Homenaje a Roberto Gómez Bolaños (1929-2014)



EL DIARIO DEL CHAVO DEL OCHO

Sus holgados pantalones tenían más parches y remiendos que tela original. Estaban precariamente sostenidos por dos tiras de tela que hacían las veces de tirantes, terciadas sobre una vieja y descolorida playera en la que también predominaban los parches y los remiendos. Calzaba un par de zapatos tipo "minero" que evidentemente habían pertenecido a un adulto. Pero lo más característico de su atuendo era la vieja gorra con orejeras, las que en tiempo de frío le debían haber sido de no poca utilidad, pero que, cuando lo conocí, en pleno verano, no hacían sino acentuar lo grotesco de su figura.

-¿Grasa, jefe? -me había preguntado mostrando el cajoncil o de limpiabotas. Y yo estuve a punto de responder que no, ya que mis zapatos se encontraban en bastante buen estado, pero entonces surgió el presentimiento; ese algo que nos impele a tomar decisiones sin justifi-cación aparente. De modo que respondí afirmativamente.

Yo estaba sentado en una de esas hermosas bancas de hierro forjado que aún se encuentran en algunos parques de la ciudad. Él se acomodó en el banquil o portátil que formaba parte de su equipo de trabajo, y comenzó a realizar su tarea con inusual entusiasmo. Entonces lo observé con mayor atención, y al instante comprendí cuál había sido la razón que justificaba mi presentimiento: aquel niño era la encarnación total de la ternura. Me costó mucho trabajo entablar conversación con él, pues era notorio que mis preguntas provocaban el natural recelo de quien está acostumbrado a recibir muy poco -casi nada, diría yo- de los demás.

-¿Cómo te llamas? -le pregunté.

-Pus da lo mismo, ¿no?

-¿…….? ¿Qué es lo que da lo mismo?

-Que me llame como sea. De cualquier manera todos dicen que soy el Chavo del Ocho.

-¿Cuál es tu edad? -seguí preguntando.

-Mi edad son los años que yo tengo.

-Por eso: ¿cuántos años tienes?

-Ocho, creo...

-¿Dónde naciste?

-No lo puedo recordar porque yo estaba muy chiquito cuando nací....”.

(No te quedes con el antojo… busca el libro y sigue leyendo).

FRASES DE CHESPIRITO

“El primer guión que escribí le gustó tanto a quien habría de dirigir la pe-lícula, el señor Agustín P. Delgado, que me elogió diciendo que yo era un pequeño Shakespeare. (¡Háganme el favor!) Y empezó a llamarme cariñosa-mente “Shakespearito”, diminutivo que, después de haber castellanizado su pronunciación, terminó por convertirse en Chespirito”.

“Qué tan fea será la política que si a una palabra tan bella como es la pala-bra ‘madre’ le añades ‘política’, se con-vierte en ‘suegra’”.

“El Chavo era el mejor ejemplo de la inocencia y la ingenuidad: la inocencia y la ingenuidad propias de un niño. Y lo más probable es que esa característica haya sido la que generó el gran cariño que el público llegó a sentir por el Chavo”.

“Son muy diversas las formas en que un actor suele perder el respeto que merece el público; y la mayor es la re-presentación hecha sin entrega, la he-cha únicamente por salir del paso o sólo para ‘cubrir el expediente’ ”.

“Y más aún: ¿qué era lo que debía demostrar? ¿Qué yo era el mejor? ¿O que había sido el mejor y que por lo tanto debía seguir demostrando que era el mejor? No. Jamás ambicioné al-go como eso. Y las clasificaciones al respecto, llámense Óscares, ratings o como sea, me siguen pareciendo estú-pidas e inútiles”.

“La libertad de expresión es algo tan grande que no cabe en los cerebros estrechos. Por tanto, el excedente se desborda convertido en algo evidente-mente nauseabundo”.

“Se puede carecer prácticamente de todo, como le sucedía al Chavo: no se sabía quiénes eran sus papás, es decir, no los tenía, no tenía juguetes, no tenía desayuno casi ningún día… pero tenía amigos, gente que lo quería, se divertía”.

ASILO PARA EL ALMA

Roberto Gómez Bolaños (Chespirito)

Yo que iba tan tranquilo

acercándome al final

de mi vida terrenal

de pronto dudo y vacilo:

Es verdad que no hay asilo para el alma?

Que morir es dejar de existir?

Que la fugaz existencia

no tiene la trascendencia

que me dejaron intuir?

No!, eso no, por favor!

Yo con mi libre albedrio

me atrevo a decir, Dios mío,

que debe haber un error

Y…perdóname señor

si con esta te incomodo,

pero es que de algún modo

te lo tengo que decir:

No me vengas a salir

que aquí se acaba todo!

red-lectura@egrupos.net

 
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