[Juan León]

Menudencias

Cusi: una cuña del mismo palo


 

Al margen de los resultados puntuales de las encuestas de fin de año, de entre la mucha gente que en el 2015 se ganó un lugar en la historia, el “tata” Gualberto Cusi Mamani ingresó en ella por méritos propios y ajenos, como pocos. Y lo que hizo y lo que le hicieron es posible que pueda influir de manera decisiva en el futuro político del país. Porque la canallada de que fue víctima constituye, en buenas cuentas, una radiografía de cuerpo entero de un gobierno dispuesto a

todo a fin de consolidar su hegemonía de poder total y perenne.

Por sus orígenes, su formación profesional, por la forma en que incursionó en la vida política del país y sobre todo por la forma en la que llega a su final su fugaz carrera de Magistrado, el caso del “Tata” Gualberto Cusi es sin duda un claro ejemplo del valor real que tienen las personas, como ser individual, en los procesos políticos totalitarios y hegemónicos.

El “tata” Cusi Mamani es abogado constitucionalista con post grado en derechos humanos, derecho internacional y gestión pública e interculturalidad. Y tiene experiencia de servicio a la comunidad como Mallku de Jilatiti Qullana, del ayllu Chama, del territorio indígena Jesús de Machaca, donde nació.

Con esos antecedentes profesionales y sociales, en el 2011 le era útil al poder político. Por eso lo designaron candidato a magistrado del Tribunal Constitucional en la primera elección por voto popular de jueces. A pesar de que entonces fueron más los votos nulos y blancos y el nivel de abstención muy alto, el “tata” Cusi Mamani ganó por derecho el cargo de Magistrado, legal y legítimo.

Sus problemas comenzaron cuando en el desempeño de la magistratura, su formación académica y su experiencia comunitaria pesaron más que su precaria vocación política oficialista. Tal vez porque consultaba sus fallos con las hojas de coca, uno de los primeros que firmó, en solitario, lastimó el interés de perpetuidad del gobierno. En consonancia con la ley, declaró inconstitucional la búsqueda de una segunda re elección presidencial. Ese fue su pecado capital para hacerlo “indeseable”. Después firmó también otros fallos ajenos al interés gubernamental que le sirvieron de pretexto al oficialismo para destituirlo y juzgarlo.

Por cierto, el del “tata” Cusi Mamani no es el único caso. Desde que inició su primera gestión en el 2006, el gobierno fue dejando en el camino a muchos de sus militantes de primera línea. A algunos los desembarcó de manera directa, por cuestiones de interés político circunstancial. Otros lo hicieron por cuenta propia, en coherencia digna con sus propios principios ideológicos y políticos. Unos y otros están hoy en la vereda de enfrente. Varios de ellos con posibilidades ciertas de constituir en el futuro alternativa política válida y sólida.

Pero con el “tata” Cusi Mamani, la cuestión fue más allá. Más que una crisis por cuestiones ideológicas o de interés político partidario, su caso demuestra más bien un perverso afán de sentar un severo precedente político. La imposición definitiva del criterio de que los que no están con el gobierno, están contra él. Y de que la necesidad de alcanzar el objetivo final de consolidación del poder total indefinido justifica la eliminación total del enemigo. A como dé lugar.

Sobre todo cuando comienzan a salir a la luz pugnas internas de poder dentro del oficialismo, alentadas por las elecciones regionales de marzo. Hace apenas tres meses parecía imposible imaginar a cocaleros del Chapare marchando sobre Cochabamba para exigir la libertad de dos de sus dirigentes presos bajo el cargo de pretender agredir a su líder. O a los campesinos de Chuquisaca designar a su propio candidato a gobernador. O a dirigentes sociales de La Paz controlando que los dirigentes de su partido inscriban realmente a los candidatos que designaron.

Sólo en ese contexto es posible entender la interrogante que se plantea el propio Cusi cuando afirma “me parece extraño que un presidente que dice ser indígena, que pelea por los derechos indígenas, que los indígenas ya estamos en el poder y ahora asesine y mate a un indígena”, al declarar que se considera estar “social, política y moralmente muerto”.

Y se puede también explicar, sin que signifique justificación

alguna, que un médico -por muy elemental que sean su formación académica y profesional o sus principios éticos y morales, si los tiene- actúe como lo hizo quien está en función de Ministro. Y que desde la cúspide del poder político se lo pretenda justificar.

Pese a la fragilidad de su salud y sólo con la defensa intransigente de sus principios y valores, el hoy ex magistrado obligó al oficialismo a poner todas sus cartas sobre la mesa. Es un hecho relevante que podrá cobrar peso político de consecuencias aún difíciles de pronosticar, sobre todo porque el “Tata” Cusi Mamani es cuña del mismo palo. No en vano advirtió “no habrá campaña ni poder que me detenga” en la defensa de sus derechos.

TITULARES

Usurpado el 7 de octubre de 1970, por defender
la libertad y la justicia.
Reinició sus ediciones el primero de septiembre de 1971.

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