[Rodolfo Becerra]

Epopeyas heroicas

Batalla de Canchas Blancas


 

Cada año los bolivianos rememoramos el sublime sacrificio de Eduardo Abaroa, en aquella heroica gesta del 23 de marzo de 1879, cuando los valientes civiles bolivianos, junto a los soldados replegados de Antofagasta y de otros sitios ocupados por la rapacería chilena, hicieron frente a un ejército regular, en desiguales condiciones, pero con fiereza que produjo el primer héroe de la contienda provocada por la invasión chilena.

Pero hemos olvidado una epopeya gloriosa que siguió con la batalla de Canchas Blancas en la que una fracción de la famosa Quinta División, le infringió una derrota calamitosa al invasor que preparaba su ingreso hacia Potosí.

El 12 de noviembre de 1879 fue un día memorable que, injustificadamente, ha sido olvidado en nuestros fastos militares. Se justifica que Chile haya procurado borrar esta fecha, porque mancilló su orgullo basado en esa falsedad de que su ejército nunca fue vencido, contrariando episodios como Paucarpata, Canchas Blancas, Tambillos y Tarapacá. Lo reprochable en Bolivia es que se lo ha procurado ocultar para dejar en el limbo traiciones de prominentes personajes que se enlodaron al tapar esa victoria, donde se destacaron tarijeños y chicheños que en muchas ocasiones desde las hazañas de la Independencia y de la Confederación han mostrado su bravura. Si no aparecían el diario del Cnl. Ezequiel Apodaca y el parte de Lino Morales, Canchas Blancas y Tambillos, batallas legendarias, no los habríamos conocido y no tendríamos ningún recuerdo épico de esa invasión infame de 1879, que ha ocasionado el injusto encierro de Bolivia.

Después de una larga inactividad en Cotagaita, que exasperaba a los jefes y tropa, finalmente el ejército de la V División se movió hacia San Cristóbal, en dirección a Canchas Blancas y Calama, en medio de indecisiones y contradicciones, dividiéndose la tropa, unos hacia el norte a Oruro con fines conspirativos y otros para ir al frente contra Chile, pero en condiciones de escasez de toda índole. En todo ese lapso se entrenó a los soldados, a los indígenas que sirvieron diestramente como chasquis y se les dio entrenamiento en el manejo de hondas y aun de palomas mensajeras para las comunicaciones.

Hicieron lo posible para hacer frente al enemigo con bravura, tesón y patriotismo, según sale de la valiosa memoria de Apodaca, que nos hace colegir la actuación ambivalente del Gral. Campero, que se confirmó en los hechos, porque prefirió cambiar el rumbo de su marcha hacia Calama, dirigiéndose a Oruro para atender sus asuntos políticos, olvidando la lucha contra la invasión chilena.

Durante la última quincena de diciembre de 1879 y principios de enero, hubo una serie de actuaciones contradictorias e innecesarias y se especula sobre la revolución contra el General Daza, en confabulación con Aniceto Arce y otros Jefes en Tacna. Se refiere a la confusión y anarquía que reinaba en la tropa, que se preocupaba porque la V División, conformada con tanto esmero y sacrificio, para lo único que serviría era para bajar al gobierno. El 28 de diciembre se produjo el golpe preparado con mucha antelación y aun se arregló el asunto de Camarones, que sirvió para la destitución del Gobierno; lo peor es que se ocultó el triunfo de Canchas Blancas, guardándose los partes, con la idea de que “hay que fregar a los dacistas”. Por otro lado, está el parte del Coronel Lino Morales de 13 de noviembre de 1879.

El 12 de noviembre, desde las cinco de la tarde, los chasquis y algunas patrullas adelantadas traían informaciones del avance chileno. “A las siete de la noche nuestros vigías vieron la enorme polvareda que levantaba el enemigo, viniéndose con toda franqueza rumbo a la khocha de agua, que era la única de la región y ubicada en la base de la garganta de nuestras posiciones. Calculando su llegada a caballo repartimos las bebidas a nuestros soldados, los que tomaron su merienda hacía una hora y, cuando repartimos el última yambui en el extremo del ala derecha, las tropas chilenas -seguramente sus caballos sintieron la humedad de la aguada que, sedientos se precipitaron en confusión- se lanzaron en desorden polvoriento sobre el agua, y al borde de la khocha se pisaron los unos a los otros, para llegar primero a tomar agua”.

“En ese momento vino la orden, se deslizaron silenciosamente los bolivianos y atacaron frontalmente, mientras que los indios ganan la retaguardia del enemigo para caerse sobre sus provisiones y destrozarles la cerca a pedradas aprovechando la noche.

Los chilenos reciben la sorpresa desmontados, y ven caer en masa primero sobre su caballería, los caballos inmediatamente son dispersados o tomados por los nuestros y llevados a buen recaudo, mientras que se sigue acometiendo a lo largo de las columnas chilenas, ya totalmente sorprendidas y confusas, pues con el primer plan se dividió a los enemigos con una maniobra del ala izquierda que se encajó entre ellos, mientras que los de la derecha atacaban a su retaguardia y los indios y parte del Ayacucho a su Estado Mayor”.

“Los sanlorenceños del Méndez atacaron a cuchillo y machete limpio al enemigo y tomaron de inmediato la retaguardia más profunda”. “Desde el fondo de la batalla, se sentía dolorosos ayes cuando las tropas del San Lorenzo hundían sus filos en el vientre enemigo o en la garganta y hasta se vio cuadros de luchas debajo del caballo, cuerpo a cuerpo y escucharse tremendas interjecciones chapacas. Transcurrió más de tres cuartos de hora y los tiros se fueron alejando y conforme íbamos avanzando sobre el enemigo. De rato en rato aún se sentía el silbar de piedras de hondas indias dando caza a algún fugitivo. En este afán llegó la media noche y los chilenos quedaron rechazados, destrozados”. “El coronel Juan Bautista Ayoroa y sus tropas siguieron persiguiendo al enemigo con la caballería que ahora teníamos abundante”.

“A las tres de la mañana, están de regreso Ayoroa y Villarpando. Este deseó hablar a sus soldados a quienes sólo atina a decirles: ¿Soldaditos… queridos hijos míos ( un llanto profundo no lo deja hablar) y sigue: soldaditos, indiecitos queridos, ustedes han salvado a Potosí y la Patria… Lloro de emoción, decía, porque hemos ganado, hemos defendido la Patria, desde aquí, abandonados por ese kuchi de Campero”.

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