuando se discute un tema específico en materia social, económica o política, se da por supuesto la existencia de un determinado ordenamiento institucional como, por ejemplo, la vigencia de un Estado de Derecho o la convivencia dentro de un Sistema Democrático, los cuales tienen atributos y características muy específicas.

De este modo, cuando ambos conceptos se los maneja superficialmente o se los aplica arbitrariamente, casi siempre la discusión de los temas anteriormente señalados resulta incompleta o carente de una conclusión que tenga una mínima coherencia, indispensable para que sea colectivamente aceptada, lo que da como resultado la confrontación social o la desavenencia entre fracciones sociales de diversa índole, sea racial, religiosa, ideológica o territorial, como ocurre actualmente.

Tal es el caso del controvertido decreto de Donald Trump sobre el cierre de fronteras de Estados Unidos a potenciales “terroristas” o la reiterada y machacona idea de desconocer los resultados del Referendo del 21 de febrero pasado, donde el pueblo de Bolivia expresó su categórico rechazo a los afanes prorroguistas del actual binomio gubernamental.

Lamentablemente, en ambos casos, se está dando lugar a antojadizas interpretaciones constitucionales, pasando por alto su espíritu y su letra, especialmente de parte de profesionales del derecho, lo que causa mayor preocupación y desorientación colectiva de parte de una población que carece de mayor información y conocimiento jurídico.

Por este motivo, he considerado útil reproducir algunos conceptos de un notable jurista español, Dr. Ignacio Astarloa Huarte-Mendioca, expresados en un seminario internacional que se llevó a cabo en Bolivia en 1999, que estaba orientado a discutir precisamente el significado y alcance de este importante tema que hace a la vida social y convivencia colectiva.

En efecto, el Dr. Astarloa inició su disertación indicando “de cómo en un momento determinado en la historia de los seres humanos el progreso añade a la civilización elementos que permiten decir que el Poder no es un Poder absoluto, el Poder no es un Poder arbitrario, el Poder no es como decían los clásicos “Legibus Solutos”, es decir, al margen de la Ley, por encima de la Ley”.

“Por el contrario, el Poder se somete al Derecho, el Poder se inscribe en un círculo jurídico. Hay que ver cómo a partir de ese momento justificado de la historia, se va desarrollando una evolución que ha cubierto los dos últimos dos siglos de la humanidad, en la que se fortalece la idea de que el poder está sometido a límites, de que los ciudadanos tienen instrumentos reales en la mano para conseguir que el Poder no actúe de forma arbitraria, no actúe de forma prepotente, no actúe de forma ilimitada”.

Frente a los deseos de imposición que tienen algunos gobernantes con tal de mantener a cualquier precio el poder mediante el uso de las masas, que es más bien propio de una “oclocracia”, que según la visión aristotélica clásica es una de las tres formas específicas en las que puede degenerar la democracia. Astarloa aclara categóricamente esta confusión, que es utilizada muy frecuentemente en esta discusión con el argumento de que hay que escuchar la voz del pueblo, desconociéndola, sin embargo, cuando el resultado es adverso a sus intereses.

“Creo que en los dos últimos siglos ha cambiado la relación entre los gobernantes y los súbditos. Sostiene Astarloa. Ahora es una relación jurídica entre sujetos jurídicos, que solo puede establecerse ahí donde el legislador habilita a los Poderes Públicos para poder actuar. Todo esto tiene, como han dicho secularmente los autores, algo de anómalo y de milagroso: la idea esa de que el Poder es tan grande que solo si él mismo consiente en agacharse es posible controlarlo. Es una idea que está en todos los libros desde hace muchísimo tiempo, y sobre la que no hace falta insistir”.

“Sin embargo, también dicen los libros que siendo algo anómalo y siendo algo milagroso vale la pena recordarlo, ya que es un instrumento de civilización del que probablemente no somos conscientes, porque en el día a día no estamos permanentemente reflexionando sobre los grandes principios, porque hemos cotidianizado los grandes principios. Pero es un hecho que podemos hablar de un instrumento de civilización, que estamos hablando de una Administración legalizada, de un Poder legalizado, que estamos hablando de una Administración organizada y habilitada para actuar solamente cuando la ley se lo permite.

“Estamos hablando de una Administración cuya función no es establecer sus propios intereses, sino servir los intereses generales, estamos hablando de una Administración cuya capacidad de actuación no solamente viene predeterminada por la Ley sino que incluso establece su modo de actuación”.

En consecuencia, si la relación entre el Estado y la sociedad es jurídica, como lo es entre las personas, es necesario que se establezcan las reglas básicas de esa relación para exista un mínimo de entendimiento, que es un deseo que tanto el pueblo estadounidense como el boliviano lo tiene muy presente, salvando las diferencias. De ahí que es muy deseable que en Estados Unidos se siga imponiendo la “independencia de Poderes” para que el “gobierno de las leyes” siga vigente y se imponga de una buena vez en Bolivia.

El Ing. Com. Flavio Machicado Saravia es Miembro de Número de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas.

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