[Raúl Pino-Ichazo]

CARTA DEL EDITOR

Cultura de paz


 

Desde el momento que surgen posiciones diferentes se erigen los conflictos en la historia de la humanidad, independientemente del motivo o la causa. En Bolivia se ha escrito escasamente sobre el Arbitraje y la Conciliación, sin dejar de valorar los esfuerzos de algunos autores bolivianos, para consolidarse como referentes en la difusión del conocimiento de esta imaginativa y moderna forma alternativa de solución de conflictos.

Nuestro País permanece estadísticamente rezagado ante la irrupción del Procedimiento Arbitral, no porque no exista infraestructura o los centros adecuados y autorizados, menos el soporte legal, que está plenamente consolidado con la Ley 1770, sino porque todavía no se comprende esta nueva cultura de paz, que se manifiesta con el Arbitraje y la Conciliación.

Los cambios sucedidos en las pasadas décadas de la historia de la humanidad, a saber : la globalización, la internacionalización de los negocios, la incesante dinámica de la actividad económica, requerían respuestas inmediatas a sus menesteres, que emanen del Estado y de la estructura jurisdiccional, para obligar a la recuperación de las reglas de comportamiento que se reconocen plenamente por las diferentes sociedades, y que están comprendidas en la Lex Mercatoria, como complemento a las necesidades de los ordenamientos jurídicos de los países.

Se ha manifestado repetitivamente la situación de la administración de justicia, no solo en Bolivia sino en el ámbito latinoamericano, esta sobresaturada de procesos y agobiada por la corrupción; lacerante estado que no escapa al conocimiento del más humilde litigante. Ello ha obligado a las partes en conflicto a buscar alternativas para resolver conflictos, siempre y cuando se circunscriban a exclusiones que la propia Ley 1770 determina, y donde específicamente la importancia del Arbitraje y la Conciliación se ha confirmado.

El entusiasmo por esta nueva alternativa de impartición de justicia es patente en los jóvenes y futuros juristas que culminan sus estudios en las diferentes universidades. En la actualidad se presentan innumerables tesis o trabajos de grado que formulan, con planteamientos jurídicos muy bien fundamentados.

Hoy existe la obligatoriedad del juez ordinario a conciliar a las partes antes del proceso pero se lo realiza en la mayoría de los casos como una formalidad mas sin el convencimiento ni el conocimiento de su alcance social como cultura de paz, pues está arraigada la costumbre que el litigio beneficia los operadores de justicia.

Los jóvenes juristas han comprendido perfectamente la necesidad del enraizamiento en el ciudadano boliviano de la cultura de paz, energía donde descansa el futuro del Arbitraje y la Conciliación y la mayoría de las universidades se han adherido a su importancia porque consideran impostergable que se deba ampliar el horizonte del futuro abogado, dándoles la oportunidad de enrolarse a la corriente mundial de modernización de la Carrera de Derecho.

Esto último preservara a los futuros juristas de mancillar su dignidad con las consabidas prácticas de corrupción y dilatación indebida de los procesos, generando una confusa deformación del apostolado de la abogacía, además de la escasa credibilidad que la justicia ordinaria acusa en la población.

 
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