Bolivia, 9 de febrero de 2010
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Puerto Príncipe de los próximos 20 años

Abraham Munizaga

Si intentáramos resumir en una frase lo que sufrió y sufre el pueblo haitiano, el título de la canción de Fito Paez: “llueve sobre mojado”, sería una analogía certera. Lo cierto es que Haití aun sin el terremoto es un lugar difícil de habitar, la pobreza ha castigado durante décadas a sus habitantes, pobreza que se manifiesta en un deficiente sistema educativo, un aparato productivo en estado de sobrevivencia y una red de servicios de salud incipientes. A todos esos males habría que sumar repetitivos gobiernos enfermos de corrupción, esto nos da un escenario poco alentador.

El terremoto del que fue víctima Haití, que hizo desaparecer a más de 200 mil haitianos, despertó en la especie humana un sentimiento de solidaridad manifestado de distinta formas, ya que al igual que ante Katrina y el gran Tsunami, el apoyo de las personas superó cualquier barrera étnica, religiosa, política, etc. La ayuda llega y sigue llegando en distintas formas, con un notable apoyo económico, recursos humanos de todas las especialidades, insumos alimenticios, vituallas, medicamentos, sangre y otros, que no reduce el dolor de las personas por la pérdida de sus familiares y amigos, pero brinda una luz pequeña al final del túnel, convirtiéndose en la gran oportunidad de reconstrucción de Puerto Príncipe y de Haití en general.

Es doloroso decirlo, pero ingenuo pensar que no sucederá, la noticia con el pasar de los días tiene menos cobertura en las cadenas internacionales y este proceso es progresivo. Paralelamente y con la misma lógica la ayuda disminuye, los gobernantes de Haití y el pueblo en general muy a pesar de su dolor así deberían entenderlo, comprendiendo también con esa misma claridad que esta es una gran oportunidad de reconstruir su país. La pregunta es muy sencilla, ¿cómo invertir toda la ayuda recibida?, entendiendo por ayuda lo tangible e intangible, económico y no económico, el apoyo con recursos humanos o con insumos, pero la respuesta encierra connotaciones emocionales, espirituales, psicológicas y de valores principalmente.

La evaluación debe ser rauda, por lo pronto hay objetivos inmediatos que hay que cumplir, como el garantizar la alimentación colectiva, el funcionamiento de centros de salud y brindar condiciones mínimas de seguridad ciudadana. Pero hay objetivos que son a mediano y largo plazo, para los cuales hay que mirar por encima del horizonte inmediato y garantizar proyectos que ayuden a la reconstrucción integral de Haití. Garantizar alimentación y salud es sólo el primer paso, estas acciones deben estar seguidas por la dotación de viviendas salubres, la activación del sistema educativo y el intercambio comercial. Todas estas acciones generarán un efecto perverso si no son acompañadas de una fuerte inversión en el aparato productivo. La gente se acostumbrará a recibir comida y servicios gratis y los niños crecerán extendiendo la mano, este escenario no es necesariamente obligatorio.

La verdadera colaboración será la que se consiga a favor de la creación de fuentes de empleo sostenibles y la construcción de un aparato productivo en el que se pueda basar la nueva Haití. El insertar a Haití en el espectacular circuito turístico del Caribe, compuesto por las Bahamas, Cuba, Jamaica, Santa Marta, Cartagena de Indias, debe ser un objetivo de largo plazo, lograr el asentamiento de las grandes navieras que transportan productos del Atlántico al Pacífico debe ser otro, pero quizás el más importante será el apostar por sus potencialidades, recursos humanos, agrícolas y naturales objetivos, que no solamente creará fuentes de empleo sostenibles, sino que podría insertarlos en un mercado internacional favorecido por la cercanía del puerto más importante de Latinoamérica y el Caribe, como es el Puerto Colón de Panamá, que mueve más de 2.5 millones de contenedores al año.

En este proceso de recuperación es importante que las decisiones sean acertadas, que se entienda que la reconstrucción de Puerto Príncipe sin duda es un proceso que durará más de una década y que el convivir entre ruinas, no solamente es insalubre sino que causa depresión colectiva y traumas. Trasladar la capital a otro lugar es una alternativa que se la debe plantear en términos psicológicos, pero también económicos, un nuevo Puerto Príncipe no solo ahorraría tiempo y dinero, sino que haría que este proceso sea menos doloroso, se crearía fuentes de empleo en un escenario menos agresivo, efecto que las futuras generaciones podrían agradecer. Asimismo se podría construir espacios pensados en los emprendimientos del futuro, muy acordes con las políticas y estrategias de desarrollo de los próximos 20 años.

Este nuevo Puerto Príncipe podría aprovechar su ubicación geográfica para generar alternativas provisorias de vivienda e instalaciones de salud y educación. En la actualidad el 90% del comercio internacional, en términos de volumen, se mueve por el transporte marítimo, se estima que en el 2012 el tráfico mundial de contenedores será de 491 millones de TEUs (acrónimo del término en inglés Twenty-foot Equivalent Unit), si acomodáramos uno al lado de otro ocuparían la misma superficie que toda la isla de Puerto Rico. En el caso del Caribe los puertos más importantes: Colón de Panamá, Kingston de Jamaica y Free Port de las Bahamas, todos muy vecinos a Haití, transportan entre los tres, más de diez millones de contenedores de 20” o TEUs anualmente. Considerando que la vida útil de un contenedor varía entre los 7 y 14 anos, existe un número importante de contenedores que son desechados anualmente, inservibles para el transporte marítimo, pero muy convenientes para la reutilización, por ejemplo en viviendas, centros de salud, educación, oficinas, etc., de forma provisional o definitiva, según el diseño.

Esta idea no es nueva, se la viene experimentando desde hace unas dos décadas, lo novedoso de acondicionar contenedores para viviendas en Puerto Príncipe es que se podría solucionar el problema de vivienda de todos los damnificados de Haití en los próximos 25 días, principalmente por la proximidad de los puertos mencionados y las grandes navieras asentadas en todo el Caribe. Lo importante sería lograr acuerdos de cooperación con los gobiernos y las navieras para lograr la donación de contenedores en desuso. Su instalación tardaría lo mismo que tarda una grúa en estibar los contenedores en un buque y su acondicionamiento se podría realizar de forma masiva in situ. Por el diseño de su estructura son bloques antisísmicos 100%, lo cual garantiza la integridad de los habitantes en caso de replicas o sismos. Se podría ensamblar barrios enteros con todos los servicios en cuestión de semanas, proporcionando plazos razonables para la reconstrucción de Puerto Príncipe o el traslado de Puerto Príncipe a otro lugar de Haití.

Por lo pronto le transmito al pueblo haitiano que crisis, en otras latitudes, significa oportunidad y que la pobreza no necesariamente tiene que ser hereditaria.

 


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