Lo que es necesario saber sobre el narcotráfico
Remy Solares Angulo
Como es sabido, sobre la base del hecho objetivo de que Bolivia desde hace muchos años se ha convertido en una de las principales fuentes de provisión de cocaína a los mercados mundiales y debido a que cientos de bolivianos se han visto involucrados en distintos niveles como fabricantes y comercializadores de cocaína, el país ha sido presentado como una especie de réprobo internacional. Inclusive los bolivianos que viajan al exterior, cualquiera sea su sexo y condición, son objeto de un trato discriminatorio y vejatorio de seguridad, asumiéndose que todos ellos son narcotraficantes.
Desde luego, las agencias internacionales de noticias difunden una visión unilateral del problema, desde el punto de vista de las naciones industrializadas afectadas por el tráfico de cocaína proveniente de Bolivia, sin intentar ubicar a sus lectores en la realidad multifacética del subdesarrollo y la dependencia boliviana, dentro de cuyo contexto bajo inducción extranjera, se ha desarrollado el fenómeno del narcotráfico.
Es evidente que este problema ha afectado gravemente la imagen y las relaciones internacionales del país. Pero será bueno mostrar los factores tanto externos como internos por lo que el exceso del cultivo de la coca en Bolivia ha llegado a preocupar justificadamente a los gobiernos de las naciones industrializadas consumidoras de cocaína. Sobre todo se demuestra que Bolivia como país queda también gravemente afectada por la extensión del narcotráfico y contrariamente a lo que hasta ahora se ha supuesto, se puede resolver el problema en un tiempo racional, a condición de que la comunidad internacional, los países consumidores, modifiquen radicalmente la conducta que hasta ahora tiene respecto a Bolivia. Lo cierto es que hasta el presente, el mundo exterior afectado por el creciente flujo de cocaína boliviana ha actuado con increíble parsimonia y hasta desaprensión en contra de su propio interés, pretendiendo que nuestro país resuelva por sí solo el problema, cuando la solución será posible con financiamiento y ayuda técnica adecuada, sincera (sin intromisión en la política interna nacional).
Es cierto también que la mayor parte de las ganancias ilegales percibidas por la mafia boliviana de la cocaína se ha invertido en el exterior. En cuanto a la invertida en el país, está lejos de ser benéfica, puesto que al servir para satisfacer el consumo suntuario de los diversos escalones mafiosos ha representado un factor acelerador del proceso inflacionario, con perjuicio a los intereses de la mayoría de la población, además de haber constituido el medio para llevar la corrupción a niveles que en el pasado eran inconcebibles.
Consiguientemente, el incremento del cultivo de coca y la subsiguiente elaboración de cocaína han respondido en Bolivia a la influencia de factores externos, ajenos a la realidad nacional.
Por ello, aparentemente, mientras subsista la demanda de cocaína por parte de las sociedades industrializadas, subsistiría y se incrementaría la oferta de la cocaína. Hasta la fecha, la responsabilidad se ha hecho recaer en Bolivia. Es importante demandar que la comunidad internacional desempeñe el papel que hasta ahora no ha querido jugar.