[Alberto Zuazo]

Limpieza y seguridad en La Paz


 

Conviene recordar que en los años 40, la ciudad de La Paz se caracterizaba por su limpieza y seguridad. En la actualidad, ocurre todo lo contrario, por lo que resulta pertinente echar una mira a aquellos años para demostrar que se podía y que en estos años es posible seguir en esas líneas.

Si bien el calendario establece los cambios de tiempo, en tanto las buenas costumbres deben seguir vigentes, siempre que haya voluntad de mantenerlas e incluso enriquecerlas. Nunca debe olvidarse que cuando se las pierde o se las deja a un lado, es inevitable la decadencia.

En este sentido, conviene recordar la historia de Roma, la que después de haber sido heredera de un período muy positivo, como fue la época del cristianismo, sobre la que aunque existen diferencias de opinión, en todo caso Roma tuvo unos inicios de gloria.

Pero, al no haber sido conservados como correspondía, desde el punto de vista de la racionalidad, al ser abandonadas las buenas costumbres sociales, le sobrevino la decadencia más deplorable.

Los pueblos de hoy, mucho más cultos que los del pasado, lo lógico sería que sigan por la buena senda y no incurran en los extravíos. El progreso, el crecimiento económico y los impresionantes avances en la ciencia y la tecnología de la actualidad, deberían ser acompañados por las buenas costumbres sociales, de manera que aquí y allá se construyan sociedades cada vez más avanzadas en todos los órdenes.

En los años 40, en La Paz, la limpieza de la ciudad era el mayor de sus distintivos. Aunque en ese tiempo era pequeño, se ignora si se trataba del cumplimiento de una ordenanza municipal o era simplemente una iniciativa de los dueños de inmuebles. Pues, ocurría que a las 6 de la mañana las dueñas de casas o su personal de servicio salían a barrer la aceras de sus respectivos inmuebles. E incluso la mitad de la calzada, que en esos tiempos eran de piedra.

Esto es, las aceras y la mitad de las calzadas eran barridas y regadas todos los amaneceres por sus propietarios, a menos que tuvieran personal de colaboración, al que se le encomendaba el cumplimiento de tales obligaciones. Lo destacable, empero, es que se tenía una ciudad limpia, súper limpia. Además, había la prohibición social de echar papeles o cáscaras de frutas en las calles.

En contraste, las calles de La Paz en estos días son sucias y carentes de todo cuidado. ¿Cuál es el cambio? Simple y llanamente, se perdieron las buenas costumbres sociales y al presente luce una decadencia prematura, por lo menos en cuanto a que siempre debería suponerse que las ciudades son jóvenes y que deberían tender a ser eternas por su buena conservación.

Respecto a la seguridad, es muy interesante y seguramente novedoso para la gente joven e incluso de edad media. En cada dos cuadras de la ciudad había un policía que se encargaba del resguardo de la seguridad nocturna.

Esta dedicación tenía algo muy simpático. Esos guardias o policías -les llamaban rondines- que estaban desplazados en cada dos o tres cuadras, tenían la misión de hacer sonar sus “pitos”, o sea los silbatos de hoy, para dar cuenta que el sector que estaba bajo su custodia se hallaba “sin novedad”.

De ello se desprende que había una policía que se pasaba la noche custodiando la seguridad de los inmuebles, pero más importante aún, de los transeúntes nocturnos. En esos tiempos no faltaba gente que se embriagaba en las noches y como no había transporte público a esas horas, entonces se desplazaban hasta sus hogares transitando las vías urbanas, sin que se les asalte y menos se atente contra su vida.

Al presente, no es posible imponer ese sistema de seguridad pública, pero la institución policial cuenta con vehículos suficientes para que realicen rondas nocturnas de vigilancia.

Empero, no se trata únicamente de recordar el pasado paceño, en las grandes urbes de Europa esa es la forma en que se ejerce la seguridad pública.

En viajes por capitales europeas, puede constatarse que tal sistema de seguridad se mantiene y de esa forma hay una casi plena garantía para transitar por las vías urbanas en horas de la noche.

Actualmente en La Paz es casi un suicidio transitar por las vías públicas en altas horas nocturnas. Si no se trata del robo de pertenencias personales, se llega hasta el extremo de los asesinatos, a veces por sólo apropiarse de un celular o de la billetera e incluso la vestimenta.

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