Chile no cambia y sigue el enclaustramiento boliviano
Aldo Luna Maceda
Las declaraciones altisonantes de los candidatos chilenos, para acceder al Gobierno en próximas elecciones, son ofensivas y humillantes para los bolivianos, cuando se manifiesta que “Chile nunca dará mar a Bolivia y menos con soberanía, porque esos territorios fueron conquistados con una guerra y así se va a mantener, porque es un derecho de conquista”. Esta para Bolivia es una realidad lacerante y dramática, porque se advierte una vez más una línea conservadora y dura, mantenida a través de diversos gobiernos, sean de derecha o izquierda, corroborando esta verdad la conducta de la Presidenta chilena y sus acercamientos demagógicos para tratar de sorprender a la Cancillería boliviana, apelando a la ingenuidad de sus miembros.
A Chile sólo le interesan las aguas del Silala, vitales para su territorio, que en la mayor parte es desértico, sin fuentes de agua potable. Las minas de cobre de Chuquicamata funcionan gracias a la captación clandestina que hace Chile, a través de acueductos, de las aguas del Silala y por las cuales hasta ahora no ha pagado. Pero hace negociaciones interesadas para pagar sólo el 50%, con reconocimiento indirecto de derecho propietario, aunque Bolivia es propietaria del cien por ciento de esas aguas, porque se originan en territorio boliviano, no siendo un río internacional, al contrario de lo que alegan los chilenos.
En cuanto al reconocimiento del pago por el uso del líquido elemento desde 1884, sumando 900 millones de dólares, los chilenos soslayan el problema y sólo quieren pagar 50% a partir de la firma de un documento de partes. Las negociaciones efectuadas entre Chile y Bolivia pecan de ilegalidad, por no haberse resuelto la reanudación de relaciones diplomáticas a nivel de embajadores, siendo la causa del rompimiento el desvío de las aguas del río Lauca, por lo que actualmente las relaciones son a nivel de consulados. Por ello cualquier posibilidad de arreglo sobre el tema del Silala debe ser refrendado por los Parlamentos respectivos antes de una firma de convenio.
De la agenda de 13 puntos que Chile negocia con Bolivia, lo que le interesa especialmente es el agua y el incremento de las negociaciones comerciales y económicas, sin tocar el problema marítimo de Bolivia y recurriendo a pretextos pueriles. La Cancillería boliviana tiene que defender la posición del país, ya que en esa forma se ha avanzado poco, por la política dilatoria mapochina. El Gobierno debe convencerse de que Chile no va a ceder una salida al mar y es urgente que a partir del 6 de diciembre con un nuevo Canciller, nuestro país cambie de estrategia política para forzar a que los chilenos reconsideren su posición intransigente. Este cambio es vital para los bolivianos.
Está comprobado que las negociaciones bilaterales hechas hasta ahora perjudican al país, porque Chile mañosamente no acepta que otros estados intervengan. Es hora para que Bolivia decida denunciar el tratado de 1904 por serle lesivo, porque se le obligó por las armas a no tener derecho a reclamar los territorios arrebatados en una guerra injusta, lo que atenta contra las normas del Derecho Internacional. La Multilateralidad nos permitiría reclamar con derecho en instituciones internacionales como la OEA, ONU y con grandes posibilidades de mediación del Vaticano y finalmente reclamar al Tribunal Internacional de la Haya, como lo hizo el Perú por límites marítimos.
El gobierno izquierdista de Bolivia podría exponer el problema marítimo en los organismos del ALBA y UNASUR, todo vale para presionar a los chilenos, pues en estos tiempos no puede haber una política de conquista propia del medievo. Bolivia tiene necesidad de tener un acceso al mar, por lo menos de 50 kilómetros, para su comercio exterior, no se puede depender de puertos chilenos como Iquique y Arica porque los fletes y aranceles, por depósitos de mercaderías, son caros, por la vigencia del Tratado de 1904, que ya es obsoleto, por la vigencia de los Derechos humanos, de un país encerrado entre montañas y que clama justicia internacional.