[Alberto Zuazo]

Punto aparte

La paz es el don de la Navidad


 

Con la llegada de Jesús, esta noche, a nuestros espíritus, convengamos que el mayor don que nos trae es la paz, que debe traducirse en amor, solidaridad y superación de las diferencias en las familias, en el país y en el mundo.

La celebración de la Navidad deberá estar más allá de lo mundano. Tiene que ser la fiesta de los corazones, de la alegría y de la esperanza. Es la oportunidad de redimir las asperezas de la vida diaria y encontrarnos con el hijo de nuestro Creador.

Al mismo tiempo, rendir nuestra devoción a María, su madre, y a San José. Ambos hicieron posible la encarnación de Jesús, para dar testimonio de la existencia de Dios.

Los apremios en los que viven los seres humanos no siempre les permiten conocer o recordar la historia esencial del advenimiento de Jesús. San Mateo dice en la Biblia que fue así:

Estando desposada María con José, se halló haber concebido, pese a su virginidad. José, su esposo, siendo justo, no quiso denunciarla, pero decidió repudiarla en secreto. Mientras reflexionaba sobre esto, he aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor y le dijo:

“José, hijo de David, no temas recibir en tu casa a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús, porque salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había anunciado por (medio) del profeta, quien dijo:

“He aquí que una virgen concebirá y parirá un hijo, y se le pondrá por nombre Emanuel, que quiere decir “Dios con nosotros”. Al despertar José de su sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, recibiendo en su casa a su esposa. No la conoció (trató) hasta que dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús”.

Tal es el sustento del cristianismo, que engloba a católicos, protestantes, evangélicos, mahometanos y otros credos religiosos. Puede que unos y otros celebren la Navidad de distinta manera, pero de lo que no cabe duda es la certidumbre que tienen sobre la presencia de Jesús en la Tierra.

El Papa Francisco, en el Ángelus que pronunció el domingo en Roma, puso de relieve a María, que aceptó estar disponible al mensaje divino. “Es el modelo de cómo prepararse a la Navidad. Ante todo, por su fe en escuchar la Palabra de Dios y abandonarse a ella con plena disponibilidad de mente y de corazón”.

De esta manera, es tiempo de reconocer que la gran protagonista de la encarnación del hijo de Dios fue María, como son también todas las mujeres de ahora y de siempre, por ser las escogidas para ser la piedra angular de la especie humana.

La presencia de Jesús en la Tierra, convertido después en Jesucristo, es el mayor acontecimiento histórico del que se guarde memoria, por los siglos de los siglos. Y no precisamente por ser un personaje, sino porque sus palabras y sus hechos, tal como los relatan los evangelios, estuvieron investidos de Divinidad.

Jesús es un nombre, Cristo es un título; en hebreo Mesías, en griego Christos significa “el ungido”. Al dársele esta nominación, se le reconoció como al Cristo de la Fe, de quien el Credo de Nicea dice que es “el único hijo engendrado de Dios… Dios de Dioses, Dios de Luz, Dios muy de Dios, por quien todas las cosas fueron hechas”.

Una reciente encuesta pública, demostró que la gran mayoría de los bolivianos es católica. En esta Navidad, poner de relieve el sentimiento religioso que embarga a los hijos de este suelo bendito, implica también un compromiso. Cumplir sus mandamientos y secundar las prédicas sagradas.

En una reciente presentación que tuvo en el Parlamento Europeo, el Papa Francisco planteó a ese continente que no todo gire en torno a la economía, sino a la sacralidad de la persona humana, de los valores inalienables. Como podrá advertirse, estas sus palabras son extensivas a todas las naciones, a todos los pueblos, a todas las mujeres y varones que integran la actual civilización.

Estos principios, hay que reiterarlos precisamente en esta fecha. Bolivia está viviendo días muy amargos. Los afanes materialistas están manifestándose en la creciente ola de corrupción y delincuencia. Así como en la violación de los derechos humanos y en la pérdida de los valores sociales, partiendo de los hogares y terminando en los poderes públicos.

La Navidad es ocasión propicia para reflexionar en la necesidad de abandonar estas prácticas y excesos. Hay que volver a la espiritualidad, a la templanza y a la austeridad. Estos fueron los mensajes de Jesús, mediante sus palabras y sus actos, de los que existen múltiples testimonios.

La historia de este tiempo que no sea de ignominia, estropicios y desafueros, sino de ejemplo y gloria para las generaciones venideras. Jamás hay que olvidar que las actuales son las responsables de las que van a sucederlas. Así se construye la historia de los pueblos, cuando están investidos de fe, dignidad y orgullo.

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