[Alberto Zuazo]

Punto aparte

Ocaso del narcotráfico


 

La Ley Antidrogas Transnacional de Estados Unidos, puesta en vigencia la semana pasada, incurre en la ilegalidad, porque viola la soberanía de los países. Empero, se la aplica en un tiempo en que, a la vez, rige la globalización en la economía y en otros campos sensibles de la realidad contemporánea, como son salud, ciencias y tecnología. Por tanto, aquella legislación, en cuanto a su realismo en el aspecto operativo, puede tener los justificativos necesarios.

La producción de estupefacientes y su comercialización son ilícitos, no porque solamente atentan contra las soberanías nacionales, sino que se han constituido en uno de los peores males que confronta la sociedad humana en su conjunto.

En todos los países hay disposiciones legales que prohíben o restringen la producción de materias primas de las drogas, pero se las vulnera en la aplicación que se les confiere cuando se procede a su industrialización. Y peor todavía, cuando se las comercializa internacionalmente, violando todo concepto de soberanía. Porque al ser productos que atentan contra la salud humana, están prohibidos por convenciones internacionales.

Aparte de ello, se comete serie de transgresiones internas en los países. En el caso de Bolivia, por ejemplo, la Ley 1008 ha sido emitida con toda propiedad y su aplicación tiene que seguir vigente, porque es la disposición que regula la producción de la hoja de coca, que es la materia prima de la cocaína. Al mismo tiempo, ilegaliza el tráfico interno e internacional de este producto, porque su uso, consumo y comercialización caen en el campo del delito, por tanto estos procesos son completamente ilegales.

Una primera preocupación nacional es que el uso o consumo de la cocaína es dañina para la salud humana. Lamentablemente, al ser estupefaciente, produce adicción, en especial en la gente joven. La adicción rápidamente se torna en un grave problema de salud, porque distorsiona o daña a la mente y tiene consecuencias que caen en los terrenos del comportamiento humano, en la delincuencia e incluso en el asesinato.

Por tanto, se convierte en un mal social de proporciones ilimitadas, pues daña a las personas, porque invariablemente adquieren la adicción, sea del género que fuere, pero igualmente a sus familias y, en general, a la sociedad.

Una vez consumada esta situación, el asunto pasa a constituirse en un delito público y, por tanto, está sujeto a las sanciones del caso, entre ellas, por lo menos, inicialmente, en detenciones y, posteriormente, la imposición de las penalidades correspondientes, si el caso amerita.

La cuestión, sin embargo, tiene otros alcances. Los productores de cocaína invariablemente tienen que proceder a la comercialización de ésta, con el agregado de que se tornan en narcotraficantes. Más todavía, se ven en la necesidad de conectarse con los comercializadores internacionales. De esta manera, desde el momento en que el productor de la droga procede a su comercialización adquiere esta condición, la de ser narcotraficante.

Por último, la droga se ha convertido en un negocio gigantesco de escala internacional, al extremo de situarse entre los tres primeros productos mundiales que movilizan miles de millones de dólares al año.

Seguramente, dada la magnitud y los efectos perversos que tiene esta actividad económica, Estados Unidos optó por emitir la referida ley transnacional, puesto que los organismos internacionales que existen para distintas misiones de interés general, no tienen la capacidad represiva que demanda el narcotráfico.

En consecuencia, esta puede ser la gran oportunidad de combatir al narcotráfico con todos los medios y recursos que exige. Ni duda cabe, Estados Unidos es el único país del mundo que reúne estas y otras posibilidades más, como son las jurídicas.

De esta manera, aunque con el riesgo de caer en el exceso, la indicada legislación estadounidense puede determinar el ocaso del narcotráfico internacional. Estados Unidos dispone del organismo pertinente para cumplir esta tarea en todo el mundo. No violará soberanía nacional alguna, pero en cuanto sea detenida una persona que trafica cocaína internacionalmente, podrá ser detenida y, luego ser pasible a algún proceso judicial expedito, para ser extraditada a los Estados Unidos, donde su justicia aplicará las medidas que corresponda en cada oportunidad, con todo el rigor y la seguridad que se requiere en eventualidades de esta índole.

Ante esta perspectiva, el comercio internacional de la droga recibirá el castigo que merece. En Bolivia, los cocaleros no tienen que temer, pero si utilizan la hoja de coca para producir y comercializar la cocaína tendrá sus consecuencias. Como el mercado interno es reducido para este negocio de tan grandes alcances, aquellas bandas de narcotraficantes internacionales o las personas que se presten a ser las “mulas”, o sea las que se animen a transportar la droga fuera del país, correrán el riesgo de ser detenidas en el exterior, y luego ser extraditadas a Estados Unidos para recibir la sanción que merecen.

Por tanto, puede ser que al narcotráfico le ha llegado su ocaso, su extinción. Con lo que, a menos que internamente en el país haya incompetencia o tolerancia para la comercialización de cocaína, los cultivadores de coca, sin que nadie les toque un pelo, tendrán que cambiar de actividad, porque su demanda caerá por los suelos, ante la nueva perspectiva que tiene el narcotráfico internacional.

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