Barcelona recibe al Arsenal
LIZANDRO LÓPEZ festejan la victoria de Lyon |
Si pudieran elegir, Barça y Arsenal, más que pelearse, preferirían jugar el uno contra el otro por el simple placer de jugar, sin límite de tiempo y bajo una regla sagrada: nada de echarse atrás. Si les dejaran, Barça y Asenal se citarían hoy en el Emirates con el desafío de ver quién es capaz de tener más rato el balón, y dentro de una semana volverían a encontrarse en el Camp Nou, y al final de unas cuantas horas de buen fútbol, de atacar, atacar y atacar, a Pep Guardiola y a Arsène Wenger no les costaría ponerse de acuerdo en decidir quién era el vencedor, sin mirar siquiera el marcador. Se darían un apretón de manos y hasta la próxima. Cuanto antes, mejor.
Frente a un espejo. Así pueden sentirse Barça y Arsenal en un cara a cara que enfrenta a dos equipos que comparten estilo y cuyos creadores se profesan una admiración mutua. Los dos anteponen los medios al fin, aunque Guardiola ha llegado al final del camino mucho más deprisa que quien era y es uno de sus referentes. En el fondo, unos se miran en el espejo de otros y viceversa. Pero el Barça está muy por encima de la obra que este arquitecto francés empezó a construir en 1996, en una revolución que le empareja con la de Cruyff en el Camp Nou, huérfana, eso sí, de la gloria de los títulos.
INTER-CSKA
Samuel, “el muro”, en la defensa. Cambiasso, el repartidor de juego, en el centro del campo. Sneijder, el talento holandés, para dar asistencias de gol. Y Eto´o, el soberbio, para rematar el proyecto. El Inter es una embajada blanca. Despreciados por los técnicos madridistas, todos ellos se enfrentan esta noche al CSKA moscovita con una misión: dejar fuera de combate al conjunto ruso y afrontar después al Barcelona en semifinales. Los cuatro futbolistas pueden hacerle el trabajo sucio al Real Madrid. Hay uno con un aliciente especial: Eto´o. Guardiola lo echó por culpa de su carácter individualista, orgulloso, ajeno al fútbol colectivo que pretende el entrenador. El intercambio con Zlatan Ibrahimovic suavizó el despido, procedente con 40 millones de euros extra para las arcas negriazules.