[Boris Santos Gómez]

2016: año complicado para Venezuela y Bolivia


 

Las noticias sobre el precio del crudo siguen negativas.

Será, entonces, un año 2016 bastante duro para economías-energéticas: las que dependen del petróleo o gas vendido como materia prima.

El precio del barril “light sweet crude” (WTI, de referencia para establecer los precios del gas natural de Bolivia, por ejemplo) “cerró” al 22.12 (para ser comercializado en enero) a 34,74 USD; el barril Brent (referente europeo para la “canasta” venezolana) quedó en 36,35 USD; su menor valor en 9 y 11 años, respectivamente.

La reducción de precios del petróleo -que ya analizamos a profundidad en otras columnas- fue por la mucha oferta (de Arabia que siguió produciendo sin importarte el costo de producción ni la eventual reducción de sus abultadas reservas de dólares en bancos internacionales); la aparición en el escenario de negocios del ya famoso shale-oíl y shale-gas (petróleo/gas extraído de reservas y formaciones no-convencionales a los actuales); la inversión poderosa de Estados Unidos en este último tiempo en shale y la continua puesta en mercado de petróleo de parte de OPEP (pese a los ruegos de Venezuela de recortar las cuotas de producción).

Ello afectó al precio del gas natural boliviano: cayó a 4,8 USD/millón BTU (unidad térmica británica) para el contrato con Argentina y a 4,3 USD/millón BTU para el contrato con Brasil (que además vence el 2019). El precio al Brasil estuvo por encima de los USD 12 en 2012. Eran buenas épocas.

Y afectó a Venezuela: barril a precio USD 29.29 al 22.12 (estando el WTI a 36).

En Bolivia, además de ese escenario externo, se tiene que las reservas internacionales netas (RIN) se redujeron más de USD 1.726 millones del total que llegó a sumar USD 15.123 millones. Las RIN estuvieron en alza entre 2006-2014 durante el boom de los buenos precios del barril de petróleo.

Bajaron los precios del petróleo y consecuentemente bajaron los ingresos de Bolivia y las reservas RIN. Tomando datos del estatal INE (Instituto de estadística) se tiene que los ingresos por venta de hidrocarburos (de gas, concretamente) bajaron en un monto de USD 3.443,6 millones (casi 40% menos que el año de buenos precios del petróleo).

No olvidemos que 65 dólares ingresados a Bolivia de cada 100 son gracias a la actividad de hidrocarburos.

En Venezuela la cosa es más compleja: de 100 dólares ingresados 95 son generados por la industria petrolera.

Los contratos establecen la actualización trimestral de precios del gas boliviano que viene a re-emplazar una “canasta” de fuels, cuyos precios, lógicamente, están “de la mano” del barril/petróleo WTI.

A precio de barril de USD 100 (junio 2014) a menos de USD 35 (diciembre 2015) se tiene precios de gas muy bajos: para los contratos a Brasil (GSA) variable de 24 MMmcd (millón de metro cúbico/día) hasta 30,08 MMmcd; y para la termoeléctrica de Cuiabá (2.2 MMmcd) con vigencia hasta agosto 2016, éste último.

Ahora, naturalmente, como nadie tiene una “bola de cristal” es posible que para 2016 los precios del petróleo vayan en alza, no sé si hasta su nivel de 2014, pero en alza para apenas mejorar economías de países extractivistas como Bolivia o Venezuela. Ideal sería que ambos países hayan desarrollado, con tanto ingreso, una industria de agregados de petróleo y gas.

El caso venezolano se pinta complicado: Venezuela necesitaría un precio de barril/petróleo a mínimo de USD 50, menos de eso es casi un desastre.

Habrá una brecha de ingresos/gastos tan grandes que no habrá cómo financiar esa diferencia, de continuar los precios actuales y de continuar Venezuela siendo mal dirigida.

Con menos de USD 50 Venezuela no podrá crecer –menos su industria de exploración y producción petrolera- porque no habrá posibilidad alguna de expansión de inversiones.

Barclays espera que en 2016 el precio del petróleo Brent se ubique en 63 USD/barril de manera que la “canasta” petrolera venezolana estaría a 55 USD/barril; así y todo habrá déficit de aproximadamente 20 mil millones USD que tendrán que ser cubiertos seguramente con financiamiento de China o de alguien que siga dando “oxígeno” al actual esquema político venezolano. Obviamente, marchándose los actuales administradores la cosa mejoraría.

A ello se debe sumar el pago de la deuda, cubrir los bonos de la petrolera estatal y una reducción de importaciones, en donde los privados serán los más golpeados.

En todo caso, en ambos países se requiere medidas de ajuste y nuevas personas que entiendan de economía, y de hidrocarburos. Dejando de lado la improvisación. El gran problema es que no hay economistas (con alta y probada capacitación) al mando de confeccionar presupuestos, recortar el gasto fiscal, evitar el despilfarro y actuar con prudencia ante la desmejora de los ingresos por venta de gas y petróleo. Tampoco hay estrategas en políticas energéticas.

El tema político interno en ambos países, y la nueva ola en la región con la batuta de un muy serio y modernizador Mauricio Macri, también van a pesar a tiempo de la evaluación.

Lo que sí requieren ambos países, con economías encadenadas a la energía, es una verdadera Reforma Energética con promoción a ultranza de la libre iniciativa y de la inversión privada, dándoles las comodidades fiscales, legales y regulatorias respectivas, dejando de ser estados “trampa” para ser estados de atracción de capitales.

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